Miércoles 11 de Diciembre, 2019 - México / España
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Cuarta Transformación. Modelo para armar



Cuida lo que deseas porque se te puede cumplir. Los ciudadanos votaron el primero de julio por un cambio profundo, real. Tomaron un riesgo. No quisieron un cambio cosmético, superficial, de cambio de sillas entre los mismos hombres de poder. Votaron por una baraja distinta, una alineación diferente, otra forma de abordar la realidad nacional.

Enojados e indignados por los continuos casos de corrupción y por la espiral de violencia e inseguridad, los ciudadanos decidieron que era el momento de darle la estafeta a López Obrador. El tabasqueño recibió más de 30 millones de votos, lo que supone, nos guste o no nos guste, el regreso a los tiempos de una Presidencia sin contrapesos, una anomalía democrática. Volver a las épocas de Luis Echeverría o de López Portillo.

Para colmo de males, la oposición formal, la partidista, todavía sigue aturdida por la paliza que le dieron el día de las elecciones. Los dejaron en la lona. PRD está prácticamente en proceso de extinción, en el PAN siguen los ajustes de cuentas y el PRI está aguardando la salida de Peña Nieto para empezar una lucha intestina que puede ser letal.

No hay contrapesos tampoco en los medios de comunicación. Dueños y directivos tienen desde julio un ataque de pánico y no quieren enemistarse con los nuevos hombres del poder. Los empresarios están asustados, enojados y divididos. Astuto, AMLO ha ido captándolos uno por uno, por fuera de los organismos que los congregan. Para el Presidente Electo lo ideal es terminar con el CCE y con el Consejo México de Negocios y poder hablar por separado o en grupos muy pequeños con ellos para irlos convenciendo de las bondades de la Cuarta Transformación. Ha conseguido avances notables.

Personajes de la IP del calibre de Slim, Alemán, Azcárraga, Vásquez Raña y Ricardo Salinas, entre otros, ya dieron su bracito a torcer. A ellos, a los empresarios de ese rango, les tiene sin cuidado el apellido de quien ocupe la Presidencia, lo que quieren es proteger sus negocios y, de ser posible, incrementarlos y saben que para que eso ocurra tienen que acercarse al mandamás en turno, sin importar si se apellida Calderón, Peña o López Obrador. Varios de ellos aparecían a cada rato en la lista de la mafia del poder, fueron por años los malos del cuento.

Dice la leyenda incluso que AMLO perdió la elección presidencial del 2006 durante una velada áspera en Valle de Bravo con el cuerpo directivo de Televisa. Eso fue antes, ahora AMLO y Azcárraga andan a partir un turrón. Claro que esto causa desconcierto entre muchos de los seguidores de AMLO, al que antes le llamaban El Peje, y ahora hay que decirle Presidente Electo. Pero desconcertar ha sido la marca de la casa en este larguísimo periodo de transición que ahora sí está a punto de llegar a su final. Un claro ejemplo del desconcierto es la propuesta del Presidente Electo sobre seguridad y su afirmación de que él nunca dijo que los soldados y marinos deberían regresar de inmediato a los cuarteles. Lo dijo y fue una de las banderas de su exitosa campaña.

Sus seguidores no saben bien a bien qué está pasando, porque incluso para los más entusiastas han estado muy duros los bandazos. La Cuarta Transformación es un modelo para armar. Todavía nadie sabe bien a bien en qué terminará.  Sólo se sabe que habrá un Presidente con un poder enorme, sin contrapesos, que tiene un proyecto de nación confuso, por decir lo menos.

 


jasaicamacho@yahoo.com
@soycamachojuan

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