Domingo 15 de Diciembre, 2019 - México / España
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Chilangos al grito de guerra



El Distrito Federal está preparado para resistir el encontronazo entre perredistas y morenos?

El duelo hará que retiemble en sus centros la tierra de la capital. Se perfila para ser una lucha en la que se vale todo, pero que sí tiene un límite de tiempo: el 2018. Los morenos tienen como objetivo central de su existencia como partido político, tomar por asalto el Palacio del Ayuntamiento justo ese año. A juzgar por lo que sucedió en la elección del pasado 7 de junio pueden conseguirlo. Ya hasta tienen un candidato auto destapado, el delegado electo en Cuauhtémoc, que ni siquiera es chilango sino zacatecano: Ricardo Monreal. Es un costal de mañas, no entiende el significado de la palabra “escrúpulos” y miente con aplomo y una sonrisa en los labios. En suma, es un político de grandes ligas. Su misión como delegado será hacerle la vida de cuadritos al jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, salir todos los días en los periódicos y sacarle provecho a las divisiones sin fin y traiciones evidentes al interior del PRD, partido que parece no ha detectado que tiene una herida que podría transformarlo en franquicia irrelevante.

Monreal y Obrador quieren hacer en el Distrito Federal una carambola de dos bandas: ganar la ciudad y sacar a Mancera de la contienda, de manera que el tabasqueño llegue al 2018 como única figura viable de la izquierda. Esa es la jugada. Que lo consigan o no depende de que los perredistas se pongan las pilas y asuman que se están jugando su supervivencia. Suena exagerado, pero no lo es. ¿Qué hacer? Tienen dos asignaturas pendientes. Lo primero para los Chuchos es reconocer que el cachondeo entre las tribus en un método político que colapsó hace mucho. Repartirse el botín y dejar que todos hagan lo que se les pega la gana los tiene al borde del precipicio. Los perredistas han tenido gobiernos entre pésimos y catastróficos en muchas delegaciones de la ciudad, donde lo único notable, lo único que sobresale, ha sido la habilidad del delegado o delegada en turno para meter a la nómina a familiares, queridas, queridos, compadres y hacer todos las corruptelas habidas y por haber, chiquitas, medianas, grandes y colosales. Las cuotas de la informalidad en todas sus presentaciones han fraguado fortunas vergonzosas. No dudo que haya excepciones. Yo no las conozco, ¿las conoce el amable lector?

El crecimiento exponencial del narco menudeo en la capital, germen de los episodios de violencia que ya vimos y veremos, es un tache gigante para las administraciones del PRD. El voto de castigo era esperado. Lo malo, me parece, es que los beneficiarios del cambio de parecer de los votantes hayan sido los candidatos de Morena, que hasta hace muy pocos meses eran todos perredistas. Perredistas y morenos salieron del mismo costal. No es por quitarles la ilusión pero son como dos gotas de agua puerca idénticas. Son como esos parientes que se odian, pero eso no evita que lleven la misma sangre. Hay un riesgo de parálisis, de jaloneos sin fin, que afecten servicios, políticas públicas, aprobación de presupuesto.

La segunda asignatura pendiente para los perredistas es que blinden a Miguel Ángel Mancera que es, aunque el jefe de gobierno no sea en rigor un militante del PRD, el único activo que le queda al sol azteca en el Distrito Federal. Si no le ponen un cerco de protección la jauría de Morena lo puede hacer añicos en pocos meses y entonces sí, se les vendrá la noche encima. ¿El Distrito Federal está preparado para resistir el encontronazo? ¿Usted, qué piensa?

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