Jueves 12 de Diciembre, 2019 - México / España
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Sheinbaum y los anarco conservadores


En la Ciudad de México el caos es reaccionario. Para ser una metrópoli progresista, de avanzada, necesita un principio de orden. Esto no incluye represión policiaca, sangre en las calles, ni regreso a los regímenes autoritarios de Corona del Rosal o Martínez Domínguez al frente del Departamento del Distrito Federal. Nada de eso. Las cosas han cambiado. No se añora la mano dura, lo que se echa de menos, y mucho, es la aplicación  de la ley.

Tengo la certeza de que entre la represión y el vandalismo hay un gran espacio en el que la autoridad puede actuar, tiene la obligación de hacerlo. Para eso está. No soslayo que en la formación política de Claudia  Sheinbaum en la lucha universitaria, las marchas y mítines tuvieron un papel central. Ignoro si alguna vez fue reprimida por expresar a gritos o con pancartas sus ideas, pero si algún policía la detuvo por asaltar un comercio, entonces no la reprimieron, le  aplicaron la ley por cometer un delito. Detener a una persona que está cometiendo un delito a la vista de todos no supone encerrarla en un mazmorra de la Federal de Seguridad, ni torturarla. Aplicar  la  ley no significa, para decirlo de una vez, criminalizar la protesta.

Hay en todo el mundo prácticas policiacas que permiten una detención para levantar cargos y presentar al delincuente ante a un juez sin poner en riesgo su vida ni nada por el estilo. Represión o libertinaje es un falso dilema que esconde una falta grave: que la autoridad no cumpla con su responsabilidad. El ejemplo de lo ocurrido en la marcha por los 5 años de Ayotzinapa es útil. Apuesto doble contra sencillo de que todo mundo en el entorno de Claudia, donde hay personas listas, estaba al tanto de la posibilidad de que un grupo de autollamados anarquistas, que actúan casi todos encapuchados, intentaría reventar la marcha y ocasionar destrozos. Estaba cantado. No fue una sorpresa, es una tradición maligna.

Las autoridades resolvieron dejarlos delinquir y actuar como si ellas, las autoridades, estuvieran pintadas. Repito nadie habla de dispararles, lastimarlos, violar sus derechos humanos, no es eso, pero si le están prendiendo fuego a una librería tienen que responder por eso. Los pueden detener en el momento, seguirlos de cerca y detenerlos después, seguirlos hasta su casa y atraparlos ahí. Se pueden hacer muchas cosas que no sea dejar que se salgan con la suya. La impunidad llama a la repetición, es casi una ley física.

El viernes afiliados al SME se dieron con todo en su local de Insurgentes y el sábado encapuchadas pirómanas hicieron de las suyas. La policía estaba franca porque  no se le vio. La ciudad tiene el derecho de conocer quiénes son los encapuchados, quién los patrocina. Quitarles la capucha puede incluso ser muy útil para Claudia y para los mandos policiacos. Qué tal si son bandas precaristas financiadas por el PRI, o golpeadores al servicio del PRD, o tal vez sólo sean chamacos que suponen que son anarquistas cuando en realidad están mucho más cerca del fascismo.

El 2 de Octubre está a la vuelta de la esquina. Las autoridades de la ciudad tienen la responsabilidad de mostrar que algo han aprendido. Las agresiones subirán de tono mientras la policía no haga su trabajo. ¿Qué tal si los dueños de los comercios vandalizados quieren hacerse justicia por propia mano? ¿Aguardarán hasta que los comerciantes el centro formen un grupo de autodefensa? Vivir en una ciudad progresista y de libertades es una aspiración compartida. El caos, repito, es reaccionario.

 

Jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan