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PRI. telepatía vs. democracia



Cuenta la leyenda que en uno de los varios destapes presidenciales en los que participó durante al antiguo régimen, don Fidel Velásquez, líder de la CTM, respondió, cuando el entonces Presidente de la República le reveló el nombre del ungido a quien debía apoyar: “nos leyó el pensamiento, señor Presidente”.

Una joya imborrable del cinismo tricolor, o tal vez una manera de poner en evidencia una de las tantas facultades metaconstitucionales de los presidentes emanados del PRI: la telepatía. Porque han pasado los años, el PRI perdió la presidencia, vagó durante largos doce años en el limbo de la oposición, regresó a Los Pinos y al parecer el presidente, en este caso Peña Nieto, conserva la facultad de adivinar lo que piensan los dirigentes de su partido.

Un día, hace poco, se dio un anuncio sorpresivo. Enrique Ochoa, director general de la Comisión Federal de Electricidad, era la carta de Los Pinos para ocupar el puesto que dejó vacante Manlio Fabio Beltrones, quien presentó su renuncia como resultado de los reveses electorales del pasado 5 de junio. Las carreras de Ochoa y Manlio son diametralmente opuestas. El sonorense arribó a la dirigencia del partido después de haber sido diputado local, diputado federal, senador de la República, gobernador de su estado. Después de haber presidido ambas cámaras y ocupar cargos importantes en la administración pública, como la subsecretaría de Gobernación.

Un tecnócrata de élite.- Por su parte, Ochoa nunca ha ocupado un puesto de elección popular, lo que es una irregularidad tronante. Es, eso sí, un académico de altos vuelos, con entorchados de universidades de prestigio. Un tecnócrata de élite. Puede usted apostar, amigo lector, que la mayoría de los ciudadanos que votaron por el PRI en la última elección desconoce su nombre, a pesar de que hoy mismo arranca la parte final de su designación como nuevo dirigente nacional del partido en el poder. La aparición de su nombre en las redes fue una sorpresa mayúscula.

A pesar de todo lo anterior, parece que el presidente Peña y el infatigable Luis Videgaray, que está detrás de la jugada, le leyeron la mente a la cúpula del tricolor, que ha ido descubriendo en Ochoa un montón de cualidades que lo hacen el líder idóneo. Es rarísimo que no se les hubiera ocurrido a ellos mismos proponerlo. De seguro es un hombre brillante, pero lanzarlo a la dirigencia nacional en un partido donde hay docenas de aspirantes con experiencia exige una sobredosis de disciplina de gente que tiene que decir hoy que Ochoa es lo mejor que le pudo pasar al tricolor. Tal vez pueda entregar buenas cuentas, pero lo cierto, lo indiscutible, es que la forma en la que accede a la oficina principal del tricolor recuerda los tiempos del PRI de antes de la transición, o incluso ni eso. Los políticos que llegaban al PRI coronaban su carrera, no la comenzaban ahí, pero en fin.

Peña-Videgaray.- ¿Qué se puede esperar del nombramiento de Ochoa? Que de aquí a la elección presidencial del 2018, el partido se manejará directamente por el dueto Peña-Videgaray. Así arrancó el sexenio y así terminará. Lo que quieren es poner manos a la obra para sacar con banderas desplegadas la elección del 2017 en el Estado de México, aunque también cuentan Coahuila y Nayarit. ¿Significa esto que Videgaray manejará su propio destape presidencial? No necesariamente, aunque sí se establece como el funcionario, más allá del presidente Peña, que decidirá el rumbo al interior del PRI. Después de todo tienen un montón de cualidades, entre ellas la telepatía. Un lector de mentes.

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