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Michoacán: acto de contrición colectivo



El gobierno federal y los grupos de autodefensa preparan el asalto final en contra de Los Caballeros Templarios, la organización criminal que torturó a los michoacanos, con la complicidad de funcionarios locales, en la última década. El apartado final de esta historia será la ejecución o captura de Servando Gómez La Tuta, único de los jefes que sigue libre, aunque está a salto de mata, pues su círculo de protección se fracturó y tiene los días contados. Veremos si La Tuta cae enfrentándose a las fuerzas federales o si se entrega para salvar el pellejo y buscar una negociación con el gobierno. Lo que se asegura allá es que está escondido en las cuevas o cavernas que hay en las inmediaciones de Tumbiscatío. Ya no queda nada del bravucón ese de los videos, ahora es un pollito en fuga. A estas alturas ya sabe que la información sobre sus cómplices en la política es valiosa y puede servirle para tener una condena piadosa. No hay que olvidar que este sujeto está detrás de los asesinatos de policías federales, por lo que se trata de uno de los principales enemigos del Estado mexicano.

Que caiga el capo sacará el tema de Michoacán de las primeras planas, pero la reconstrucción de las instituciones locales y del tejido social apenas está en su etapa inicial. Como quedó dicho en el primer renglón, los que cierran el círculo en torno a La Tuta son fuerzas federales y autodefensas, no policías del estado, pues éstos traicionaron a la gente y se pasaron al bando de la delincuencia. Muchos políticos michoacanos de la presente y de las pasadas administraciones hicieron lo mismo. Si se confirma que el video en el que se ve un señor que se parece mucho a La Tuta platicando con otro señor que se parece a Jesús Reyna, una densa niebla de vergüenza habrán caído sobre las instituciones de un estado como Michoacán que, hay que decirlo aunque lastime, se dobló ante el crimen. Lo hicieron en los pequeños municipios serranos, pero también en Morelia, orgullosa joya de la arquitectura virreinal, que atraviesa por uno de los momentos más sombríos de su historia.

Que la cúpula de Los Caballeros Templarios desaparezca de la tierra no supone que la rabia termina, ya que obtuvieron, mientras operaron, un colosal triunfo cultural: imponer la ilegalidad como método de convivencia. La venta ilegal de drogas es un caso obvio, pero la compra venta de minerales y de madera, las minas y los aserraderos, también lo son. La sociedad michoacana se manchó las manos. Procede un acto de contrición colectivo. Todos sabían, muchos le entraron, los demás voltearon para otro lado. Si las fuerzas federales se van antes de tiempo, si no se consigue el desarme de las autodefensas, en pocas semanas otro grupo delictivo proveniente de Jalisco o de Guerrero y se apoderará de la plaza.

No hay policías municipales ni estatales dignas de ese nombre. Reconstruir cuerpos de seguridad confiables es el primer paso. Suena a sueño guajiro, pero sí se puede. En Nuevo León se pudo. Costó dinero y trabajo pero se pudo. La comunidad empresarial y el gobierno estatal tomaron una decisión histórica: no le entregarían el estado a los cárteles. No digo que no haya problemas de seguridad en Nuevo León, nadie lo puede decir, pero la correlación de fuerzas cambió y hay un cuerpo policiaco que se ganó en pocos meses el respeto y la solidaridad de la gente. En Michoacán se pudiera hacer algo parecido si la gente está decidida a rescatar su estado. Es obvio que no hay, ni de lejos, el mismo dinero, pero sí hay una voluntad similar se pueden lograr buenos resultados.

¿Qué están dispuestos a hacer los michoacanos por recuperar a su estado?

@juan_asai

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