Sábado 07 de Diciembre, 2019 - México / España
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El juego (perverso) de las consultas



El Presidente Electo se ensaña. Se regodea. Ni la burla perdona. Después del simulacro de consulta sobre el nuevo aeropuerto, uno de los personajes más relevantes de la estructura de Morena, Mario Delgado, que es líder de la fracción parlamentaria en San Lázaro, aseguró que no habría más consultas fuera de la ley. De seguro lo dijo sin consultar a su jefe, acaso pensó que no era necesario pues se trataba de algo de sentido común. Se equivocó.

Al analizar la barbaridad de la consulta sobre el aeropuerto, analistas que suelen estar bien informados, dijeron que en realidad se trataba de un mensaje subliminal. Lo que el Presidente Electo quería al acabar con el proyecto Texcoco, que ya tiene un 30 por ciento de avance, era mandar un mensaje: el poder político estará por encima del económico y los empresarios no tienen ya el poder de intimidar al Presidente, pues él no quiere la silla para ser millonario sino para ser Juárez o, pensándolo mejor, Morelos, pues acaba de decir que él ya no es él, es un siervo de la Nación.

Desde mi punto de vista el mensaje quedó clarísimo y no era necesario repetirlo, pero él piensa diferente. Anunció más consultas para los próximos días, como la del Tren Maya.

Se  realizarán, dijo, con el mismo modelo que la del aeropuerto. Eso ya era suficiente sadismo, pero fue por más. Al mismo tiempo que daba las fechas de la consulta, dio a conocer la fecha de inicio de las obras de construcción del Tren. El anuncio se convirtió en burla.

Lo malo es que la gente implicada en el proyecto, incluidos los gobernadores de los estados por donde pasará el tren, han tenido un ataque colectivo de pánico y no se atreven a pedir una explicación de las incongruencias por miedo a caer de la gracia del hombre fuerte del país que, como sabemos, es rencoroso y no olvida a quien se atreve a corregirlo.

De modo que las consultas van porque además del Tren Maya también se consultará sobre las nuevas refinerías, un tema que uno supondría deberían resolver especialistas, pero no, el pueblo mexicano ha resultado una verdadera fiera. No sólo sabe de aeronáutica sino también domina los recovecos de la industria petrolera.

¿Una vez que concluya la siguiente ronda de consultas fuera de la ley, el Presidente Electo pensará que, ahora sí, el mensaje de que él manda quedó claro? Hay quien dice que así se irá varios años más y que cerca del final formal de su sexenio organizará otra de sus consultas para decidir si cambia la Constitución para permitir la reelección presidencial y quedarse de manera indefinida en Palacio Nacional porque el pueblo así lo quiere y el pueblo es sabio y no se equivoca.

Lo más nocivo de las consultas a modo, por capricho, es que inhiben debates que deberían de darse, por ejemplo con respecto al Tren Maya y su forma de financiarlo o de construir refinerías en la recta final de la era de los combustibles fósiles. Las consultas reducen el debate a una división absurda entre chairos y fifís, entre los que adoran a AMLO y quienes lo alucinan. No hay punto medio para un debate inteligente. Estoy a favor de la construcción del Tren Maya, que puede marcar un cambio de época en el sureste del país, pero estoy en contra de que el Presidente Electo se ensañe con los ciudadanos y los someta a sus caprichos.


jasaicamacho@yahoo.com
@soycamachojuan

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