Sábado 07 de Diciembre, 2019 - México / España
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Osorio Chong, a desquitar el sueldo



Las ventanillas.- La revuelta encabezada por la CNTE es un problema de gobernabilidad. Es una ofensiva en contra de las instituciones nacionales. Es un operativo de desestabilización. Por lo tanto, corresponde atenderlo a la Secretaría de Gobernación, no a la SEP. El responsable es Osorio Chong, no Aurelio Nuño. Está clarísimo desde hace varias semanas que el grueso de las personas que participan en las movilizaciones, los que bloquean carreteras, vandalizan comercios, roban camiones repartidores, agreden a los policías, no son maestros. Pertenecen, según han dicho autoridades estatales, a grupos radicales. Ahí puede haber de todo, sin exagerar. Activistas, estudiantes, comerciantes, incluso guerrilleros o agentes de la CIA. Es un saco enorme. Desde luego esto lo sabía el gobierno federal, de manera que es lógico que el problema se procese en la ventanilla de la Secretaría de Gobernación y en los gobiernos estatales. Debió hacerse desde hace días.

Aurelio Nuño no tiene herramientas ni atribuciones para identificar a los “infiltrados” que hicieron fuego en Nochixtlán. No tiene autoridad para hacer pruebas de rodizonato, ni tiene mando para investigar a los policías federales. El secretario de Gobernación sí. Que Osorio Chong se haya mantenido a la sombra y hasta hoy se ubique bajo los reflectores es una irregularidad enorme que sólo tiene una explicación: dejar que el costo político del conflicto le cayera encima al titular de Educación Pública para sacarlo de la contienda presidencial del 2018. Una jugada palaciega de baja estofa.

Cabe ir más lejos, Nuño no tiene autoridad para negociar la reforma educativa. Lo único que sí puede y debe es instrumentarla, llevarla a la práctica. Los maestros de la CNTE están en su derecho de rechazar la reforma educativa, lo que tienen que hacer es dar la batalla donde se hacen las leyes, o sea en el Congreso. La reforma se votó mayoritariamente por los partidos representados en el Congreso. Ahí puede ser revertida. Claro que hay que juntar los votos suficientes. Así funciona la democracia. Los legisladores son los representantes populares.

Adiós a la reforma educativa.- Hagamos un ejercicio de imaginación. Digamos que en el 2018 ganan la elección las fuerzas contrarias a la reforma educativa, comenzando por Morena; el partido escriturado a favor de López Obrador llega a Los Pinos y sus legisladores son fuerza hegemónica en el Congreso y quieren regresar el tiempo y que Rubén Núñez sea el hombre de la educación en Oaxaca. Pues se vota, se revierte y adiós a la reforma educativa y bienvenida la involución. Aurelio Nuño no puede revertir la reforma educativa porque ya está en la ley y un funcionario no puede violar la ley. De hecho el gobierno no puede negociar la ley. O al menos, no debe.

Ayudaría mucho a la solución del conflicto que cada parte hiciera lo suyo. Comenzando por los policías federales que tienen que enfrentar las consecuencias de los actos. Si mataron sin que su vida estuviera en peligro que sean juzgados. Si en verdad hay infiltrados, por ejemplo gente del EPR, que los muestren. Los maestros de la CNTE no pueden cometer delitos y salirse con la suya. No pueden asfixiar a Oaxaca y no atenerse a las consecuencias. El secretario de Educación, no puede hacer la chamba del secretario de Gobernación ni del gobernador de Oaxaca o de Chiapas.

 

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