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2018. Meade vs. AMLO



Aunque en las encuestas de preferencias electorales está hoy en un lejano tercer lugar, en el PRI hay confianza de que podrán retener el gobierno federal en la elección del primer domingo de julio del 2018. La condición es que el escenario político plantee el siguiente dilema: José Antonio Meade o Andrés Manuel López Obrador.

Quieren enfrentar a los ciudadanos, pero especialmente a los grupos de poder real, incluyo aquí al gobierno y el establishment gringo, al siguiente dilema: la certidumbre de un servidor público de altos vuelos sin partido, o el político tabasqueño que personifica una opción de cambio real, aunque sin rumbo claro, que puede ser una alternativa de redención para la población mayoritaria, urgida de otro menú. Su riesgo es la caída del país en el tobogán del populismo que ha llevado a Venezuela a un callejón sin salida.

Para consolidar este escenario todavía deben pasar muchas cosas. La primera es que en verdad el PRI, o sea Peña Nieto, se decante a favor de Meade, que ya tenía una carrera política exitosa antes de que el mexiquense compitiera por la Presidencia. No se dice con la frecuencia debida, pero Meade era secretario Hacienda del gobierno panista de Felipe Calderón, cuando Peña quería sacar al PAN de Los Pinos. Esto quiere decir que Meade le deberá, llegado el momento, la candidatura a Peña, pero no le debe su carrera política que ya había alcanzado alto nivel antes del regreso de los priistas. De hecho, eso, no ser priista, es una de las fortalezas de José Antonio.

Su eventual candidatura es parte de un operativo ideado por Luis Videgaray que incluyó mandar al PRI a un cuadro de su equipo, Enrique Ochoa, que llegó a la presidencia de tricolor sin la más mínima experiencia político-electoral. Se notó. El operativo pareció naufragar porque Videgaray salió un tiempo del gobierno federal y regresó a la cancillería. Gracias a su buen trabajo en Washington y a que Trump ha resultado muy disparatado, Videgaray pudo retomar los hilos y poner otra vez en la pelea a Meade, del que es amigo desde la adolescencia.

Peña tiene otras tres opciones, no más. La primera es Aurelio Nuño, que fue jefe de la oficina de la Presidencia, muy cercano a su ánimo, lo que según se vio en el Edomex no es necesariamente favorable. También está el doctor José Narro, que sería muy buen candidato y mejor presidente. El otro sería Miguel Ángel Osorio, titular de Gobernación. Añadir otra opción a estas alturas sería muy arriesgado. Lo que sí procedería sería tener listo el revelo en la dirigencia nacional del PRI, pues Ochoa no es un líder de aceptación general sino de un segmento muy pequeño. El PRI requiere, para evitar fisuras, de un líder que garantice que todos los grupos tendrán espacios en la repartición de candidaturas, no solamente los cercanos al eje Videgaray-Meade-Ochoa.

Otra condición para construir el escenario de una contienda Meade vs. López Obrador, sería que el Frente Amplio que impulsan PAN y PRD colapsara o que los dirigentes nacionales de esos partidos cayeran en la tentación de repartirse las candidaturas: Anaya como candidato presidencial del Frente Amplio y Alejandra Barrales de candidata para Jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Lo curioso de todo esto es que también en Morena quieren un escenario Meade vs. AMLO.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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