Lunes 06 de Abril, 2020 - México / España
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¿Quién mató a Fátima?



La muerte horrenda de la niña Fátima, asesinada por dos verdugos, el neoliberalismo y la irresponsabilidad heredada por tan maléfica doctrina materialista y perversa, me recordó aquella letra  de Pete Seeger, la cual dice, entre muchos versos más*:
 
“Who killed Norma Jean?
 
I, said the City, as a civic duty,
 
I killed Norma Jean.
 
“Who saw her die?
 
I, said the Night, and a bedroom   light,
 
We saw her die…
 
“…Who’ll soon forget?
 
I, said the Page, beginning to fade,
 
I’ll be the first to forget.”
 
He hablado del neoliberalismo porque uno no puede permanecer indiferente a la enorme capacidad de diagnóstico social de nuestro Señor Presidente cuyo  talento nos ha develado el misterio mucho antes de la obra investigadora. El neoliberalismo produjo devoción enfermiza por el dinero, fuente de toda maldad codiciosa. Por eso no debemos acercarnos a la riqueza ni para cenar tamales de chipilín en el Palacio Nacional.
 
El dinero corrompe, genera egoísmo, nos aparta del bondadoso camino del amor al pueblo, al semejante, al indio, al pobre y el desvalido.
 
Por eso mataron a Fátima.
 
¿Quién la mató?, alguien cuya estirpe social está condenada a la extinción.
 
Cuando el proceso de regeneración nacional termine y vivamos todos en la plenitud y la bondad del humanismo cuyas puertas se abren ahora para asombro de la humanidad con la Cuarta Transformación, ya no habrá necesidad ni siquiera de tener policías porque los hombres y las mujeres de ese futuro edén nunca pecarán ni cometerán delitos.
 
Se acabarán los asesinatos, los feminicidios, los infanticidios; no habrá crímenes de odio, ni odio.
 
Y he referido a una canción en la pregunta abrumadora sobre quién asesinó a la niña, porque ahora los compositores, como José Alfredo Jiménez, inspiran las altas luces de la política…
 
“…Yo no tengo la desgracia de no ser hijo del pueblo…”
 
La lírica cita del arranque de esta columna fue escrita cuando Marilyn Monroe murió por un exceso de barbitúricos ingeridos, al parecer, de manera irreflexiva en uno de sus frecuentes accesos depresivos. Otros atribuyen su congestión tóxica a una mano misteriosa movida desde los más altos sillones del poder.
 
Como haya sido fue una tristeza. 
 
Más triste todavía porque en el país donde esos hechos ocurrieron, sigue imperando la ley de la selva económica. Manda Don Dinero. Y aquí ese poderoso caballero, bautizado así por don Francisco de Quevedo y Villegas, ya no tiene poder. Por decreto se ha acabado la potencia del oro. Mejor heredar pobreza y no deshonra, hemos escuchado.
 
Pero la muerte de don Dinero no resuelve ni siquiera la oferta de darle dos millones de pesos a quien delate a la mujer de cuya mano desapareció la niña asesinada. No se ofrece recompensa alguna por el nombre de quien fue omiso en el cumplimiento de sus obligaciones escolares (¡Ay!, Rosaura, ¿dónde te has metido?) y abrió las puertas del plantel como quien  deja suelta la tranca de un  corral; tampoco habrá retribución para quien delate a los ineptos del DIF quienes sabían del peligroso entorno de la niña cuando era todavía más niña y jamás pusieron un remedio ni intervinieron más allá del papeleo burocrático del chambismo.
 
Nadie reconoce una responsabilidad oficial. El gobierno no rinde cuentas. Rinde cuentos.
 
Pero le debemos dar gracias al altísimo: ya se acabó el neoliberalismo. Ya se acabó la corrupción. Pronto se acabarán el crimen y la maldad. En verdad os digo.
 
Sin embargo y mientras advienen tan dichosos tiempos, el gobierno, tan oportuno como siempre, porque en eso todos han sido idénticos, no iguales; anuncia su acuerdo con una fiscalía especializada en feminicidios.
 
“Sí, lo vemos muy bien y todo lo que se haga para conseguir la paz…”
 
El SP insistió en atender las causas de la violencia en, México, derivada de “la corrupción” solapada por mucho tiempo.
 
“Problema que se soslaya, estalla. Repito, todo esto que está sucediendo es el fruto podrido de un régimen de corrupción y privilegios (…)
 
Además, dijo, la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum “está atendiendo de manera personal el caso lamentable de la niña que perdió la vida”. No, pues ya con eso.
 
 
 
TRADUCCIÓN
 
*“¿Quién mató a Norma Jean?
 
Yo, dijo la ciudad, como un deber cívico.
 
Yo maté a Norma Jean.
 
“Quien la vio morir?
 
Yo, dijeron la noche y la lámpara del cuarto,
 
Nosotros la vimos morir…
 
“..¿Quién olvidará pronto?
 
Yo, dijo la página empezando a deslavarse,
 
Yo seré la primera en olvidar…”
 
rafael.cardona.sandoval@gmail.com
 
elcristalazouno@hotmail.com

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