Miércoles 19 de Junio, 2019 - México / España
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La calificadora “Fi-Fitch”



La reacción del Presidente de la República a la baja de la calificación de Petróleos Mexicanos por parte de Fitch Ratings, se ubica en el terreno favorito y favorable para el dogma de la Cuarta Transformación: cualquier señalamiento crítico u oposición, así sea tan simple como un cálculo del riesgo financiero, es un ataque frontal al empeño moralizante y, por tanto, a la patria renovada.

Por lo tanto es una injusticia, un demérito, una canallada. Como siempre.

Sin embargo, la mezcla de circunstancias entre los orígenes de la debacle actual de Pemex y las posibilidades de resolver tal catástrofe (a eso se refiere la calificación impugnada), le permite al Presidente confundir (como dicen en los ranchos abajeños), las preñadas con las paridas.

La batalla por la moralización de Petróleos Mexicanos, el saqueo sufrido en años anteriores, sus pecados originales, sus errores no significan nada para quien hoy califica su capacidad de pago y las insólitas condiciones de su endeudamiento.

Las razones por las cuales se ha llegado a esa circunstancia, no la modifican y son motivo para análisis de otro tipo. Las calificadoras les dicen a los inversores: tu rendimiento (ganancia), ahí es seguro o tu dinero ahí corre peligro.

No se juzga la historia ni el propósito de enmienda: se juzga la capacidad financiera. Y hoy Pemex; muy moralizado o poco moralista, no tiene una circunstancia administrativa capaz de mover el duro corazón del capital internacional:

Por eso estas palabras del Presidente, no han logrado convencer a los de la calificadora “Fi-Fitch”:

“…Sobre la calificación, yo creo que Pemex está mejor que en los últimos 30 años, porque el principal problema de Pemex era la corrupción y ya se está limpiando Pemex de corrupción. Pemex fue una empresa saqueada durante el periodo neoliberal, de las empresas más saqueadas del mundo; de las empresas con más corrupción en el mundo. Y se esmeraron estos tecnócratas corruptos en destruir a Pemex…

“…Es muy hipócrita lo que hacen estos organismos que permitieron el saqueo, que avalaron la llamada reforma energética; que sabían que no llegó la inversión extranjera y que no se incrementó la inversión en Pemex. Y que eso fue lo que produjo la caída en la producción petrolera y nunca dijeron nada; guardaron un silencio cómplice.

“Y ahora que estamos recuperando a Pemex salen con sus recomendaciones o tratando de calificar sobre el desempeño de Pemex.

“…Claro que no les gusta. Imagínense si imponen una política económica, 36 años se dedican a saquear, a robar, a empobrecer al pueblo, y luego hay un cambio, pues están molestos, inconformes y tratan de desprestigiarnos, cuando ahora México tiene mucha fortaleza por su autoridad moral en el país”.

Hasta donde se sabe las calificadoras no intervinieron en la imposición de una política. Supuestamente, creo yo, el neoliberalismo, cuya imposición fue quizá por una oleada internacional de cuya marejada las calificadoras son una minúscula pieza.

El cambio de rumbo en Pemex es, además de un imperativo moral, un desafío financiero. Y eso está siendo calificado a la baja por los mercaderes. Y lo van a seguir haciendo.

 

CRECIMIENTO.

Publica el menguado INEGI su tabla con el crecimiento nacional en los estados de la República. Hay datos normales (como el 4 por ciento de la Ciudad de México, pero algunos llamativos, como el caso de Oaxaca, con un 4.8 por ciento o el de Campeche con 4.3 por ciento.

El desarrollo de estos dos últimos estados es notable, porque (contrario a las afirmaciones de Cuadri y otros colonizados); se advierte una actividad económica sostenida y fructífera.

En Oaxaca, donde la actividad transformadora ha estado rezagada, hoy se advierten índices sensibles de aumento; y en Campeche, castigado por la crisis del petróleo, las fuentes alternativas de trabajo han permitido un crecimiento sostenido entre los más altos del país, con dimensiones similares a Aguascalientes (con todo y sus armadoras de autos) o Nuevo León con su tradicional capacidad industrial.

 

MANÍA.

Proclives como somos al culto idolátrico, ahora Yalitzia Aparicio se ha convertido en el ícono preferido de los políticamente correctos y los bien portados: diosa de la Roma y sacerdotisa de La Condesa. Al rato ni recuerdo de la pobre Frida Kahlo.

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