Domingo 17 de Noviembre, 2019 - México / España
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El bombardeo preelectoral



A pesar de la intensidad del ataque no todos parecen darse cuenta de sus consecuencias ni de la variedad de los factores en la crisis. En muchos momentos parece como si se estuviera viviendo una guerra de guerrillas, similar a los ataques del narcotráfico contra el país entero. Pero este es otro tipo de violencia.

Caen misiles con cabeza nuclear en Coahuila y revientan hasta las calificaciones internacionales de la deuda, los sabuesos de la PGR van contra Jorge Hank como si la suya no fuera una evidente y vengativa persecución ante  la pifia de semanas anteriores; la elección del Estado de México sigue bajo la condición impugnada ahora por los gastos de campaña como antes lo fue por un mitin extemporáneo.

Santa Alianza en cuya conformación solo se persigue conjurar el paso de un horrible espectro sobre México.

“Un fantasma recorre el mundo, el fantasma del priismo”, podría decir quien en libérrima paráfrasis se inspirara en las líneas del Manifiesto Comunista para comprender esta proliferación de acusaciones, señalamientos, descalificaciones, anatemas y condenas.

Hoy el punto central en el ataque, la artillería de mayor peso se despliega contra Humberto Moreira. Su capacidad de endeudamiento, la discutible validez de los documentos para respaldar sus obligaciones con los fondos federales, la cercanía familiar de su sucesor, su estilo abroncado y majadero contra los panistas en el poder; su talante desparpajado y grosero, su condición de encubridor, su cercanía con Enrique Peña Nieto y cualquier otro pecado habido o por haber, lo hacen el ejemplo perfecto de cuantas desgracias nos esperan si volvemos al pasado autoritario y dispendioso capaz de empeñar el futuro de las generaciones por venir.

Como dice el coordinador de los priistas en San Lázaro,  Francisco Rojas, claro, las deudas las pagan quienes vienen; no hay deudas en pasado, todas son hacia el futuro, por eso existen los plazos y los intereses.

Pero una cosa es clara: ni es Moreira el único responsable de la deuda de Coahuila ni mucho menos del endeudamiento  general de todos los estados de la República cuyo volumen se acerca al dos por ciento del Producto Interno Bruto Nacional, lo cual significa una pila de billetes realmente pavorosa.

No tanto, dice él, como los cinco billones de la disimulada y nunca expuesta deuda federal o la firma de los “pidiregas”.

En el problema de la deuda se ha visto nada más una cara de la moneda. Se le cargan las críticas a quien pidió prestado pero no se habla nada de quien autorizó los préstamos, los respaldó y los vio pasar como si fueran los caballitos del carrusel.

—¿Quién colocó la deuda? ¿Cuáles son las instituciones bancarias implicadas en el asunto? ¿Cuáles son las garantías del Gobierno federal?

Prestar dinero no es negocio de políticos sino de banqueros. ¿Podríamos saber los nombres de los banqueros felices por este abundante pedir y pedir? Quizá nos halláramos con nombres del pasado hacendario nacional.

Quizá el negocio político sea desviar ese dinero, aplicarlo para otras cosa distintas de las explícitamente pactadas en el empréstito, pero para eso hay una Comisión Nacional Bancaria, con un consejo y un presidente (ahora en campaña)  y es ella quien debe saber quién  presta de manera correcta y quien lo hace a lo loco o a lo irresponsable o de cualquier otra forma aún peor.

Si nos atenemos a los dichos de la mal atendida Constitución  Política de los Estados Unidos Mexicanos, la deuda de los estados es harto compleja. Dice el artículo 117:

“Los Estados no pueden, en ningún caso:

“…VIII. Contraer directa o indirectamente obligaciones o empréstitos con gobiernos de otras naciones, con sociedades o particulares extranjeros, o cuando deban pagarse en moneda extranjera o fuera del territorio nacional.

“Los Estados y los Municipios no podrán contraer obligaciones o empréstitos sino cuando se destinen a inversiones públicas productivas, inclusive los que contraigan organismos descentralizados y empresas públicas, conforme a las bases que establezcan las legislaturas en una ley y por los conceptos y hasta por los montos que las mismas fijen anualmente en los respectivos presupuestos.

Los ejecutivos informarán de su ejercicio al rendir la cuenta pública”.

Y si los créditos se respaldan con participaciones federales y a lo largo digamos de esta década no hay hacienda estatal fuera de la condición ruinosa o al menos endrogadísima, cabe preguntarse ¿cómo  se percibe apenas ahora el hedor de los excesos?

—¿Quiénes hoy se rajan la túnica no se habían dado cuenta de los “usos y costumbres” en una década en el triangulo Hacienda-Banca- Estados? ¿No vigilan a los bancos extranjeros, no saben de fideicomisos, no ven quién coloca, ni oyen quien avala, ni miran, ni atienden excepto cuando llega el tiempo electoral?

“…Sino cuando se destinen a obras públicas productivas”, dice la Constitución  en la salvedad tolerante. Y los coahuilenses largan una lista de benéficas labores y mejores resultados:

“Cuarto lugar en competitividad Global certificado por el Centro de Investigación para el Desarrollo; crecimiento anual del 14.1 por ciento en el Producto Interno Bruto, según el INEGI y Banamex; 74 mil 726 personas más en el Seguro Social hasta julio de este año; una tasa de empleo del 54 por ciento  y una inversión privada de 127 millones de dólares con 858 nuevas empresas”.

¿Entonces?, ahí está la lana, dicen los del gobierno y además esgrimen otros datos del año pasado como quien le muestra la cruz al vampiro mientras grita “vade retro”:

“…Dos millones de coahuilenses gozan los beneficios de los programas sociales para abatir la pobreza; el estado tuvo el primer lugar en crecimiento económico (nacional) con un  porcentaje insólito del 14 por ciento; se hicieron 87 puentes, 123 centros de salud y 8 hospitales 34 preparatorias y un tecnológico en Múzquiz; se dieron 24 millones de paquetes con útiles escolares y, bueno, bueno, cuánta cosa positiva, cuántos beneficios derramados entre la aridez del desierto y los ojos de agua de Cuatro Ciénegas.

CUADRANTES

En el complejo mapa de la violencia nacional el Distrito Federal va adquiriendo poco a poco una extraña condición de insularidad controlada. No es esta, ni por mucho, la ciudad inhabitable cuyas dimensiones favorecerían el imperio del caos.

Comparada, por ejemplo, con  Acapulco,  cuya idílica circunstancia desapareció en menos de dos años para darle paso a un  tiradero de cadáveres decapitados en la playa, o a Ciudad Juárez o a cualquiera otra de la zona fronteriza, en esa porción de casi la mitad nacional advertida hasta por los británicos y sus previsiones de no llegar aquí pues es tan peligroso como el Londres de los motines recientes, la ciudad de México controla y frena la extrema peligrosidad frecuente en otras ciudades.

Y en ese sentido se debe reconocer el trabajo del secretario de Seguridad Pública,  Manuel Mondragón y Kalb quien es, por mucho, el más eficiente funcionario del gabinete de Marcelo Ebrard, quien en el organigrama se parece mucho a Blanca Nieves. El otro funcionario notable por su capacidad es el secretario de Salud, Armando Ahued.  

Mondragón ha desarrollado un trabajo importante en dos sentidos: darle a la policía respetabilidad, por una parte  y eficacia, por la otra.

“Hemos depurado la fuerza con seis mil quinientos policías separados de sus cargos, peor (y esto es lo mejor) reconocido el trabajo de los demás con ascensos y mejoras de diversa condición.”

Parte de ese trabajo ha sido la reorganización territorial de la cobertura policiaca. A la vieja subdivisión en zonas, regiones y sectores, se ha agregado la distribución de responsabilidades por cuadrantes.

Un cuadrante es una zona de menores dimensiones físicas donde el vecino y el policía quedan más cerca. Es como vigilar no con una lupa sino con un microscopio. El responsable del cuadrante puede informar hacia arriba; no como se solía hacer en sentido descendente.

La partición en 918 cuadrantes hace más rápida y sencilla la respuesta pero también permite el acercamiento del responsable con los vecinos. Se trata de enviar al responsable del cuadrante a ir de puerta en puerta; presentarse, explicar y entregar a los vecinos datos para una rápida atención de auxilio en caso necesario.

Cada uno de los jefes de cuadrante tiene un radioteléfono para recibir llamadas de los vecinos. Mediante volantes les llevan a sus casas los datos, los números.

Esta labor de acercamiento se hará mediante la rehabilitación de los módulos de vigilancia, donde los haya y la operación de las (hasta ahora)  8 mil cámaras de video-vigilancia del proyecto “Bicentenario”.

“No hemos inventado ni el agua tibia ni el hilo negro; nada más hemos metido orden donde había desorden; trabajo donde había dejadez y espacio para otras prácticas que ahora estanos erradicando. Tenemos una fuerte labor de evaluación y de supervisión y le podemos dar a la ciudad un mejor resultado.

“Sí es posible. Lo estamos haciendo”, dice Mondragón mientras explica y demuestra su sistema en una amplia sala de pantallas y cristales desde donde se vigila la ciudad entera.

El ojo en el mando, el microscopio en la calle.

CAMACHO

El sistema electoral en el Estado de México, está diseñado para proteger las violaciones.  Aun así vamos a impugnar los resultados, me dijo Manuel Camacho hace una semana.

Ahora ya es un hecho ese recurso y la especie, cierta o no, rueda por todas las calles: Eruviel Ávila se gastó más dinero del permitido. Lo saben con pesos y centavos, dicen.

¿Cómo habrán hecho para conocer los gastos de Eruviel sin preocuparse jamás por cuánto les ha costado el Morena? Un misterio.

SUEÑO GUAJIRO

Mientras Fitch le advierte a México sobre la posible disminución de su grado de calificación como consecuencia de la violenta situación nacional (tal ocurrió en Coahuila pero por otras razones) y la extendida mortandad de las manos criminales, el director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Enrique Villa Rivera anuncia su intención de lograr en el presupuesto un alza para la investigación  y el conocimiento superior.

Plausible afán, es cierto. Pero altamente inviable.

Quiere 35 por ciento de aumento en las finanzas del Consejo cuya necesidad nadie discutiría. Pero en estos tiempos de amago recesivo, subir de 17 mil a 22 mil millones de pesos para becas y proyectos de investigación,  resulta un verdadero sueño tropical. Un sueño guajiro, pues.

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