Miércoles 13 de Noviembre, 2019 - México / España
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Centenario del voto



Como si se tratara de una burla de la historia, los mexicanos le damos la espalda al grito maderista de abrirle camino a la democracia por la vía del voto y con él, proscribir la reelección como método “legal” de prolongación del poder.

Los anulistas u onanistas electorales, quienes sostienen la tesis de protestar simbólicamente por medio de la anulación real del voto, quizá no hayan reparado en algunas expresiones de don Panchito, quien con todos sus defectos y espiritismos, le abrió el camino a una revolución cuyo origen fue electoral, pero su profundidad posterior absoluta y superior a ese procedimiento.

—¿Cómo llegamos los mexicanos del “Sufragio efectivo; no reelección”, al voto deliberadamente anulado y la búsqueda de la reelección legislativa, pasando por el “voto útil” cuyo fruto fue el gobierno inútil? Pues quizá como hemos llegado a todo lo demás, por la síntesis de nuestras contradicciones.

Una de las quejas más acusadas de Madero en La sucesión Presidencial de 1910, su libro precursor, se relacionaba con la inutilidad de acudir a las urnas cuando ya las casillas habían sido escenario de adulteración y la capacidad ciudadana, anulada. Es decir, la voluntad ciudadana suprimida. Es interesante ver la connotación del verbo anular en aquellos años y en éstos.

“...La opinión del Estado —dice Madero—, se había uniformado por completo, debido a los trabajos de la prensa independiente, al grandísimo número de clubes que se instalaron, y sobre todo al de la Convención, a la cual concurrieron más de 100 representantes de todo el Estado, y se mostraba unánime en favor de nuestro candidato.

“A pesar de lo expuesto, llegado el día de las elecciones, nos encontramos con todas las casillas ya instaladas por el elemento oficial y sostenidas con gente armada y con fuerza de policía.

“Esto no constituyó un obstáculo para que nuestro triunfo fuera completo en algunos pueblos; pero este esfuerzo fue nulificado en las juntas de escrutinio por las chicanas oficiales. Este atentado contra el voto público no tenía ejemplo en nuestra historia, y nosotros no encontramos otro camino que el de levantar enérgicas protestas para que supiera la nación entera cómo se respetaba la ley electoral en nuestro Estado.

“Indudablemente el pueblo mexicano está ya cansado de tanta reelección, y verá con gusto un cambio, pero lo que más ha contribuido a desprestigiar al general Díaz, es que después de haber hecho sus famosas declaraciones de que el pueblo está apto para la democracia, pretenda imponer la candidatura del señor Corral, tan poco popular...”

De acuerdo con este texto la imposibilidad de ejercer el sufragio de manera limpia, el “mapachismo” primigenio y la imposición mecánica en las casillas, eran los elementos de nulidad y conformaban juntos un “atentado contra el voto público”.

Muchos dirán eso fue antes. Pero entre el antes y el ahora hay dos elementos fundamentales para un análisis con pretensiones de totalidad: el inicio de la Revolución Mexicana fue por cuestiones electorales. Nada más mediante las elecciones se logran las reelecciones indefinidas, pero no sabemos cuál es el logro de las “falsas elecciones”.

—¿Cuál es la falsedad de una elección? Simularla con el desprecio y la arrogancia de una pretendida superioridad vestida de protesta. Es como si el elector se repitiera frente a un espejo: ni el sistema electoral ni sus candidatos ni nadie merece mi compromiso. Es más, no me merecen a mí.

En todo caso valdría la pena para estos ciudadanos votar por una opción comprometida con la tesis de “ciudadanizar” las candidaturas sin hacer pasar a los individuos por la estructura de los partidos. A fin de cuentas quienes de esta albina manera muestran su descontento, podrían inducir su enojo hacia un partido con capacidad de asimilar sus intenciones.

Lo más seguro será ver una promoción de estas ideas en las plataformas de los partidos, cuya necesidad de consolidación consiste en agarrarse de cualquier clavo ardiendo, incluyendo la reelección indefinida de los diputados y los senadores. Por algo se empieza; después seguirán los alcaldes; luego los gobernadores y finalmente el Ejecutivo. El principio, el sustento moral (o inmoral) es el mismo.

MARTÍ PEÑA

Ha planteado Alejandro Martí, quien en ocasiones recientes propone y propone cosas de todo tipo a través de su Sistema de Observación por la Seguridad Ciudadana (SOS), un asunto contrario al voto pálido.

“Mi voto por (a cambio de) tu compromiso”, les ha dicho a los aspirantes a los cargos públicos. Y ha comentado algo más: firmar las ofertas ante notario como garantía de cumplimiento o de reclamación ciudadana.

Eso hizo en el Estado de México Enrique Peña desde el principio de su campaña...

recarsa@hotmail.com

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