Jueves 22 de Agosto, 2019 - México / España
Un vínculo entre México y el Mundo
Facebook Twitter Whatsapp

Homenaje a Cioran



2011 nos brinda un homenaje al que siempre se etiqueto como el gran pesimista del siglo XX. Emil Cioran. Conocido en todo el mundo como un “filósofo frances”, Cioran hace la sorpresa, a sus admiradores: es rumano, nacido en Rumania, en 8 de abril de 1911, en un pueblo de Transilvania. Cioran es tan rumano que universal y esta raiz tan profundamente rumana va ser el origen de todo su dolor. A pesar de vivir gran parte de su vida en Francia, Cioran nunca va a poder arrancar sus raíces, por lo cual siempre tuvo con Rumanía una relación de amor y odío. Amaba sus raíces…su paraíso estaba en Rumanía…aquel paraíso de la infancia…los recuerdo de su pueblo natal… Odiaba en Rumanía su balcanismo…

Cioran, debido al contexto politico de Rumanía de los años, fue obligado a elegir el camino del exilio. Esta fue su drama pero también la fuente de creación que inspiro a Cioran. Para Cioran el exilio fue una experiencia iniciática. Con Cioran paso lo mismo  que con todo los exiliados: es decir “estan en exilio junto con su lenguaje” (Norman Manea). Por eso Cioran elige escribir en frances, porque su rumano estaba en exilio junto con él. Lo que me llama siempre la atención, cuando se trata sobre Cioran es la facilidad con la cual se cataloga como un ateo, un pesimista casi, casi nihilista y todo lo demás.

Yo descubrí “otro Cioran”, y me parece que es el tiempo de regresar a Cioran y entenderlo no partiendo de las etiquetas sino de lo que el expresa, de su existencia. Lo que es interesante en Cioran es su sensibilidad y su capacidad de amar, aun si la impresión que nos deja sentir es otra. Pero el amor de Cioran tiene un sentido tan profundo… El tiene una capacidad de amar tan rara: su crítica no es nada más sino un testimonio de amor. Cioran es un hombre generoso, solidario, sentimental y compasivo; con otras palabras, Cioran necesita amar para sobrevivir y su negativismo tiene origen en un amor total, por eso no es nihilismo.

Después de algunos años de leer a Cioran, tengo el gozo de contemplar que el encuentro con sus libros ha sido como con el destino. Los libros son parte de nuestro destino, ellos hacen nuestro destino, lo definen. Un libro puede hacer cambios en nuestra vida que nunca llegamos a pensar en algún momento. Un encuentro con un libro y más, con un autor, puede cambiar toda nuestra vida.

Con miedo me acerqué a Cioran esperando encontrarlo exactamente como me lo imaginaba: aburrido de sí mismo y de todo, cansado de sí mismo y de todo, sin algún signo de optimismo, preparado para matar las ideas que vuelan sobre el mundo. No me asusté y no desesperé. Entendí su intención. Cioran quiere hacer que el lector se dirija con sus propios ojos no a las esferas más altas, sino al gélido abismo que se encuentra en su interioridad. Cioran quiere hacerte encontrarte contigo mismo. ¿Y que puede ser más aterrador?

Cioran era muy consciente del efecto de sus libros. Fernando Savater, en su Ensayo sobre Cioran  habla de un interesante diálogo entre él y el pensador rumano: “- Cioran, aquí en España, la gente dicen que tú no existes - Por favor, no los contradigan, responde Cioran”.

Entonces, lo que quiero decir es que no es necesario un esfuerzo desesperado para leer a Cioran. El esfuerzo, la lucha, empieza cuando nosotros debemos entenderlo. Es decir que entre leer Cioran y entender a Cioran hay una gran diferencia. A lo mejor, cabe decir que Cioran no solo que era admirado en España y sus libros se traducian con fervor, sino que también Cioran amaba España. Testigo de este amor por España esta El cuanderno de la Talamanca, que úne las notas que tomo Cioran durante 1966, en Ibiza, Talamanca. En este sentido como bien afirma Heyden Rynsch, Cioran tuvo tres patrias: la de su infancia, Rumanía; la de su lengua, Francia; y la de su alma, España. Este amor por España lo sorprende al mismo Cioran y nos revela su alma enamorada de lo estetico. España es para Cioran su refugio estetico; allá es donde se siente un esteta enoamordado de arte, de belleza. Le gusta España “por sus vicios, por sus defectos, por su orgullo, por su fe, porque su decadencia no recordaba su esplendor sino que era ella misma una  esplendorosa decadencia”. (Manuel Aranz) Le llamaba la atención la mística española, la pasión, la locura. Teresa de Ávila es una de las misticas que no sólo lo impresiona, sino que lo impacta el ardor que esta mujer fue capaz de sentir. En este sentido, afirma en su libro De lágrimas y santos: “La teología es la negación de Dios. ¡Qué idea descabellada ponerse a buscar argumentos para probar su existencia. Todos sus tratados valen menos que una exclamación de Santa Teresa. Desde que su teología existe, ninguna conciencia ha conseguido ganar con ella una sola certeza, pues la teología no es más que la versión atea de la fe. El mínimo balbuceo místico está más cerca de Dios que la Summa teológica”.

También le llama la atención la melancolía como una caractersitica del mismo español y afirma en 1983: “Lo que me atrae es el aspecto no europeo de España, una forma de melancolia permanente. Esta melancolia es una especie de aburrimiento refinado, el sentimiento de un exilio irrevocable”.

Frente al calor de España, frente al mar y a este estado de melancolía, Cioran mismo se vulve melancolico y podemos ller al ínicio de su cuaderno:

“Ibiza, 31 de julio de 1966. Esta noche, sobre las 3, completamente despierto. Imposible seguir más tiempo en la cama. He ido a pasear por la orilla del mar, acompañado de los más sombríos pensamientos. ¿Y si me arrojara desde lo alto del acantilado? He venido hasta aquó por el sol, y yo no puedo soportar el sol. Todo el mundo está moreno, pero yo seguiré blanco, pálido. Mientras me entregaba a toda suerte de reflexiones amargas, contemplaba los pinos, las rocas, las olas visitadas por la luna, y de repente me ddi cuenta de hasta qué punto estaba yo ligado a este hermos y maldito universo”. (Cioran)

A pesar de su admiracion por España, Cioran fascina por sus ideas…por la amargura, por la negación por la idea del suicidio. En un día lo preguntan: “¿Hablas de suicidio pero tú estas vivo”? - y esta pregunta es tan familiar para Cioran; la escuchó mucho en su vida. Explicó en vano que el suicidio y sus posibilidades son conceptos operacionales para sobrevivir. Quien hace el elogio del suicidio debe suicidarse, dice la lógica común. Pero solo pocas personas entendieron que, en este caso, el aria del suicidio es importante y puede ser cantada por mucha gente que sufre, por las personas a las que la muerte lastimó antes de que ellos mueran…porque ellos saben que tienen una salida. Como muy bien dice el filósofo rumano: “El suicidio es un pensamiento que ayuda a vivir. He dicho que sin la idea del suicidio me habría matado desde el inicio. Qué quería decir? Que la vida es soportable tan solo con la idea de que podemos abandonarla cuando queremos” . (Cioran)

Pero también el suicidio de Cioran es “muerte ante la muerte”…Es matarte a ti mismo en un acto de creación…..en su caso, en el acto de escribir. Este acto, definido como un acto de inmensa soledad, es su suicidio y su terapia al mismo tiempo, su muerte y su salvación. Entendí así lo que significa el suicido cioraniano: significa matarte a ti mismo escribiendo de tí mismo; significa ponerte a ti mismo o a tu alma en un papel, confrontándote contigo mismo, liberarte de ti mismo y creándote a ti mismo. Cosa que no es fácil pues ¿quién tiene este coraje?

No fui nunca una lectora perseverante o sistemática de su obra. Pero lo leí en momentos cuando mi interioridad lo necesitaba y me mandaba hacía allá, a la biblioteca, donde en silencio, Cioran me esperaba. Y lo leí otra vez, y cada vez con el sentido de que me leía a mí, porque son verdades que Cioran te dice y que se encuentran en cada uno de nosotros. Faltabáme el coraje y la responsabilidad de aceptarlos. Lo que es interesante es que Cioran es muy consciente de lo que escribe para el lector:

“En todos mis libros no se trata de nada más, que de la intensidad de la experiencia. No pretendo tener ninguna originalidad cuando se trata de la vida. ¿Qué puede ser más banal que la muerte? Si tú quieres construir una filosofía original puedes empezar con la ciencia, quiero decir con el único dominio donde la innovación es posible. Todo se ha dicho en la ciencia. Escribir no significa tener ideas originales, sino hacer que tu interioridad vibre. Las ideas no tienen ninguna validez si no son el producto de esta vibración interior. Entre más es la intensidad de la vibración, más válida es la premisa existencial de escribir”. (Cioran en el libro la Puerta Prohibida de G. Liiceanu)

“Nunca he escrito asumiéndome como autor; créame, no busco la gloria, no me tomo por un autor, y no soporto eso en los demás. Nunca he sido prudente y siempre he dicho simplemente lo que me pasa por la cabeza. De cierta manera, busqué la forma de desenmascarar la existencia, y es por eso que me considera un cínico. Pero si soy un cínico en mi expresión en general, en la vida no lo soy en absoluto. Y sin embargo, reconozco el valor del cinismo como un punto de vista. Siempre he dicho que se debe escribir lo que se vive como una verdad en el momento, incluso lo que no se debe decir por difícil, frívolo o insolente. Cuando escribo algo o cuando reflexiono, no marco ningún límite a la expresión del sentimiento de la verdad. Nunca, nunca he pensado en las consecuencias. Y nadie se ha suicidado jamás por mi culpa. Al contrario, conozco gente que me ha dicho: ‘gracias a usted, no me suicidé’. Y cuando me lee la gente deprimida, comprende que no puede sumirse más en la depresión. Para hablar como Kierkegaard, la depresión es una estación en el camino de la vida. Yo tampoco tengo la impresión de que he hecho, si puedo llamarle así, una carrera ‘negativa’. Y por otro lado, sabes, en definitiva todo es igual, ¿no?...”

Pero sobre qué escribe Cioran? ¿Qué quiere decir este hombre que se caracteriza a sí mismo como un diablo, viviendo siempre desgarrado interiormente? Cioran escribe sobre la descomposición, sobre la filosofia, sobre la muerte. Cioran escribe para luchar contra sí mismo, contra su insomnio, esta enfermedad nocturna, esta pesadilla y agonía. “El insomnio es una lucidez vertiginosa que convertirá el paraíso en un lugar de tortura (…). Las horas de vigila son, en el fondo, un interminable rechazo del pensamiento por el pensamiento, son la conciencia expresada por ella misma, una declaración de guerra, un ultimátum que se da el espíritu en sí mismo”. (Cioran, En la cima de la desesperación)

Cioran escribe sobre la angustia, sobre la melancolia….se pelea con Dios y se siente un Job. Siente la tentación de la fe y siente la llamada porque le es imposible no pensar en la fe. Cioran se pelea con Dios en su forma, llora y sus lágrimas son el criterio de la verdad de sus sentimientos, se lamenta y sus lamentaciones son cósmicas: “Dios sin ti estoy loco, contigo más loco”! Él es un Job moderno, un hombre valiente que tiene el coraje de estar frente a frente con Dios, en un diálogo silencioso que es un acto de inmensa soledad.

Y esto es Cioran…el solitario que nunca quiere ser molestado. Un inadaptado, un hombre que quiso vivir al margen de la existencía y a pesar de esto, nada le es desconocido a Cioran porque toda la existencia vive intensmente en su alma. Cioran es el ejemplo de que significa ser tentado a existir y no hay nada más fascinate que esta tentación que se revela en la cima de la desesperación.  Cioran sobrevive al mundo porque hace de su escritura una provocación y un vicio:

“En medio de un frase, ¡con que facilidad se cree uno el centro del mundo! Escribir y venerar se dan juntos: quiérase o no, hablar de Dios es mirarle desde arriba. La escritura es la revancha de la criatura y su respuesa a una Creación chapucera”.

Catalina Elena Dobre

katalina.elena@yahoo.com.mx