Miércoles 20 de Febrero, 2019 - México / España
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El filósofo ante la multitud



“Se necesita valentía para estar dispuesto a mostrarse como uno realmente es” 

Søren Kierkegaard

Hace tiempo que andaba de un lugar a otro…Estaba desde hace años en camino. A veces necesitaba prender una lámpara para buscar el sendero correcto, a veces necesitaba descansar al margen del tiempo. Recordaba con nostalgia cuando tuvo que ser el loco y gritar “Dios ha muerto”, cuando tuvo que escribir, en una hoja bien guardada, “Dios de Abraham, Dios de Issac, Dios de Jacob”…También recordaba los tiempos cuando dudaba de todo, porque esto sí, quien tiene idea de lo que significa vivir del espíritu, sabe también lo que es el hambre de la duda…Recordaba también cuando, con toda su alma, decidió vivir o morir para una idea… Recordaba cuando, en tremenda soledad se lamentaba como Job…Vivió tanto tiempo entre silencio y palabras. Pero nunca dejo de andar en el camino, aunque tuvo que pasar por la noche de fuego, por la espera de la fe….por el silencio de los universos.

Hoy ya estaba cansado. A lo mejor… algo viejo… Ha pasado demasiado tiempo para contar el paso de los años… Ha pasado, probablemente, una eternidad… Pero hoy decidió descansar un poco en este lugar. Sólo que en un día, su descanso fue molestado por el ruido de una multitud; a lo lejos varios estaban hablando.

No entendía mucho de aquel murmullo agonizante, pero lograba descifrar algunas palabras: “se debe”,”sabemos la verdad”, “ser mejor ejemplo para mis hijos”, “obedecer”, “valores”, “salvación” “amor”, “prójimo”… Sentía el corazón latiendo con fuerza y la sangre calentándose en sus entrañas: …”¿Otra vez? ¿Otra vez este discurso? He luchado toda mi vida contra él? ¿Otra vez esta moral hipócrita que divide el mundo en malos y buenos, salvadores y salvados….?”

Estaba cansado, ya no podía más, pero era incapaz de pretender no haber escuchado nada. Estaba descansado junto a un árbol. Necesitaba decir algo para que aquella multitud podrida por adentro, moralmente corrupta y sostenida únicamente por un simulacro de autoridad, callara, al menos por un tiempo. Sabía que se confrontaría, otra vez, con el rechazo. Éste fue siempre su destino:  luchar contra el ego moral, contra el peor enemigo del pensamiento -el prejuicio-  y recibir, a cambio de sus palabras el rechazo total…Pero no era el único. Al menos tenía un consuelo: a Sócrates lo mataron por enseñar a pensar, y a Cristo lo crucificaron…Esto de ser siempre rechazado, visto con sospecha, no era nada comparado con la muerte….¿Qué más daría intentar otra vez?”

De repente, se escuchó una voz…Todos callaron por un instante. Voltearon. Era él…aquel hombre cansado pero con una mirada que penetraba directamente en el corazón, como una flecha. Miró a todos en sus ojos. “¿Cómo podía domar a estos salvajes?”- se preguntaba. Una pausa… y, con fuerza en sus palabras, se atrevió a hablar: “Me perdonan la intromisión en su discurso. Hablan bonito, esto sí…¡Pero en su discurso impera la obediencia y no hay errores! ¡Todo lo saben! ¡El bien es en boca de ustedes una pobre receta para una conciencia enferma; el mal lo saben corregir. ¡Bendita certeza! Cada día viven con la tranquilidad de haber hecho un poco de orden en su mundo.

Hace tiempo yo también buscaba certezas, pero el camino que llevo me enseñó que no hay peor espera que la certeza. La certeza esclaviza, se apodera del alma y la hace su prisionera…Todos tienen certezas, saben qué es la verdad, saben qué es la fe, saben cuál es el “camino correcto”… Antes vivía como ustedes, pensaba igual; hasta el día cuando decidí ponerme en camino, en el camino del pensar. Fue entonces cuando me perdí, fracasé, toque el fondo. Pero nunca dejé de caminar…Desde entonces vivo sin certezas. 

Cada día, dentro de mí, los demonios dan una lucha ¡terrible! Si he sobrevivido hasta ahora es porque entendí que soy un hombre con errores, de carne y hueso, que he hecho sufrir y he sufrido; que he hecho llorar y he llorado; que he lastimado y he sido lastimado, que he amado y he sido amado, que estuve en las cimas pero también en los más profundos abismos, que he conocido la bondad pero también la malicia…Soy un hombre de carne y huesos…me he engañado, he dudado y viví como desesperado, pero me he despertado y me dí cuenta del valor que tiene el equivocarse, porque del error renací como el ave Fénix de sus propias cenizas. ¿Han sentido alguna vez qué significa arder hasta que quedan cenizas? ¿Han llorado alguna vez hasta que no queda una gota más para llorar? ¿Se han reído alguna vez de su propia ignorancia? ¿Han fracasado? ¿Se han mirado, por si acaso, en el espejo de su corazón? No sé que es vivir sin todo esto, sin ignorancia, sin errores, sin fuegos que arden las entrañas, sin un corazón, sin demonios, sin lágrimas y sin locuras…sin la espera de la fe…en mí carne hay una espina. Mis rodillas tiemblan sin doblarse al saber que en vano se apegarán al engaño: nunca serán más que lo que son. 

Me aparté de su idea de filosofía en el momento en el cual dejé de ver algún signo de verdadera tristeza, algún indicio de debilidad humana. Me sorprendo de lo perfecto que es su mundo…Ustedes saben el lugar de cada cosa, tienen recetas para la felicidad, saben cuando amar, cuando odiar….saben juzgar, saben analizar, saben de valores, saben ser los mejores amigos, padres, esposos…saben cuál es el lugar de Dios y cuál es el lugar del hombre. En su mundo, todos se esfuerzan en remediar la vida de todos. Quieren hacernos compartir su histeria, su bien y desfigurar a uno como yo.

Desde hace tiempo estoy vagando al margen de la vida y sólo conozco la lucha con mis demonios y un corazón en el que Dios, a veces, encuentra un poco de descanso… No me mal entiendan…Puede que yo no sepa nada…Pero prefiero la conciencia de mi ignorancia, la libertad de mi corazón… a su mundo ordenado. No se puede eludir la existencia con explicaciones, no se puede sino seguir el movimiento riesgoso de sus oscilaciones. Yo sólo sé que cada día regreso de la más difícil batalla conmigo mismo…No hay ganadores, sólo enfrentamientos…y heridas. En su mundo no hay heridos, y si alguno sufre algo, se encontrará algún salvador.

Para ustedes la filosofía es consolación, receta escrita para encontrar la felicidad, manual de reglas de buena conducta, código de ética para ser mejor persona. Para mí la filosofía, es aquella que he aprendido de libros y sabios, es un oficio sin destino que llena los pensamientos en sus horas de agonizante búsqueda; no es un instrumento para justificar nuestras falacias, debilidades o frustraciones. Daría todo por un pensamiento, un solo y único pensamiento, pero que haría pedazos el universo”.

Fue interrumpido por gritos…La multitud gritaba enloquecida. Risas sofocadas se escuchaban de algún rincón. Después…un murmullo fuerte y agonizante. La multitud exigía su retiro. “¡Fuera, fuera!” -se escuchaba una voz. “¡Cállate!” -le gritaban otros. “¿Para qué has venido? ¿Para qué nos hablas? ¿Quién eres tú? …En nuestro lugar reina la bondad, la obediencia, la caridad…porque cada día ayudamos al prójimo y así vivimos felices. No necesitamos de ti. Sabemos más de lo que tú pretendes decir. Tus ideas aburridas ya no tienen sentido. ¡Necesitamos certezas! ¿Quién eres tú para hablarnos del pensamiento y del pensar, de la verdad y de la libertad? ¡Nosotros ya sabemos la verdad, cada uno la conoce muy bien…y no te necesitamos para abrumarnos con tus ideas sobre el pensar y el pensamiento! Pensar…¡qué ridiculez!…Nosotros ya sabemos pensar. ¿Para qué vienes tú a molestarnos? Ya estamos cansados de tus ideas…Desde hace tiempo hemos logrado callarte, para no molestarnos con tus lecciones, para no atormentarnos con tus preguntas. ¡Somos libres! Sin ti, vivimos mejor…Mira, hoy tenemos tantos medios de expresar nuestras ideas…Tenemos la libertad de decir quiénes somos, de poner orden en el mundo, de luchar para la verdad. Cada día nos implicamos en causas, luchamos por ellas, ¿y tu qué haces? Nada, sólo vienes a preguntar.  Nosotros podemos vivir sin ti. ¿Qué has hecho tú más que escribir desde hace miles de años…escribir y pensar escribir y cuestionar …Todo para decirnos como debemos vivir?…En otras palabras, no has hecho nada. Sólo nos confundes, nos exiges reflexionar, nos pides estar en la espera de la fe, nos dices que la libertad nos pertenece, nos hablas de fuegos y de pájaros raros, de cenizas y demonios….de luchas y espejos, quieres que empujemos la piedra como Sísifo. Desde hace siglos no haces más que criticarnos… ¡No te necesitamos, fuera…fuera…! El mundo no te necesita. Tenemos la verdad y mediante ella, seguiremos teniendo fuerza!”.

 El murmullo se alzaba más allá de aquel lugar, hasta los cielos y los horizontes. Un eco mórbido y cansado se escuchaba en aquella tarde, en aquel lugar…una sombra ocultaba la luz de las estrellas…y sin embargo las estrellas estaban ahí.

El hombre se dio cuenta que su tiempo ha pasado…”¿Cómo dialogar contra esta multitud salvaje, como confrontarse con esta vanidad moral?” Se retiro con tristeza… Sentía dolor no para sí mismo, sino para esta multitud enloquecida, para estos pobres hombres depositarios de la verdad...

Salió de entre la multitud… y, al abandonar el lugar, sintió un doloroso golpe en la espalda ¡Alguien le aventó una piedra! Volteó y se dio cuenta que conocía a este hombre, una vez vio esta cara... Hace tiempo, acostumbraban tomar un café por las tardes y hablar sobre la belleza, sobre el pensar, sobre la filosofía. Dialogaban con la apertura, con pausas, con risas y criticas. Eran ellos dos, y el diálogo. En aquel entonces, el hombre lo escuchaba con ansias y con aquella humildad que sólo el verdadero aprendiz sabe tener. En aquel entonces, el hombre aprendía del Filósofo y el filósofo aprendía del hombre….Pero hoy le aventó una piedra. Ahora en el rostro de aquél se reflejaba miedo y resentimiento… una mirada violenta y salvaje.

El Filósofo miró estos ojos que sangraban de odio …y se dio cuenta que ya no había nada que mirar. Una sensación de vacío envolvían esta agonizante mirada, hasta hace poco tan familiar….Pero hoy en estos ojos se reflejaban fantasmas, ansias de poder y de rechazo...Hace tiempo se amaban como sólo dos amigos se pueden amar; hoy le aventó una piedra. Sus ojos no eran ya la ventana del alma o del asombro del cosmos, sino la prisión de su ego que todo lo pervierte con la falsa promesa de tenerlo todo.

El Filósofo aparto su mirada y siguió su camino. Dejó a este hombre con su mirada enloquecida atrás.  El Filósofo sabía que la piedra aunque lo golpeó no fue para él; era sólo el símbolo de la furia de no poder ser de aquel pobre desesperado…Esta piedra era para el que la aventó, para golpear su duro corazón, su incapacidad de amar el camino, la lucha, las lágrimas, las sonrisas, los errores…Todo aquello que es humano, demasiado humano.

Sólo le quedaba encaminarse en el camino; su camino era destino…Caminaba en la oscuridad de la noche, una noche tan profunda y silenciosa. Su lugar no era aquí, entre la muchedumbre…Su lugar está en el seguir caminando….pues la labor del filósofo es invitar a otros a caminar con sus propios senderos…..La multitud no camina, vive estancada en sus “certezas”…Sólo el que vive desde la libertad, sólo el que ama sus errores, caminará. Pues sabe que el camino no es recto…sabe que te puedes perder, pero no hay más alegría en encontrarse después de haberse perdido…

Lejos se escuchaba todavía el murmullo mórbido de aquella multitud enloquecida. Pensó en las palabras de su querido amigo Schopenhauer y sonrió porque éstas eran las palabras que quería compartir con aquellos hombres salvajes antes de que estos le pidieran salir, pero ahora las podía pronunciar para sí mismo: “Pues…la verdad no es una ramera que se arroja a los brazos de quien la desprecia, ni siquiera el que la busca le es fácil adquirirla”.

Una sonrisa iluminó su rostro…pero a la vez una lágrima abandonaba sus profundos ojos. Seguirá caminando…¡Su tiempo no ha llegado aún!

Escrito inspirado en:

La leyenda del Gran Inquisitor (Fedor Dostoievski)

La gaya ciencia (Friedrich Nietzsche)

El breviario de podredumbre (Emil Cioran)