Domingo 21 de Abril, 2019 - México / España
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Una historia de amor empieza con un libro



¿Qué será la vida sin lectura?

“Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros”. San Agustín.

¿Recuerdas aquellas tardes lluviosas de un otoño tardío como las lágrimas del tiempo? Yo miraba la ventana y tú estabas leyendo, sentado junto a la chimenea. No te quería interrumpir.

Los dos estábamos descansando de nuestros propios pensamientos. Había en aquella habitación un silencio tranquilo. Sólo las gotas de lluvia golpeaban con ruidos discretos la ventana. En aquel momento recordé con nostalgia que la causa de nuestro encuentro fue un libro… en aquella biblioteca. Fue la primera vez que el mismo libro tenía dos lectores apasionados a la vez… Por un instante pensé que un encuentro empieza con un libro, una historia de amor empieza con un libro, un buen diálogo empieza con un libro, una pasión para la vida empieza con un libro…Borges tenía razón: uno no es lo que es por lo que ha escrito; uno es lo que es por lo que ha leído.

¿Qué será la vida sin lectura?

Hay algunos libros que cuando entran en nuestras vidas, todo cambia y todo tiene un sentido. Los libros son puertas abiertas para el alma, rincones de tranquilidad para el espíritu, lluvias de lágrimas para las tristezas y los recuerdos, imágenes caleidoscópicas…. un mundo al cual no quiero renunciar; es el mundo del  poeta, el mundo de un narrador, de un artesano, del lenguaje que sabe esculpir la palabra y transformarla en algo que tenga sentido; el mundo de un escritor que trata desesperadamente atrapar lo eterno en una sola palabra, el mundo de un filósofo que busca refugio en las ideas; un mundo hecho para mí donde me siento en casa, en mi morada. Un libro es un acompañante fiel. A su lado, uno descansa en silencio, sueña con tranquilidad e imagina con alegría, encuentra alivio al dolor, se esconde del mundo y llora a escondidas. Un libro es un consuelo.

En la intimidad compartida de un libro sólo se puede tener respeto y aprecio porque el libro nos regala algo que nadie nos puede regalar: un misterio especial que siempre estará por revelarse. Un mundo creado sólo para mí, yo…el lector de las páginas abrumadas de tiempo, oliendo a nostalgias de la vida; yo el espíritu aventurero de un mundo que está por descubrirse, dentro de dos portadas. No es necesario viajar muy lejos, subirse a un coche, un avión o un barco para ver el mundo; entre dos portadas, el que ama viajar con los libros, encontrará siempre todos los paisajes del mundo, todos los rincones perdidos, todas la historias y toda la sabiduría; historias de vida, lágrimas y alegría. ¡Entre dos portadas…una vida entera!

Cuando era niña, me acurrucaba en un sillón o me perdía escondida en el jardín de mis abuelos, entre flores y árboles de manzanas, entre el grito de un pájaro y el silencio de una tarde calurosa de verano, lista para partir en la aventura de algún príncipe o princesa; de adolescente, me entretenía con libros de aventuras; aprendí sobre la valentía y la honestidad, pero también sobre la cobardía y la mentira mediante la lectura. Y decidí, como los caballeros medievales, salir al campo de batalle extender mi espada y luchar contra la mentira y la cobardía. Nunca olvidaré las tardes de verano, con lluvias interminables y yo, perdida en mi mundo, soñaba que podía luchar contra todos los males, porque a mi lado tenía el mejor amigo que me acompañaría en todas las batallas: un libro.

Poco a poco, este mundo se asienta en el corazón creando allá la biblioteca de los recuerdos; poeta tras poeta, escritor tras escritor, visitaban mi alma, la acariciaban con palabras y la alimentaban con esperanzas. Recuerdos de un mundo de libros: allá en este mundo cada día volviéndose una inmensidad de historias que me ayudaron vivir y comprender. 

Después de andar por estos rumbos de la lectura, me doy cuenta que ser lector, un lector profundo y apasionado, que tiene la capacidad de sentir el texto y de vibrar con cada descubrimiento en cada página, es un privilegio del cual no todos gozan. Pero yo leo para vivir en otro mundo, y luego regresar aquí con fuerzas renacidas; leo para encontrar amigos nuevos, vivir aventuras e intimar con personajes; escuchar sus secretos, acompañarlos en sus viajes… leo para abrir una ventana y respirar el aíre fresco de un bosque secreto, leo para soñar estrellas y caminar en la cuerda floja que las une; leo para poder calmar mi sed, tomando agua con mis manos del fresco manantial en el corazón de las montañas; leo para que me crezcan alas y volar lo más alto posible, tocar las estrellas y luego regresar y descansar en un pensamiento; leo para luchar con dragones, para ser una hada, para jugar con el aire como una mariposa, para dormir en los brazos de la luna, para cantar junto al atardecer; leo para pensar ideas, para dialogar; leo para andar como nómada entre miles de caminos sin reposar; leo para poder escuchar, para aprender la paciencia y el tiempo, leo para sentir viva mi propia historia, mi propia vida, leo para reconocerme en el otro, para aprender mirar el mundo, para ser yo…

Pienso en la quema de libros. Hoy ya no nos juntamos en lugares públicos para quemarlos, pero los quemamos con la ignorancia, con el pensar mediocre de que leer es pérdida de tiempo. Y…¡ay de aquellos que dan alas libres a este tipo de pensamientos! En épocas pasadas, los mediocres quemaban los libros, hoy los mismos mediocres piensan que la lectura es inútil. Pero como bien afirmaba Miguel de Unamuno: cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee…Hoy se piensa que ser erudito es un mal y el lector es visto con sospecha.

Leer a Tolstoi, a Dostoievski, a Goethe o a Rilke, etc., hoy puede resultar tremendamente aburrido. Pero no nos damos cuenta que lo único que manifestamos es el drama oculto pero expresado en nuestra forma de vivir: un mundo de etiquetas y simulacros; vivir de la manera más mediocre posible, pensando que lo valioso es vivir en ignorancia y ser “bueno”.

No se necesita saber, no se necesita leer, no se necesita pensar, y menos escribir.  ¡Se necesita ser bueno! - grita el ignorante, que desfila con vanidad sus bondades filantrópicas y sus virtudes compradas al precio barato de un mercado que vende fantasías.

No olvidemos que la forma de privar al hombre de libertad y de verdad de los regimenes totalitarios siempre fue prohibir la cultura, los libros, la escritura…Hoy ya no se queman libros, no se prohíbe la cultura, pero se aniquila el saber mediante su venta y compra al precio del mercado. El que ama los libros y se dedica a leer, hoy no es nada más que un objeto de intercambio en el mismo mercado barato que cualquier mediocre piensa que puede comprar. Pues entre un libro y el dinero ¿qué vale más?

Brodsky, el gran poeta y ganador del Nobel, logro escapar del la Unión Soviética, llegando, condenado al exilio, en Estados Unidos y ver como en el país de todas las posibilidades, los hombres al tener acceso a la lectura ignoraban leer, se sintió conmovido y afirmó decepcionado: “Peor que la censura, incluso peor que la quema de libros es la negligencias hacia la literatura, el no leer.

No se trata del destino de la cultura, se trata del destino del ser humano”. Pensar y afirmar que se puede vivir sin lectura se me presenta peligroso ya que vivimos un contexto diferente, en una sociedad dirigida por este vendedor de sueños que se llama mercado y, su amante fiel, la economía.

Aislados y ensimismados, sin sentido de la comunidad, vivimos más en un mundo virtual, del éxito inmediatos, de falsos deseos, de indiferencia que duele por lo cual la única manera de mantener los pies en la realidad es a través de la lectura, a la cual sí tenemos acceso y no leer, en este contexto en el cual los libros están a nuestro alcance, significa condenarnos a la más trágica de todas las condenas: condenarnos a no vivir desde la libertad.
………..
Cierros los ojos y veo como las bibliotecas arden en llamas y el humo se extiende sobre librerías… sobre nuestras almas.

Las bibliotecas se transforman en tumbas, almacenes de recuerdos de un mundo de “nunca jamás”. Miles de libros serán quemados y los autores de este crimen vamos a ser nosotros, los lectores de estos tiempos. Pero la quema no es con fuego, es con indiferencia e ignorancia. De repente, recuerdo a Bradbury quien hablaba de un mundo que se llenara de gente que no lee… Pero ¿a quien le importará? Me pongo triste. El mundo de los libros huele a humo y a indiferencia.

Pero debo resistir; debo andar por llamas, luchar con el fuego, ignorar la indiferencia. Leer, aunque una hoja al día; robarle tiempo al tiempo para poder encontrarme con un libro, en cualquier rincón, a cualquier hora. Será un encuentro secreto: sólo yo y el libro. Nadie sabrá de nosotros, nos encontraremos aquí y allá, en este instante y después y compartiremos emociones, aventuras y silencios. Esta sensación de abrir un libro y dejarse llevar hacia el mundo de todos los recuerdos, este instante no lo comparto con nadie y lucharía por el contra todos los fuegos que queman libros, contra todos aquellos que quieren matar con la indiferencia. Yo y un libro contra todo el mundo. Mi arma para sobrevivir.

Un libro es una flor, un árbol, un libro es el mar que se agita cuando lo toca el viento, es el beso robado a una hermosa mujer, un libro es una mirada, un libro es una lágrima, un libro es una noche hermosa de amor, un libro es vida, amor, libertad.

Leer es contemplar el atardecer, ver como vuelan en libertad los pájaros en el alto del cielo; leer es entrar en el santuario de nuestra alma y allá descansar un poco. Leer es viajar, ser nómada y moverse entre miles de mundos a la vez. Leer es bailar en miles de imágenes la danza del pensar. Leer es amar.

Entristece saber que algunos usan la lectura para medios oportunistas y para esnobismos baratos haciendo de este acto sagrado e íntimo, que es la lectura, en un medio para la arrogancia y la vanidad del ego. ¡Basta con desfilar este simulacro de sabiduría! ¡Basta de violentar con la intromisión vanidosa este santuario! Si de verdad aman la lectura, leen y aman en silencio sagrado de esta plegaría hecha de miles de palabras, escritas para hacer espacio a Dios, para “dialogar con Él”. 

Afirmaba alguien que la lectura debería ser felicidad y no supremacía en relación con los otros. Precisamente cuando ya no la presumimos es cuando de verdad leemos, cuando de verdad nos acercamos a la lectura desde la profundidad y de la intimidad de nuestro ser; es cuando hay en este acto algo de la presencia de lo divino.

Mi pensar se desvaneció en miles de ideas. Olvide del tiempo, olvide de ti. Sin embargo, seguías a mi lado, absuelto en las páginas de tu libro… No me atreví molestarte y abrí el mío.  Dejé que la lluvia cante su dolor y el fuego de la chimenea siga su danza. Empiezo a leer…