Sábado 14 de Diciembre, 2019 - México / España
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¿Por qué Toltecáyotl?



La civilización del Anáhuac y las culturas que de ellas surgieron en particular la  náhuatl encuentra en el Toltecáyotl las condiciones necesarias para darle sentido a su existencia.

Ella le brinda los recursos necesita al ser humano para lograr la plenitud existencial, la sabiduría, la experiencia individual y colectiva indispensables  para solucionar los problemas de orden material, y una vez resueltos estos problemas de orden material valerse de la sabiduría milenaria, para resolver el desafió existencial de trascender la vida en el plano espiritual.

Las culturas surgidas en el Anawak (es así que debería escribirse) se proclamaron a sí mismas buscadoras de la ciencia espiritual. Su objetivo en la formación de las personas era que llegaran a ser integrales. Para ello crearon escuelas en las que se enseñaba lo mismo astronomía, herbolaria, matemáticas, artes marciales, danza y además la educación era obligatoria, gratuita, estaba a cargo del estado. Y era universal ya que estaba abierta a todas las maneras de concebir el mundo. Crear seres humanos dueños de un rostro (in ixtli) y de un corazón (in yollotl) – una personalidad y una espiritualidad- a través de un sistema educativo que contemplaba todos los aspectos de la mente, el cuerpo y el espíritu.

Los mexicas lo llamaron NAWI OLLIN TEOTL, que significa “energía que gira en cuatro puntos” : del instinto a la inteligencia y de la voluntad a la conciencia. A sus escuelas las llamaron casa de jóvenes y atado de casas (telpochcali y calmecac).

Nos atreveriamos a decir que la Toltecáyotl, la gran cultura del pueblo anawaka era superior en todo a las naciones europeas excepto en armamento  Con la conquista muchos templos de energía (teocalli) situados en puntos geomagnéticos abiertos para el trabajo mental y espiritual se destruyeron  y construyeron en su lugar iglesias situadas estratégicamente a modo de fuertes militares, conventos tipo fortalezas típicos del S.XVI

Se destruyeron los observatorios astronómicos donde se practicaba un deporte cósmico –el juego de pelota u olama o tlachtli- y se destruyeron las casas de danza y canto así como los recintos de conocimiento integral (científico espiritual) y pronto construyeron las universidades.

Su misión era llevar de ese tiempo en adelante la pauta de un nuevo sistema educativo laico pero aún así lava cerebros, alejado del conocimiento indígena, que ha ido de mal en peor hasta la situación que vivimos actualmente.

En la facultad de medicina no se enseña medicina totonaca. En la facultad de arquitectura no se enseñan los modelos cósmicos de las grandes ciudades pre cuauhtémicas. En la facultad de ciencias políticas no se enseña organización política de los pueblos del Anahuac. En ciencias no se enseñan matemáticas mayas. En la nacional de danza no se enseña la danza azteca. En artes plásticas no se enseñan los modelos toltecas. Luego entonces, lo universal de las universidades es un mito.

Porque dentro del conjunto de lo universal está incluido lo propio: ¡En la realidad está excluido!

Todas las teorías, formas, deportes, artes, técnicas y saberes que se enseñan en las universidades provienen de Europa y Estados Unidos. La UNAM, las demás universidades y en general todo el sistema educativo de nuestro país llevan a cabo un sistema de educación importado en el cual no quedan huellas de nuestras raíces culturales de nuestro Toltecáyotl.

Nos cambiaron escuelas de ciencia integral por fábricas de burócratas (¡empleados y desempleados!) ignorantes de su propio origen, apáticos, carentes de un amor a la naturaleza y a su cultura (Toltecáyotl)

Muchos se convierten en zombies con título, con profesión, orgullosos de haber logrado ser alguien en la vida.  Otros se vuelven ladrones de tesis, profesores con la misma cantaleta ensayada mil veces, preocupados por obtener un mísero ascenso en lugar de por formar seres íntegros y capaces. Se han convertido en fabricantes de “pseudo líderes”,  jóvenes con el cerebro lavado, pero con una gran de formación profesional técnica especializada, quienes a la primera oportunidad salen disparados huyendo para siempre de su nación solo para insertarse magistral (o doctoralmente) en la burocracia de otro país.

Otros estudian con un método impecable a nuestros indígenas como si fueran simples objetos con el fin de escribir un artículo más para la gran antropología nacional y así obtener un grado más en la larga cadena de burócratas aferrados y así poder presumir (¡a quien sea!) su gran conocimiento. Por supuesto conozco excepciones, alumnos y maestros con un corazón de jade y turquesa, pero ellos también son engañados o utilizados y algunos otros tienen que soportarlo por necesidad.

No quiero estudiar a mis hermanos como si fueran cosas para añadir un renglón más a mi currículum. Prefiero ser "india" para conocer mi origen, mi herencia y mi destino. No quiero estudiar “ruinas arqueológicas”: QUIERO DANZAR EN ELLAS. Los universitarios técnicos en restauración arqueológica son muy necesarios y agradecemos su invaluable trabajo. PERO NO SON LOS DUEÑOS DE LAS ZONAS SAGRADAS. Estas  pertenecen a los pueblos indígenas y a todo aquel que se asuma como indígena de alguna nación y en general a todo el pueblo de MEXIHCO.

Todos los universitarios y  aún más  los anáhuacas, que quieran transformarse y transformar el sistema educativo deberán indagar mucho su origen más antiguo, el que ha estado en la tierra por miles o millones de años, el endémico. Para crear mexicanos orgullosos de su cultura amantes del Toltecáyolt en la cual se encuentra la raíz latente y la esencia de su existencia. Recordemos que nadie ama lo que no conoce.

¡Viva la Totecáyotl, cultura viva!