Martes 01 de Diciembre, 2020 - México / España
Un vínculo entre México y el Mundo
Facebook Twitter Whatsapp

DARK o la Refracción del tiempo.



En fechas recientes la serie de Netflix de producción alemana DARK (2017-2020) del director Baran bo Odar ha tenido un éxito inusitado al grado que en algunos centros educativos de prestigio se han ofrecido cursos acerca de las teorías científicas, filosóficas y religiosas que configuran la serie. Y sin tratar de caer en la inercia de comentar las modas comerciales de los productos de Netflix que se hacen virales, creo que sí es una serie que plantea cuestiones existenciales de fondo que laten de manera universal en la experiencia de ser humanos. Como diría Robert McKee, el buen entretenimiento es aquel que nos habla de nuestra condición y sentido de la vida, lo que es el caso precisamente de DARK, pues trata uno de los temas recurrentes en la cultura: la inexorabilidad del tiempo.
 
El tiempo es de aquello que todavía tenemos mucho que aprender ha dicho el gran cineasta y poeta ruso Andrei Tarkovsky en su diario Martirologio, y si en el cine de lo que se trata es de esculpir el tiempo, con la intención no solo de atrapar la vida, sino de devolvernos la vida, como la capacidad de volver a creer en este mundo, como afirmaba el filósofo francés Gilles Deleuze en su libro La imagen-tiempo. Estudios sobre cine 1, es precisamente porque el cine es una máquina del tiempo, en el sentido de que crea imágenes del acontecer, del trazo de la realidad, de su llegar a ser, sin detenerse ni reducirse a una pose o un momento. Por lo que no solo puede rehacer o construir la existencia factual de las cosas, como las reconocemos o las recordamos, sino que lo hace gracias a que en las imágenes en pantalla se expresan, como ha afirmado Deleuze, sus virtuales, esto es que cada imagen duplica con su actualidad presente un aura de posibles y con ello hace que en la repetición cinemática la imagen actual adquiera posibilidades nuevas de verdad. Las cuales exigen que para conocerlas creamos en ellas, como creemos en las ilusiones de un prestidigitador, es decir, que podamos elegir que los posibles son posibles de nuevo y así recuperar o recomenzar el tiempo que hemos perdido, que aún no hemos vivido o que se nos ha ido de las manos en consonancia con la filosofía del cine de Andrei Tarkovsky.
 
El cinematógrafo es la máquina que con los artistas adecuados permite atrapar, generar y pensar en el tiempo  como duración y por eso se vuelve el ámbito más interesante para saber aquello que tanto nos hace falta, la respuesta a la experiencia paradójica del tiempo y que está en el corazón de la serie de Dark: ¿Porqué entre más avanza el tiempo en su aniquilación es al mismo tiempo la generación de la continuidad? Si pudiéramos viajar en el tiempo ¿podríamos cambiar el curso de la aniquilación a favor de la continuidad o, viceversa, cambiar el curso de la continuidad para lograr la aniquilación?  Probablemente la pregunta real dentro de la serie se parece a la de Tarkovksy ¿Qué es lo que debemos aprender del tiempo y que el cine puede hacerlo? ¿Qué es lo que aprendemos del tiempo en la serie de Dark, con el viaje de los personajes en ese eterno retorno de mundos en espiral infinitos?
 
No es una pregunta fácil de contestar, aunque si una preocupación medular, por ello ha sido fascinación de la imaginación, de la investigación científica y el misterio de la filosofía, así como revelación de la religión. Porque esta pregunta denota la conciencia que tenemos de que si bien el tiempo es maleable, no puede destruirse; denota también que las líneas causales de los acontecimientos se pueden comprender como redes en el tiempo, pero como sucede en Dark, los viajes en el tiempo problematizan y profundizan existencialmente la pregunta ya que, la motivación de los viajes es creer que la causalidad de los acontecimientos tienen una relación lineal con el tiempo medido por las épocas, de tal forma que si viajar al pasado para matar de niño al que fue el asesino de mi hermano, como es el caso del personaje de Ulrich (Oliver Masucci), mi hermano viviría. Pero, lo que la serie muestra es que la realidad del tiempo es más compleja, porque es una causalidad  rizomática como ha acuñado Deleuze, es decir no hay tal linealidad de causas, sino más bien una bifurcación múltiple de tiempos, una refracción del mismo al modo de la luz; a veces de forma simultánea o a veces duplicándose en sentidos múltiples, o hasta en mundos paralelos, por lo que las consecuencias siempre contienen ese hálito de imprevisible al grado de que es indiscernible cuál de los personajes y de qué época es el real y cual el virtual. 
 
Paradójicamente todo ocurre, sucede y se traspasa en el mismo lugar, en el mismo espacio fantástico, en el hipotético mundo e inexistente pueblo alemán de Winden, donde el portal donde el tiempo se refracta es una cueva subterránea generada por las malas decisiones motivadas por ambiciones de los seres humanos con relación al manejo y construcción de una planta de energía nuclear. Es como si ese portal concentrará al mismo tiempo la teoría de la relatividad del tiempo, la física cuántica y las concepciones filosóficas y místicas de este. Pero lo interesante es que es la libertad humana, no las teorías, la que con sus actos ha hecho que en ese  espacio y en ese momento, el tiempo se refracte , se descomponga, y veamos sus dimensiones internas gracias al poder del cine, que de algún modo posee esa naturaleza de refractar el tiempo: no ver le tiempo asociado a un objeto o a un movimiento o a una época sino verlo en su propio devenir creativo.
 
El cine hace posible mirar de forma simultánea las bifurcaciones, los paralelismos y las intromisiones actuales y virtuales. Entonces, así como los personajes asisten a la cueva del pueblo, nosotros como espectadores asistimos a la pantalla, ambos ejerciendo la esperanza de la repetición, para viajar en el tiempo y constatar que es un eterno retorno. Lo cual no significa que se repita o se retorne a lo mismo y a lo idéntico, sino que una y otra vez es posible alguna diferencia, una novedad que es la fuente de la vida, tanto de la historia dentro de la serie, como de nuestro deseo de mirarla.  De tal forma que siempre, aunque está presente en la trama la idea del mito del hilo de Ariadna del destino que nadie puede romper, que sería el inexorable paso del tiempo, ésta se contrasta con la libertad como una intromisión o  suspensión del tejido de Ariadna. Por lo que si bien no se rompe el hilo del tiempo sí se construyen diversos tejidos: el tiempo es más que el hilo, es la duración como potencias infinitas siempre presentes, el aliento vital (élan vital) del que hablaba Henri Bergson y cuya plenitud es la libertad, lo cual implica un modo de responsabilidad y que es el eje del arco dramático de los personajes de Jonas y Martha.
 
La serie inicia por ello como si esa refracción -esa descomposición en las formas de ser- del tiempo que producen los sucesos misteriosos y con cierto aire macabro y de suspenso, se conviertan en un mundo fantástico donde los personajes se saben viajeros del tiempo. La trama juega con su destino de ser personajes que pertenecen a un mundo, a después creerse dueños de ese mundo, que se ha dividido en dos bandos opuestos con nombres míticos y bíblicos: Adan y Eva, para finalmente, reconocer que no son más que viajeros del tiempo. 
 
Jonas y Martha, son esos transeúntes, que como personajes de un filme saben que solo son eso y al final de la historia, como sucede efectivamente en la serie, lo único que reconstituye al mundo de nuevo es su propia desaparición, haciendo que todo el tiempo -el relato- comience de nuevo. Es como si la cueva y la pantalla fueran el espacio ritual de lo que Mircea Eliade llamaba el Illo tempore, el origen de todos los tiempos, no por nada en toda la serie ese lugar, la cueva o la planta nuclear, es el eje de los viajes, de las digresiones, ya sea con máquinas, o ya sea por la naturaleza de la energía o porque se ha encontrado la partícula de Dios.
 
Dark mueve la historia por que el tiempo se entreteje en las relaciones que entraman el sentido de la vida de las personas: sus relaciones de amor; ya sean familiares, de amistad o de pareja. Lo que el tiempo significa en Dark no es una variable de la física, aunque tenga sus elementos físicos, sino una variable siempre presente de las múltiples posibilidades hacia donde las acciones de la libertad humana pueden dirigirse en sus relaciones y ¿a dónde se dirigen? Siempre en sentidos duplicados simultáneos, nunca hacia una sola dirección, no cabe en Dark decir que siempre hay que mirar hacia el futuro o que siempre hay que recordar para no repetir los errores del pasado; más bien en Dark aplica el que cualquier mirada al futuro modifica el pasado y cualquier recuerdo modifica el futuro, y en el intersticio de ese proceso se realiza el presente, que es un devenir infinito, precisamente un viaje en el tiempo donde la responsabilidad se asume en ambas direcciones. 
 
Esto es lo que Jonas y Martha, van descubriendo en los diversos episodios, a través de sus confrontaciones con sus propios “yo” de cada tiempo y de cada mundo, por eso la pregunta importante en la serie que se repite una y otra vez, no es ¿dónde? sino ¿cuándo?. Esto se ve visualizado en los episodios finales de la tercera temporada de Dark, muy al estilo de las imágenes de Nietzsche sobre el eterno retorno, cuando Jonas y Martha, los viajeros, se encuentran en la cueva, en el momento en que todo se origino, y el tiempo aparece como halos de luz que se dividen en dos direcciones. Hacia una dirección mira Jonas  y ve al final de la misma a Martha de niña, que lo está mirando,  y Martha que mira en la otra dirección a Jonas de niño que la mira a ella, como si la refracción del tiempo y los mundos, el origen del relato, hayan sido las decisiones que tomaron en sentidos opuestos y ahora se redefine su conciencia como reconstitución de ese origen.
 
¿Qué buscaban cada uno de ellos con sus viajes? La continuidad de lo que hace deseable la vida y la aniquilación de lo que la impide, por ello Jonas y Martha, dividen la realidad en esos dos mundos paralelos que se interconectan donde el tiempo como duración permite que la libertad humana se dirija en una otra: uno cree que se debe terminar con el momento del apocalipsis y otro que se debe provocar el apocalipsis, pero en realidad la respuesta al final de la serie es enigmáticamente propia de un relato fantástico, los personajes de los mundos alternos en el medio de su viaje y de su juventud, de nuevo Jonas y Martha, se dan cuenta que la decisión correcta,  en ese círculo infinito del eterno retorno, es no haber existido nunca, de tal forma que el relato que nos tuvo en suspenso toda la serie, comience de nuevo de una forma y con relaciones completamente diferentes, terminando con la duplicidad, pero al mismo tiempo dejando en vilo la apertura de una nueva duplicación.
 
Se cree que si uno pudiera viajar en el tiempo podría ir al pasado para rehacer los eventos que han producido causalmente lo que no nos ha gustado de nuestro presente. Ahora bien si uno viajara a ese pasado quiere decir que viaja teniendo certeza del futuro que en ese pasado, ahora presente, es en realidad un posible. El tema es que si esto fuera posible la línea causal se modificaría pero, al mismo tiempo, también se modificarían otras posibilidades y  otras potencialidades, es decir surgirían nuevas e inesperadas e impredecibles realidades que, si regresáramos al presente, es decir a ese futuro, las cosas se habrían modificado pero, también se habrían modificado la red de relaciones posibles. En otras palabras, en parte esto es lo que quiere decir Gilles Deleuze de que los bloques de espacio y tiempo no son conjuntos cerrados, sino que al modificarse la relación entre ellos se modifican las posibilidades y las potencialidades abiertas, la duración o el Todo, lo cual quiere decir que lo que deviene en cada cambio no solo es una línea causal sino una red de relaciones que explotan en posibles. 
 
Esto es lo que tiene posibilidad de seguir novedosa e indefinida e infinitamente algo nuevo, no hay nada cerrado ni determinado, el hilo de Ariadna no es un hilo definido, sino una línea infinita con la que  Nicolás de Cusa hablaba de Dios. Esto es lo que Kierkegaard llamaba el “fraude del devenir” que significa lo siguiente: que el devenir se pueda pensar como la actualización de las formas eternas o de las ideas, cuando en realidad es la actualización de nuevas posibilidades, virtuales o ámbitos indefinidos, y en ese sentido en términos antropológicos, nunca se puede fijar el Todo a un sujeto, el devenir siempre lo defrauda, es decir no se actualizan nunca las posibilidades, sino que se generan nuevas, y en ese sentido, el pasado nunca es una necesidad como solemos pensar. Lo cual quiere decir que siempre hay posibilidades nuevas, y que el sentido de viajar en el tiempo no tendría que ser modificar los eventos, sino recuperar el sentido, es decir las relaciones de actualidad y posibilidad en el que los acontecimientos se llegaron a dar, de tal forma que en el propio tiempo las elecciones deriven en algo diferente.
 
La repetición, en el cine como en el relato de la serie,  no es algo que se controle por un sujeto pero, sí es una responsabilidad del sujeto permitir la repetición, es decir elegirla para recibir lo que está por venir, y no elegirla para definirla. Por eso la autodeterminación no es fija, es un acto de encuentro creativo. Así, el mal se representa como el sujeto que quiere ser el Todo y apoderarse del misterio del devenir. He ahí el aprendizaje de Jonas y Martha, podría decirse en algún momento de la serie ¿quién de los personajes es más nihilista y escéptico? Al parecer es Adan-Jonas, quien es también el narrador de casi de todos los episodios -esto es también interesante porque la voz en off de la narración cambia según el mundo a veces a Martha- de tal forma que este viaje en el tiempo tiene que ver con la memoria,  y el cine es esta máquina del tiempo, no como mecanismo, sino como proceso maquínico, es decir de relaciones de traducción entre una forma de ser y otra, de regresarnos una relación mas originaria con las posibilidades perdidas. Recuperar el tiempo perdido en el fondo es recuperar el sentido de las relaciones posibles y en ese sentido comenzar de nuevo, la duración es la presencia misma de lo posible. Entonces al viajar en el tiempo modificamos la duración en la medida en que modificamos las relaciones. 
 
Volvemos al punto, ¿Qué hemos aprendido del tiempo? Como decía Tarkovsky o ¿Qué hemos aprendido con Jonas y Martha de sus viajes en el tiempo? Caben muchas respuestas, pero ¿no podríamos en relación con lo dicho decir que lo que se aprende es a viajar? ¿que se aprende a vivir como tiempo? Pretendemos a veces negar el tiempo, detenerlo, controlarlo, manipularlo porque creemos que es un aspecto de la realidad y no la realidad misma de nuestra existencia, saber viajar sería saber vivir como aliento vital, y en ello yace el corazón de la relación entre creer y amar, que finalmente se da entre Jonas y Martha para terminar y renovar el relato, como diría el gran escritor Mauricio Wiesenthal, deberíamos aprender a ser hombres transfronterizos, seres del viaje.