Como abrebocas a la celebración del centenario de la Generación del 27, el escritor cubano Leonardo Padura presentó en la pasada Feria Internacional del Libro de Monterrey 2026 el libro Lorca York (Sial Pigmalión, 2026), del diseñador y fotógrafo colombiano Iván Onatra.
"¿Qué voy a hacer? ¿Ordenar los paisajes? / ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, / que luego son pedazos de madera / y bocanadas de sangre?" Desde los versos de Federico García Lorca, y entre avisos, grafitis, carteles, letreros y anuncios que atraviesan Nueva York, Iván Onatra crea en este volumen una propuesta visual con la que recorremos la icónica capital del mundo con otros ojos.
Desde la mirada del poeta español, una que reconoce la belleza del caos, este libro también se hace imagen en una exposición fotográfica cuyo antecedente, Macondo York, ha recorrido las grandes ferias del libro y eventos culturales del mundo.
La exposición creada a partir del proyecto Lorca York se pudo ver también en la FIL Monterrey como una actividad que anticipó la presencia de España como país invitado de honor del encuentro literario en 2027. Además, Onatra impartió un taller de creatividad titulado "Narra Monterrey con lo que hay"con la idea de invitar al público a revalorar los letreros de nuestras ciudades y a mirar de cerca la obra de García Lorca.
Nueva York ha sido vista por muchos maestros y en su obra dialogan dos de ellos. ¿Cómo se ha dado la conversación entre García Márquez y Lorca a través de estos dos libros centrados en la Capital del Mundo?
¡Ah! ¡Los García en Nueva York! Los dos llegaron como extranjeros y dejaron en sus textos una relación de amor y odio con la ciudad. En Macondo York busqué la Nueva York que Gabo imaginó y escribió antes de conocerla. En Lorca York parto de la Nueva York que Lorca vivió y sufrió. Son dos miradas muy distintas sobre una misma ciudad: una más macondiana; la otra, mucho más visceral, pero ambas muy vigentes. Hay, además, algo que los conecta: los dos hablan del frenetismo, de la experiencia de encontrarse —y a veces perderse— en la ciudad y de la necesidad de reinventarse. Mi trabajo consiste, simplemente, en poner esas dos miradas a caminar por las mismas calles.
¿Dónde nació su relación con Federico García Lorca?
Lo conocí como conocemos a tantos grandes escritores, pero fue con Poeta en Nueva York donde descubrí algo que me resultó extraordinariamente contemporáneo para su época: la manera en que construye un diálogo entre palabra e imagen. Ahí encontré un interlocutor para mi propio trabajo: un poeta que llegó con una pluma a Nueva York hace casi cien años. Yo llegué con una cámara.
Usted dice que Nueva York es "una urbe que agudiza los sentidos de cualquier ser humano". ¿Qué cree que resonó en Lorca para escribir Poeta en Nueva York?
Esa ciudad debió ser para Lorca una especie de electroshock. Si tuviera que resumir su experiencia en una palabra, sería "demasiado": demasiado grande, demasiado rápida, demasiado diversa, demasiado anónima. Pero también profundamente humana. Creo que Lorca encontró una ciudad que le permitió hablar de cosas que llevaba dentro: la soledad, la injusticia, el deseo, el racismo, la angustia y también la belleza. Nueva York no necesariamente le dio respuestas; Le dio preguntas. Y las buenas preguntas crean buena literatura.
¿Cómo dialogó Nueva York con la literatura en español?
Nueva York ha tenido una relación muy fértil con la literatura escrita en español. Para Lorca fue una experiencia de ruptura; para otros escritores, un territorio de descubrimiento, exilio, mezcla y transformación. La ciudad tiene algo muy particular: no te pregunta de dónde vienes, pero rápidamente te obliga a preguntarte quién eres, y eso, para un escritor, es combustible. De hecho, esa pregunta aparece literalmente en dos imágenes del libro: "¿Quién eres?"
En Poeta en Nueva York Lorca fue crítico con la ciudad —el racismo, la violencia, su "angustia imperfecta"—. ¿Cómo trasladó eso a las imágenes y a los textos?
Yo dejé que las palabras de Lorca caminaran por una Nueva York contemporánea y vi qué ocurría. Por eso las fotografías no buscan representar literalmente sus poemas; son asociaciones, encuentros, coincidencias visuales. Una palabra de Lorca puede encontrarse con un letrero, una textura, un rostro, una señal de tránsito o una arquitectura. A veces la ciudad parece contestarle; otras, parece llevarle la contraria.
¿Cuál fue el mayor desafío a la hora de encontrar y ensamblar las imágenes que dialogaran con la persona y la obra de Lorca?
El mayor desafío fue mantener la identidad y el espíritu de Macondo York y, al mismo tiempo, diferenciar Lorca York desde la esencia de cada autor. No quería hacer una fórmula repetida con otro escritor. Cada autor tenía que encontrar su propia Nueva York. En ambos casos también tuve que resistir una tentación muy grande: buscar imágenes "cliché".
¿Cuál es su foto favorita?, ¿cuál de las imágenes cree que representa mejor el espíritu del poeta?
Tengo varias, y sospecho que eso es una manera diplomática de no contestar la primera pregunta. Pero hay imágenes que siento especialmente lorquianas: "Cool Poetry", "Drowning in the Sea of Nonsense" y "Fugitive Materials". En ellas la ciudad parece estar a punto de convertirse en otra cosa. Y creo que ahí aparece el espíritu de Lorca: cuando una fotografía deja de ser solamente una fotografía y empieza a insinuar una historia.
¿Cómo ve hoy la figura y la obra de Lorca, a un año de celebrarse el centenario de la Generación del 27?
Lo extraordinario de Lorca es que no parece un escritor de hace cien años. Sigue siendo incómodo, contemporáneo, político, sensible, sensual, visual y profundamente libre. Y, sobre todo, les sigue hablando a las generaciones que no tienen ninguna obligación de conocer la historia de la Generación del 27 para sentirse interpeladas por él. Eso es lo que hace que un clásico esté vivo: que todavía tenga algo que decirte y, de paso, que pueda incomodarte.
¿Qué aprendizajes obtuvo de la experiencia con Macondo York, que implementó en este nuevo libro?
Principalmente, aprendí que un libro puede ser un objeto, pero también puede ser una conversación. Macondo York abrió esa puerta; Lorca York la empujó un poco más. También aprendí que cuando las ciudades adoptan a los artistas, sus voces se amplían y se genera una relación gana-gana. Esas vivencias, esos encuentros y también esos desamores son el punto de partida y la inspiración de mi trabajo.
¿Cómo "lee" la relación de Latinoamérica y de México en particular con el poeta granadino?
En Latinoamérica hay una sensibilidad muy cercana a la suya: la mezcla de lo popular y lo culto, el humor y la tragedia, la fiesta y la muerte, lo cotidiano y lo poético. Lorca tiene una enorme capacidad para cruzar fronteras culturales porque habla desde lo local para llegar a lo universal. México tiene un vínculo especial con él: allí se publicó, el 15 de junio de 1940, la primera edición en español de Poeta en Nueva York. Por eso me enorgullece que, por solicitud de la Feria Internacional del Libro de Monterrey, Lorca York se presente allí como primicia mundial en gran formato. De alguna manera, el libro vuelve a México casi como quien regresa a casa.
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