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Hace medio siglo hubiera dado todo por la Revolución cubana. Ingenuo, como miles de jóvenes de mi generación, creí ciegamente en el panfleto publicado por Rius, Cuba para principiantes.

¡Todo sonaba tan bien!, parecía que la utopía podría ser una realidad. No era inocencia, personajes de la talla de Julio Cortázar escribió un texto dedicado al Che Guevara; Carlos Fuentes también defendió la Revolución; José Agustín fue más práctico y se alistó para alfabetizar; el general Lázaro Cárdenas fue en persona a defender esa Revolución.

Decenas de intelectuales, periodistas, artistas y el mismo pueblo mexicano defendieron con todo esa revolución. (Aun hoy, mucha gente se atreve, incluso, a juntar a José Guadalupe Posada, en una exposición, con el carnicero Fidel Castro).

La solidaridad hacía el castrismo comenzó pronto. Al poco tiempo de la caída de Batista, dos importantes intelectuales mexicanos,  Fernando Benítez y Enrique González Pedrero, publicaron La batalla de Cuba (1960), la primera obra que apoyaba y defendía abiertamente a la Revolución cubana.

Mientras, en el mundo, Jean Paul Sartre publicó Huracán sobre el azúcar, apenas unos meses de que los barbudos tomaran el poder; un libro que es, sin duda, una apología del castrismo. El mundo intelectual y político de izquierda se volcó a favor de Castro.

Pero, hace muchos años, se acabó la revolución. “Llegó el Comandante y mandó a parar”, como dice la canción de Carlos Puebla.

Curioso que la ceguera nos impidiera (nos impide) ver las mentiras de Castro desde el mismo momento que afirmó no ser comunista, que habría elecciones libres, que Cuba sería una democracia. De hecho, el Partido Socialista ni se enteró de nada, aunque luego se subió al barco de los triunfadores, con el aval de Moscú.

Vaya alucinación que tuvimos, cuando Castro no sólo censuró a los homosexuales, sino que los mandó a Centros de rehabilitación y afirmó “la sociedad socialista no puede permitir ese tipo de degeneraciones”.

Lo mismo ocurrió con la misoginia, al considerar que las cubanas se prostituían porque les gustaba el sexo. En un discurso en la Asamblea Nacional el 11 de julio de 1992, dijo que las cubanas “son prostitutas sumamente educadas y muy saludables”.

Más aún, persiguió a hombres y mujeres que podrían tener una visión diferente. Así, encarceló a sus antiguos camaradas como Huber Matos y a otros cientos de militantes más. Personajes como Carlos Franqui, debieron desaparecer de la escena política y otros, como el héroe de Angola,

Lo mismo con escritores como Heberto Padilla, que fue un importante detonante de la crisis castrista; Padilla ganó el premio de poesía Julián de Casal, con el poemario Fuera del juego. El libro se imprimió con una nota de la Unión de Escritores de Cuba que mostró su desacuerdo por el premio al considerar que era “ideológicamente contrarios a la Revolución”. Pero la rompimiento llegó con la encarcelación a Padilla, años después, lo que significó la ruptura de importantes intelectuales que había apoyado a Castro.

Menos famoso fue el caso de la persecución al cantante y compositor Frank Porcel, autor de En busca de una nueva flor, que fue el himno del Festival Mundial de la Juventud, en 1978 y de esplendidas canciones como Diario, una hermosa canción que interpretó Nacha Guevara y Amaury Pérez. Porcel fue perseguido y acosado por los integrantes de la nueva trova, con Silvio Rodríguez a la cabeza y otros personajes como Virulo, que reside hace años en México y Amaury Pérez. Porcel vivió encerrado y sin trabajo durante 9 años hasta que se le permitió salir de Cuba.

Castro construyó un lumpen-socialismo, después de realizar innumerables proyectos que fracasaron, de destruir la economía del país y plantear absurdos como el proyecto de los 10 millones de toneladas de azúcar o la creación genética de una vaca lechera.

Vivir de la URSS lo llevó a enviar a miles de cubanos a una guerra absurda en Angola y apoyar a grupos guerrilleros en otras partes del mundo.

Un tipo seductor, ha logrado que los mexicanos que le apoyan olviden la traición a Cuauhtémoc Cárdenas al venir a México para avalar y aplaudir el fraude electoral de Carlos Salinas de Gortari en 1988.

Pero hoy, 56 años de revolución, sin la URSS y sin el petróleo de Venezuela tienen en la oscuridad, literal, a Cuba.

Castro, no lo hizo sólo, por supuesto, fundó un régimen corporativista, al estilo del fascismo italiano, con cédulas calle por calle: los terroríficos Comités de Defensa de la Revolución, convertidos en chivatones, como en los tiempos de la Santa Inquisición.

Ah, pero además, tuvo sus cantantes de gesta, como Carlos Puebla cuyas letras panfletarias justificaban todo; o el diputado Silvio Rodríguez que hace unas semanas, de manera ridícula, apareció solicitando un fusil (sin embargo, su hijo Silvito el Libre, con gran dignidad ha cantado críticas a la dictadura).

Este 13 de agosto se cumple un siglo de su nacimiento y el mundo comunista, lo que queda de ello, se han volcado a festejar.

Es paradójico, mientras la otrora hermosa Habana, hoy convertida en un muladar, reúne a militantes comunistas de todo el mundo, con banquetes y brindis, la población cubana sufre una situación completamente desoladora y sin nada que comer.

Y mientras Taibo II “lleva la luz”, con su colección publicada en el FCE, los cubanos no pueden leer por falta de energía eléctrica y vivir en la tinieblas

Si bien, todo el enamoramiento hacía Castro comenzó con el libro Cuba para principiantes, casi nadie leyó Lástima de Cuba: El grandioso fracaso de los hermanos Castro, libro de Rius, publicado en 1994, hace treinta años cuando las cosas estaban muy lejos aún, de la tragedia de hoy.

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