Probablemente para cuando aparezca publicado este texto ya se habrán aprobado los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias. En el Congreso no hay nada que lo impida. En México, el Poder Legislativo, igual que el Judicial, está a las órdenes del Ejecutivo.
Pero, ¿en verdad necesitamos proteger a las audiencias? ¿De qué? Al parecer lo que se busca es protegernos de noticias falsas y desinformación. ¿Quién decidirá sobre la veracidad de cierta información? El gobierno por supuesto. Eso, aquí y en China, se llama censura. Vayamos llamando a las cosas por su nombre.
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La Declaración Universal de Derechos Humanos, que bien harían en leer nuestros legisladores, establece en su artículo 19 que:
“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”
Por más que me esforcé, no encontré en ningún lado el derecho a “recibir contenidos que reflejen la pluralidad ideológica, política, social y cultural y lingüística de la nación”, que es lo que se plantea en la iniciativa.
Lo que dice el Art 19 es que tenemos (o deberíamos de tener) el derecho de “investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”
Resulta irónico que se considere al pueblo bueno y sabio tan preparado como para elegir jueces y magistrados, pero tan ignorante como para poder distinguir una noticia falsa, y que por tanto requiere de la “protección” del gobierno.
No nos dejemos engañar. Ya la periodista Anne Applebaum señala en su libro Autocracy, Inc. que los gobiernos autoritarios parecieran tener un manual de operación en común, pues emplean las mismas tácticas en diferentes latitudes.
Nuestros Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias no son nada nuevo. Son una copia de otros previos. En el proceso de destrucción de su país, el presidente venezolano Hugo Chávez promulgó, en diciembre de 2004, la Ley de Responsabilidad Social en Radio y la Televisión, mejor conocida como “Ley Resorte”.
En su momento, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos expresó su preocupación antes de la aprobación definitiva de esta Ley, por considerar que podía ser incompatible con los estándares interamericanos sobre libertad de expresión, como en efecto lo fue.
En todos los regímenes autoritarios hay leyes y reglamentaciones que restringen la información a las que los ciudadanos tienen acceso. Sucede en China, en donde hay un control absoluto sobre lo que sus ciudadanos pueden enterarse. Infinidad de palabras o conceptos, como por ejemplo “Tiananmen”, en referencia a la masacre perpetrada por el gobierno chino en 1989, en donde murieron cerca de 2,600 personas, son por completo inaccesibles en China.
Sucedió en la Alemania Nazi, durante la Segunda Guerra Mundial. Escuchar alguna emisora de radio extranjera estaba penado con el castigo de ser enviado a un campo de concentración. Las noticias oficiales del régimen exaltaban los triunfos del ejército alemán, incluso días antes del suicidio de Hitler y la capitulación final.
George Orwell lo plasmó en su novela distópica “1984”. Las noticias eran reescritas una y otra vez en función de las necesidades del régimen. Cualquier parecido con la “mañanera” es mera coincidencia. ¿Cuáles serán los criterios del censor del gobierno para filtrar noticas falsas? Por supuesto, cualquier cosa que no vaya de acuerdo con la narrativa oficial.
Mientras tanto, en las mañaneras nos seguirán mintiendo todos los días con total desparpajo. El analista y consultor mexicano especializado en ciencia y comunicación política, Luis Estrada, hizo un seguimiento cuantitativo de las afirmaciones de López Obrador en las mañaneras. Por ejemplo, en junio de 2021 reportó 56,181 afirmaciones falsas o engañosas en 943 conferencias, unas 88 por conferencia.
Si el gobierno quisiera en verdad darnos elementos para distinguir las noticias falsas, invertiría de manera decidida en el fomento de la lectura, pues la lectura profunda es lo único que nos permite generar la capacidad de pensamiento crítico.
La prestigiada neurocientífica mexicana Esmeralda Matute nos lo dice con toda claridad:
“Para pensar se requiere un razonamiento abstracto que involucra operaciones en símbolos mentales, que es lo que se llama representaciones mentales, que permiten crear evidencias y argumentos, y solo con evidencias y argumentos podemos generar conocimiento. Y solo generando conocimiento somos capaces tener un pensamiento crítico y de disentir.”
Sin embargo, a los gobernantes de regímenes autoritarios no les gusta que sus súbditos puedan generar pensamiento crítico. No les gusta el disenso. En este sentido, las investigaciones de la Dra. Matute coinciden por completo con los hallazgos de un grupo de científicos europeos, publicados en el Manifiesto de Liubliana:
“Para participar como ciudadanos informados en una sociedad democrática, necesitamos habilidades y prácticas de lectura de nivel superior que van mucho más allá de la mera decodificación de textos. La lectura no solo es la principal vía para el desarrollo personal, el fundamento del aprendizaje permanente y la base de gran parte de nuestro intercambio de información, sino que también es una dimensión central de la interacción y la participación social.”
“Son especialmente los textos extensos, como los libros, los que perfeccionan nuestras habilidades de lectura de nivel superior. La lectura de alto nivel es nuestra herramienta más poderosa para el pensamiento analítico y estratégico. Sin ella, estamos mal preparados para contrarrestar las simplificaciones populistas, las teorías conspirativas y la desinformación, y, en consecuencia, nos volvemos vulnerables a la manipulación.”
Todo lo anterior quiere decir que no necesitamos un censor del gobierno para que nos indique qué podemos y qué no debemos leer o escuchar. Lo que necesitamos son las herramientas para desarrollar el pensamiento crítico que nos ayude a identificar las noticas falsas.
El problema de fondo es que los gobiernos opacos, como todos los regímenes autoritarios, incluyendo el nuestro, no desean ciudadanos con pensamiento crítico, sino súbditos que obedezcan órdenes. Por eso el gobierno de México se siente tan cómodo frente a la catástrofe educativa que vivimos. Es mejor tener personas ignorantes, pero obedientes, que ciudadanos con pensamiento crítico.
Lo que nos queda es resistirnos a la censura con todos los medios posibles. Lo hemos hecho antes y lo podremos volver a hacer.
Contenido sindicado vía RSS de El Universal Cultura. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/cultura/confabulario/necesitamos-proteger-a-las-audiencias/