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Antes de que el ensayista, narrador, editor y traductor Gabriel Bernal Granados (Ciudad de México, 1973) publicara su libro más reciente, Catedrales y moradas (Mano Santa Editores, 2026) hubo tres libros de poesía —uno, La sombra de mi padre, ya se publicó, los restantes permanecen inéditos—. Libros en los que, afirma, recupera ciertos aspectos dolorosos de la memoria familiar y la relación entre padres e hijos:

“Momentos dolorosos, significativos de mi propia historia que no podían salir a través de la prosa. La poesía fue el canal a través del cual yo pude manifestar todas estas situaciones que estaban enquistadas, por así decirlo, en mi inconsciente. Eran heridas que, de alguna manera, había que coser a través de los hilos del poema”, dice, en entrevista, Bernal Granados.

Describe Catedrales y moradas como un proyecto de escritura posterior a estas dos experiencias, esta incursión poética aún no conocida por los lectores. En el libro —que tiene un epígrafe del escritor italiano Roberto Calasso: No había templos ni santuarios ni murallas— hay “un cierto sentido de ceremonia o de ritual que yo no advertí al principio, hace un par de años, dos o tres, cuando empecé a escribir estos materiales. En retrospectiva, me di cuenta porque la primera intención era recuperar el espíritu de la poesía oriental en el sentido de la minimalidad y de la escritura entendida como dibujo, grafía, pintura con pocos elementos. Algunos de los poemas que más me gustan de Catedrales y moradas trabajan únicamente con el blanco y el negro. Son, en ese sentido, poemas muy gráficos”.

A diferencia de sus libros anteriores, el elemento narrativo está suprimido, desvaído casi por completo; son poemas sin referencias anecdóticas, dice: “Más bien se trata de rastros y trazos, donde todo esto quiso ser dejado atrás”.

Aunque no se trata de poesía visual o caligramas, el blanco de la página juega un papel crucial, interviene tal como el silencio cruza una pieza musical para darle cohesión e ir generando lo que él llama la escultura del poema: “También hay un sentido escultórico del poema y, en ese sentido, estos poemas estarían emparentados más que con el caligrama, con la poesía visual, aunque no son declaradamente visuales, pero estos componentes, el blanco de la página, los silencios, están mucho más marcados que en los libros anteriores. Son dos elementos que están muy presentes, el silencio y el blanco, en la poesía oriental, en la china y la japonesa.

Bernal Granados dice que Octavio Paz es otra influencia decisiva en el libro: “Recuerdo, sobre todo, a Octavio Paz y su experiencia en la India, el Paz de Ladera este o del periodo espléndido en su poesía que comienza a partir del viaje que pasa hacia la India. La gente no se atreve a decirlo con todas sus letras: Paz es uno de los grandes poetas de la literatura mexicana del siglo XX. Muchos piensan que es un gran ensayista, un gran prosista y que la poesía era su punto débil o su talón de Aquiles, pero no. Es un gran prosista, desde luego, pero también es un gran poeta. Fue una lectura que tuve presente cuando escribí estos poemas”.

Durante las últimas tres décadas, Bernal Granados concentró su trabajo, particularmente, en el ensayo y la prosa, y dejó de lado la poesía, en una especie de segundo plano, un silencio subterráneo al que obedece quizá cierta timidez, reconoce. Pero algo sucedió con La sombra de mi padre, los libros inéditos y Catedrales y moradas: “Algo se destapa, algo aparece. Hay una parte de mí que se revela y hay un cambio, como una época distinta en las fases de mi escritura, en este momento de mi vida. Por eso este libro me parece significativo además de que su edición es preciosa. Es uno de los libros más bellos que me han editado jamás”, explica y reconoce el trabajo de los editores de Mano Santa, cuyo director es el poeta Jorge Esquinca.

“Es un proyecto editorial muy bello, en un momento donde publicar poesía es sumamente complicado y, sobre todo, encontrar una casa editorial que haga un trabajo tan fino y delicado”.

Aplaude, a la vez, el trabajo de diseño editorial del poeta Luis Fernando Ortega y añade que la colección Prueba de autor, a la que pertenece Catedrales y moradas, recupera la gran tradición editorial de poesía en México, cuyos momentos relevantes en el siglo XX pasaron por trabajos tan importantes como el del Taller Martín Pescador de Juan Pascoe y El Tucán de Virginia del poeta Víctor Manuel Mendiola, por ejemplo.

Aunque este libro es un objeto de colección, puesto que consta de 35 ejemplares, numerados y firmados por el autor, Bernal Granados afirma que, entre sus páginas, logra generar un universo autónomo y unitario. Mano Santa presenta sus novedades el 13 de agosto en Patán Ale Hause, Guadalajara.

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