El 18 de marzo de 1974, en la pantalla del Cine Ciudadela, un enorme trasatlántico acababa de quedar volteado en medio del mar. En la cinta La aventura del Poseidón, una ola gigantesca vuelca un barco y obliga a un grupo de sobrevivientes, encabezados por el personaje de Gene Hackman, a avanzar por pasillos, escaleras y salones de cabeza para intentar alcanzar el casco y escapar.
Afuera, la marquesina extendida sobre la banqueta anunciaba en grandes letras el “gran estreno” y adelantaba Aquellos años como la siguiente película. Una fotografía tomada ese día por Jaime Arroyo para EL UNIVERSAL muestra al Cine Ciudadela así, apenas a un año de su apertura, en 1973, sobre Balderas, frente a la plaza y casi esquina con Ernesto Pugibet.
La zona ya concentraba buena parte del movimiento del Centro. A unos pasos, la estación Balderas funcionaba desde 1969 y desde noviembre de 1970 enlazaba las líneas 1 y 3 del Metro. Enfrente, la antigua Real Fábrica de Tabacos albergaba ya desde 1946 a la Biblioteca de México, mientras que muy cerca estaba el Mercado de Artesanías de La Ciudadela, surgido pocos años antes en el contexto de los Juegos Olímpicos de 1968.
Parecía un lugar ideal para un cine, enmarcado en un corredor hecho para el paso y la reunión de públicos, entre el Metro, la biblioteca, la plaza y el mercado.
Pero hacia los años 90 aquellas grandes salas comenzaron a enfrentar su peor escenario. Algunas desaparecieron y otras encontraron refugio en el cine para adultos. El Teresa dio ese giro en 1994; el Ciudadela, a finales de esa década, y el Nacional alrededor del año 2000. Ya como Cine Erotika Ciudadela, el recinto incorporó una sex shop y 14 cabinas de video; crónicas de la época describen también encuentros sexuales dentro de la sala. En 2013 cerró.
Ese año la marquesina seguía sobre Balderas, pero la fachada estaba cubierta de grafiti y el sótano funcionaba como estacionamiento. El cine dejó de proyectar historias y el abandono se hizo visible en el inmueble.
Cambio de escena
Hoy, tras el acceso, un vestíbulo con piso de mármol original conduce a la taquilla y después a una sala de 700 butacas grises que descienden hacia un escenario negro enmarcado por un telón rojo. Las antiguas alfombras y cortinas fueron retiradas y parte de las instalaciones quedaron expuestas sobre paredes oscuras, como ocurre en las llamadas cajas negras.
Miguel Alonso, productor y director de Alonzzo Producciones, fue contratado por el propietario del inmueble y un grupo de inversionistas para operar y programar el Teatro Balderas. Alonso, con más de dos décadas en el medio teatral, participó también en 2021 en la remodelación del Teatro de la República.
“Al no haber sido construido como un teatro tiene sus limitaciones, pero se trató de hacer un trabajo digno y respetuoso hacia el teatro”, reconoce el operador.
Aun con esas restricciones, la mayor parte de la conversión ya está hecha. Se trabajó la isóptica, el diseño sonoro y de iluminación, se niveló el área para montar el escenario y se incorporaron parrilla, tiros y varas, además de cuatro camerinos, cabina técnica y almacén para escenografía. Parte de la configuración de la antigua sala de cine se conservó y se integró al nuevo espacio.
“Nosotros ahorita ya estamos listos para que el público pueda visitar el Teatro Balderas, pero como cualquier espacio que recibe mucha gente se tendrá que seguir haciendo mejoras. No terminaremos nunca, porque seguiremos trabajando en el espacio”, dice Alonso.
No existe foso de orquesta, aunque se dejó un espacio frente al escenario para músicos.
La primera prueba llegará el 30 de agosto, cuando El lago de los cisnes abra la programación del nuevo recinto. A partir del 12 de septiembre se incorporará Santas y perversas, entre monjas anda el diablo, además de conciertos y otros montajes.
El reto que sigue
La apertura no significará que la adecuación haya terminado. Alonso señala que continuarán los trabajos en el lobby y detrás del escenario. Asegura que las instalaciones eléctrica e hidráulica son nuevas, que el inmueble cuenta con un dictamen estructural y que no fue necesario reforzarlo. Su condición patrimonial, añade, obligó a someter las intervenciones a autorización y condicionó incluso los colores de la fachada y la marquesina.
Y el siguiente reto ya no está sólo en el edificio.
“Ahora viene lo más complicado: calentar el teatro”, dice Alonso. Para él significa conseguir que el público conozca el recinto, vuelva con frecuencia y que las compañías lo incorporen como una opción para sus montajes, con miras a convertirse en referente.
“Estamos en una ciudad donde los teatros están cerrando, entonces el hecho de que todavía haya personas que digan: ‘yo quiero apostar por el teatro’ significa abrir un espacio más para trabajar, hacer arte y que otros productores presenten sus proyectos”.
La intención, asegura el operador, es mantener una programación constante y, a mediano plazo, tener una cartelera definida hasta con dos años de anticipación.
“Queremos tener una cartelera muy variada, con la que se pueda trabajar de lunes a domingo. Creo que lo rico de un espacio es que la gente llegue y pueda encontrar una oferta de cualquier género y para todos los gustos”, explica.
Parte del desafío, enfatiza, será volver a conectar el inmueble con la calle y con la gente que todos los días cruza por Balderas.
Alonso espera que vecinos, comerciantes y trabajadores de la zona dejen de ver el recinto como una fachada y comiencen a incorporarlo a su rutina. Incluso imagina que algún organillero termine amenizando afuera de alguna función.
“Queremos acercar al público, que vea que ir al teatro ya no sea un lujo sino un gusto, para que así como hay personas que dicen: ‘voy al cine el fin de semana’, digan: ‘voy al Teatro Balderas a ver qué hay’”, agrega.
Esta experiencia puede repetirse en otros recintos del Centro que han perdido su función. La apuesta sería encontrarles nuevos usos antes de que el deterioro los aleje de sus barrios.
En Balderas, esa posibilidad tendrá pronto su primera prueba frente al público, cuando se abra el telón de El lago de los cisnes y Odette, una princesa condenada por un hechizo a convertirse en cisne que aparece ante el príncipe Sigfrido. Habrá cisnes blancos, engaño y tragedia. Y también, esperan el operador, inversionistas, equipo técnico y actores, público en las butacas recuperadas.
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Contenido sindicado vía RSS de El Universal. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/espectaculos/cine-ciudadela-de-sala-para-adultos-a-teatro-balderas-la-nueva-vida-de-un-recinto-de-cdmx/