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El David Aguilar (Culiacán, 1983) ha construido una carrera musical que se distingue por su exploración y por sus letras. Compositor y cantautor, influido por la trova latinoamericana, la música norteña y la canción brasileña, entre otras, suma más de veinte años de trayectoria. Acostumbrado a canciones que, a manera de poemas, exploran el lenguaje, lleva a la par proyectos de escritura que no necesariamente se vuelven canciones: algunos se quedan como poemas, que comparte en Instagram desde hace varios años, y otros como afuerismos, que publica en X, antes Twitter, desde hace más de una década.

Durante años, El David Aguilar escribió en X frases breves. Así nació Afuerismos del interior (Sexto Piso, 2026), una colección de brevedades que el cantautor se resiste a llamar aforismos y que prefiere torcer en "afuerismos" para jugar.

Entre el humor absurdo, el cinismo, la política y un amor que, aclara, no es precisamente romántico, el libro es fruto de la tuiteratura, esa literatura nacida en Twitter: los tuits que lo conforman fueron elegidos, en parte, según la respuesta del público, es decir, por los likes y los reposteos. En entrevista para Confabulario, el compositor con varias nominaciones al Latin Grammy y que ha tenido colaboraciones con artistas como Julieta Venegas, Mon Laferte, Los Tres, Jorge Drexler y Natalia Lafourcade, habla de por qué escribir una canción le cuesta más que escribir un afuerismo, de un verso suyo que cree que no envejeció bien (y que ofendió a un amigo veterinario) y de un disco imaginario de 70 canciones de 30 segundos que sería, en realidad, una sola canción de 35 minutos.

¿Qué diferencia hay entre un aforismo y un afuerismo?

Yo creo que la gente se la da. Yo no quise comprometerme con nombrar "aforismos" a estas brevedades. Lo que yo entiendo por aforismo es que es algo a posteriori, que ya tiene ese formato: los de Krishnamurti, los de algunos políticos, incluso recientes, de pensadores, filósofos, científicos, figuras públicas, hasta coaches. Un aforismo es la condensación de una idea, pero con un componente moral o una carga formal, ¿no? Y los afuerismos son la alternativa que tenemos para sentirnos relajados. Son el resultado de la tuiteratura. Así lo veo yo. Por eso torcí la palabra para jugar un poco.

Ahora que mencionas tuiteratura, en la introducción del libro dices que la gente va calificando los tuits, va dando reacciones. ¿Cómo crees que se calificarán ahora que es un libro?

La selección de estos afuerismos está atravesada e influida por eso. No necesariamente elegí los que yo creía que eran los mejores, sino que les di cabida en la selección final a los que tenían más reacciones. Muchas veces yo creía que algo iba a dar mucha risa y nada. Y luego una cosa muy random de un martes en la tarde resultaba interesante para mucha gente. No sé si aquí tiene que ver también la algoritmocracia, el momento justo o qué; es medio misterioso para mí. No sé cómo vayan a ser calificados ahora. Supongo que el libro va a hablar por sí mismo.

¿Qué te cuesta más: escribir una canción o escribir un afuerismo?

Escribir una canción.

¿Cómo es el proceso para cada uno?

Es por el formato, por la longitud. De la misma forma que no tendría nada que ver el esfuerzo que te toma una canción con el de una película. Un afuerismo viene a veces aunque no lo quieras: de pronto pensaste algo y dices: “Ah, esta idea quizás es un poco fresca”, y te atreves a compartirla. Pero una canción... ¡aunque hay canciones que uno vomita! En mi caso, por el tipo de búsqueda que me gusta, la canción se trata a veces de una persecución un poco más arquitectónica, que requiere más observación de las partes de la música. Además son más elementos involucrados, porque una canción es el texto, la música y esa otra cosa que nadie sabe qué es y que es lo único que importa.

Varios afuerismos tienen una línea cómica, absurda. ¿Sabías que querías provocar la risa?

Era el pensamiento: si me daba risa a mí, creía que podía dar risa a alguien. Y luego siento que hay varios tipos de humor, no nada más el humor de risa, sino uno más irónico, cínico. Me lo dijo el reportero anterior: “Es un poco cínico tu estilo”. Y me gustó, porque creo que sí es verdad. Me lo dijeron porque creo que sí es verdad. No sé si es una necesidad de a veces ser confrontativo, ¿no? Me gusta reír y me gusta la idea de hacer reír a alguien; soy alguien que, cuando estamos entre amigos, de pronto se atreve a decir algo que podría ser un chiste. Y no me importa fracasar. Si nadie se ríe, siento feo, pero lo vuelvo a intentar y lo vuelvo a intentar.

Ahora que decías que eres confrontativo, también hay varios que vienen con esa carga política. ¿Qué había ahí? ¿Qué estabas buscando?

Tengo un interés, en los últimos años, por el tema político. Supongo que eso viene de estar dándole vueltas a algunas cosas. A lo mejor es una necesidad de mostrarme, de asumirme de cierta forma, como sea que creo que soy, asumirme y compartirlo. Eso quizás se pueda ver como una intención de contacto genuino.

En uno de los afuerismos dices: “No he aprendido a amar: soy un poeta, no un cuida perros”. ¿Crees que los poetas no pueden o no saben amar?

Qué curioso que me saques exactamente ese afuerismo, porque pensaba que ese es uno de los dos, tres, cuatro o cinco del libro que siento que no envejecieron bien y que no sé del todo qué quería decir. Yo creo que lo que quería decir es lo que estás diciendo tú. También viene de un estribillo de una canción brasileña que cantaba una amiga mía; el coro decía: “Soy un poeta, nunca aprendí a amar”. No sabes cómo se me quedó esa frase en la cabeza durante muchos años. Entonces, cuando escribí eso, supongo que mi manera más rápida de relacionar la idea del amor fue con cuida perros. Me pareció atractivo decirlo así, pero, tengo un amigo veterinario que se ofendió con ese afuerismo. Por supuesto que no era mi intención. Le expliqué y ahí me di cuenta de que fue un descuido de mi parte; no tenía muy claro ese afuerismo. Pero, por ejemplo, ¿por qué te llamó la atención a ti?

Por tu relación con la poesía. Tienes un proyecto aparte de la música donde publicas tus poemas. Y también creo que vemos a la poesía como la forma que más relacionamos con expresar el amor, en la literatura.

No sé si lo pienso así. De pronto me da la impresión de que la narrativa ganaría frente a la poesía en cuanto al tema del amor, porque, al ser tan amplia... No sé si exista una novela con cero manifestación del tema del amor, seguro que sí. Pero entiendo lo que quieres decir: con la poesía uno entiende de manera natural que hay una relación casi inmediata. Piensas poesía y te viene un poema de amor.

Hay otro afuerismo, en donde dices que te caen bien las personas que demuestran ser intelectuales porque lo mismo leen a Heidegger que se ríen con El Chavo del Ocho… ¿Cómo te gustaría que se leyeran estos afuerismos?

A lo mejor en el medio de esas dos ideas. Y luego, ahorita, sentí como si El Chavo del Ocho fuera una cosa horrible, superbarata. No. Es respetable la escritura de Roberto Gómez Bolaños, contextualizándola, quiero decir. Pero a mí lo que me gustaría es que se lean sin ninguna expectativa, que los afuerismos vayan desenredándose frente a quien los esté leyendo de manera sorpresiva. Y sí creo que provocan eso, la gente no tiene mucha idea de qué va a encontrar. Me he dado cuenta con gente cercana que los va leyendo: los va sorprendiendo por una u otra razón. A veces es porque les da risa y no se esperaban eso, sino algo más solemne; otros se sorprenden de que no tiene que ver con cómo escribo yo las canciones o porque encuentran finalmente una identificación. Me gustaría que se leyeran sin expectativas.

Has dicho que varios de estos afuerismos se han vuelto después canciones. ¿Cómo conectas los afuerismos con tu música?

Ahora compongo mucho a partir de la idea. Esto no siempre fue así: antes hacía toda la música y a eso le bordaba la letra. Pero mi forma de hacer canciones fue cambiando y ahora, en la actualidad, compongo a partir de qué va mi canción. Me gusta eso, que cuando pienses en una canción puedas sentir que está controlada, pensada y, por lo tanto, creada. Ahí está quizás la cuota más artística, para mí, en la actualidad: en controlar el discurso. Lo que en lenguaje popular, entre compositores, decimos “la redondez”. ¿Qué significa? Damos a entender que la canción se sostiene a partir de su solidez, en cuanto a que no es vaga. Hay compositores que a mí no me gustan por eso, porque son vagos: escucho la canción y digo ¿Eso qué? Le decía a un amigo hace poco: cada verso es una oportunidad para hacerte imaginar. Y a lo mejor tengo que experimentar más con eso y traicionarme un poco, jugar, a lo mejor eso me libera. No tenemos que olvidar que la música es la cosa; las palabras son a veces el pretexto para poder cantar. Entonces, en los afuerismos parto mucho de la idea de qué es lo que quiero decir, y luego le voy dando forma. Los afuerismos se recargan mucho en la idea corta, en la brevedad, y eso le viene muy bien a la canción, en cuanto a que uno, en los estribillos o en las estrofas, está buscando eso. Es la primera vez que lo pienso, pero quizás el ejercicio, el músculo de estar buscando la brevedad constantemente en la vida cotidiana y en los afuerismos, me ha facilitado mi labor de compositor. Me ha ejercitado ese músculo para que, a la hora de componer canciones, esté más en forma para dar con una estrofa o con un estribillo a través de la concisión.

Alguna vez dijiste que querías hacer un disco que tuviera canciones que duraran 30 segundos cada una. ¿Qué has pensado de ese proyecto, de esta otra forma de brevedad?

Me seduce esa idea, quisiera explorarla. Creo que un reto mayor sería, por ejemplo, imaginemos un álbum de 70 canciones de 30 segundos cada una, pero que no estén sueltas por completo. Eso no me interesaría mucho; me interesaría más que de alguna forma esas 70 canciones te llevaran, como si fuera una gran canción. No sé cuánto en tiempo serían 70 canciones de 30 segundos, pero debe ser una canción larga, finalmente: como 35 minutos. Entonces, imagínate una canción de 35 minutos a partir de células que puedan ser consumidas independientemente.

Hay muchos afuerismos que mencionan el amor. Hace rato hablábamos de la poesía y del amor. Ahora que decías que la narrativa le gana a la poesía, o podría ganarle, en cuanto al amor, ¿qué tanto crees que le ganaría un afuerismo a la poesía o a la narrativa?

Creo que no les gana. Porque creo que el afuerismo es más bien una oportunidad, un terreno casi de debate, de dialogar, de discutir ideas, y siento que damos por sentado que del amor no se discute tanto. Quizás los que tienen un carácter más confesional terminen conviviendo más con la temática del amor. Pero, si me preguntas a bote pronto, no veo los afuerismos como amorosos, como de amor romántico, quiero decir. Sí los veo entendiendo el amor más ampliamente; en estos días tengo mucho en la cabeza ese tema. Voy a decir una cosa muy cursi, pero finalmente todos los afuerismos, todas las ideas, todo lo que uno hace, todas las canciones son de amor al final. El Mastuerzo [Francisco Barrios] dice eso: que las canciones, aunque hablen de guerra, son de amor, dando a entender, sospecho yo, que por tener esfuerzo y musicalidad, ya nada más por tener música, hables de lo que hables, estás en la dimensión de lo bello, del amor. Es como si la música por sí misma ofreciera la posibilidad de lo amoroso, a través del contacto con la belleza.


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