Hay negocios que desaparecen de un día para otro. Primero se van los clientes. Después llegan los descuentos. Luego los anaqueles comienzan a vaciarse y alguien pega un anuncio en la puerta. Al final, queda un local cerrado donde durante años hubo gente entrando y saliendo. Algo parecido está pasando con Anfora, también conocida como Anforma.
Primero fue León. Ahora, el cierre llega a Ciudad de México. Cambian las calles, cambian las tiendas y cambian las fechas. Pero la historia se parece demasiado: menos ventas, presión por los gastos y mercancía que sale con descuento antes de que las luces se apaguen.
Cierre de Ánfora en León, Guanajuato
En León, Guanajuato, la noticia llegó con una liquidación. La sucursal de Anforama ubicada en el Centro Histórico comenzó a rematar sus productos antes del cierre. Los descuentos llegaron hasta 50 por ciento y, poco a poco, los anaqueles quedaron vacíos.
La tienda llevaba más de 20 años en la ciudad. Durante ese tiempo vendió vajillas, cristalería, artículos de cocina y productos para el hogar. Sin embargo, el negocio dejó de ser rentable, de acuerdo con trabajadores citados por medios locales.
Las bajas ventas fueron uno de los motivos señalados para explicar el cierre. Además, estaba el costo de la renta. Por eso, la tienda comenzó a sacar todo lo que quedaba antes de entregar el local.
Primero salieron los productos. Después quedaron menos opciones para los clientes. Finalmente, también se vendieron algunos de los anaqueles y muebles de la tienda. La imagen era la de un negocio que ya no estaba vendiendo: estaba desapareciendo.
Después Anforama en CDMX
Ahora la historia se repite en Ciudad de México. Anforama también enfrenta el cierre de una de sus sucursales en la capital. Y eso tiene un peso distinto: la Ciudad de México no es cualquier lugar para la empresa. Es donde comenzó su historia.
Anforama lleva más de ocho décadas en el mercado mexicano. La empresa nació en la capital y con los años convirtió su nombre en una referencia para quienes buscaban productos para la cocina y el comedor. Después llegaron nuevas tiendas y nuevos mercados.
Por eso, el cierre de una sucursal en CDMX no pasa desapercibido. Tampoco lo hace después de lo ocurrido en León. Una tienda menos puede parecer poco frente a una cadena completa, pero cada cortina que baja cuenta una parte de la historia.
Y mientras la cortina baja, aparece el remate. Los productos que durante años estuvieron acomodados en los estantes cambian de precio. Los clientes llegan buscando una oferta. Algunos compran. Otros solamente miran. Después, ya no queda mucho que mirar.
No es solo Anforama
La historia también habla de algo más grande. Los comercios tradicionales llevan años enfrentando cambios en la manera de comprar. Hoy el cliente puede comparar precios desde el teléfono y pedir un producto sin salir de casa.
Además, las rentas de los locales pueden representar un gasto cada vez mayor. Si las ventas bajan, la cuenta deja de cuadrar. Entonces aparecen los descuentos. Después llega la liquidación. Y finalmente, el cierre.
Eso es lo que ocurrió en León, según los reportes publicados durante el proceso de cierre. También es el contexto que rodea la nueva salida de una sucursal en CDMX. No se trata solamente de una tienda vacía. Se trata de un modelo de comercio que intenta sobrevivir en un mercado distinto.
En León, la situación del comercio del Centro Histórico ya había encendido algunas alertas. Comerciantes y representantes empresariales señalaron problemas como las rentas, la competencia y el crecimiento de las compras por internet.
Una historia de más de 80 años
Anforama comenzó en Ciudad de México hace más de ocho décadas. Su historia estuvo ligada primero a la cristalería y después a los productos para cocina, comedor y hogar. Con el tiempo, la empresa amplió su presencia y abrió sucursales en otras ciudades.
Ahora, esa historia tiene nuevos espacios vacíos. Primero fue León. Después, CDMX. Y en ambos casos aparece la misma escena: mercancía con descuento, clientes buscando las últimas piezas y una tienda que se prepara para dejar de existir.
Sin embargo, Anforama todavía mantiene su venta por internet. La marca también conserva presencia comercial. Por eso, estos cierres no significan necesariamente el final de la empresa, pero sí muestran que algo cambió.
Quizá esa sea la parte más difícil de la historia. Anforama no desaparece de golpe. Se va haciendo más pequeña en algunos lugares. Una sucursal primero. Otra después. Una cortina que baja. Un anuncio de liquidación. Un anaquel vacío.
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