ÚLTIMA HORA
Santiago Yahuarcani, el líder indígena que con su arte conquistó Venecia y ahora el Museo del Chopo Trump sueña con tercer mandato: ‘Me hicieron trampa en 2020’ Maru Campos niega pacto con Sheinbaum; dice que Ariadna Montiel está vinculada con el narco Reportan tiroteos a las afueras de París; se investiga como acto terrorista Cuando la IA también decide: el reto de definir las reglas Mole de Caderas en Tehuacán: precios y qué hacer Elecciones de Brasil: Lula llama a jóvenes y adultos mayores a derrotar a Flávio Bolsonaro en 2da vuelta Alerta financiera en modalidad 40 de pensiones, desde 2023 Landau elogia gestión de Milei; Argentina "tiene recursos para convertirse en una superpotencia económica", asegura México: plataforma industrial lista para operar hoy
5 min de lectura

“Simulen que estoy en la boleta”, reitera Donald Trump en sus mítines. Sabe que las elecciones intermedias serán, inevitablemente, un referéndum sobre su gobierno. Pero muchos candidatos republicanos parecen responderle: mejor hagamos como que no existe.

La prueba más contundente está en la inversión publicitaria en anuncios electorales. Durante las elecciones primarias para ganar la nominación de su partido, los aspirantes republicanos competían por demostrar quién era más trumpista; 55 de cada 100 dólares gastados en anuncios mencionaban al presidente.

En la recta final de la elección general, la cifra cayó a menos de uno de cada 100. Trump pasó de ser un activo valioso a material tóxico.

Su aprobación se ha desplomado hasta niveles históricamente bajos, en una caída sostenida que parece haber ya roto su piso e iniciado un desfonde: distintas encuestas la sitúan entre 31 y 36 por ciento.

Es incluso menor que la de Joe Biden antes de las elecciones intermedias de 2022 y que la de George W. Bush en 2006, cuando los republicanos perdieron 30 escaños y el control de ambas cámaras.

Parece ser que su show está perdiendo rating, especialmente porque, salvo el hecho de cerrar la frontera, ninguna de sus promesas relevantes para los electores se ha hecho realidad.

Los votantes padecen precios elevados, gasolina cara, menos personas con cobertura de salud, impacto inflacionario por las tarifas comerciales y los efectos de la guerra contra Irán.

Además de que el nivel de corrupción demencial parece que ya cansó hasta a su propia base, la dimensión más frágil de su gestión es el aumento en el costo de todo.

Trump ganó prometiendo bajar los precios “desde el primer día”; dos años después, los republicanos hacen campaña tratando de convencer al electorado de que no son responsables de su gobierno.

Los spots publicitarios permiten mirar esta desbandada estado por estado.

En Michigan, estado estrechamente vinculado comercialmente con Canadá, el republicano Mike Rogers se rebela contra la guerra arancelaria: “Canadá no es nuestro enemigo. Necesitamos terminar esta guerra de tarifas”. Promete trabajar con ambos partidos para reducir los precios.

No menciona que el conflicto fue creado por el presidente de su propio partido, pero tampoco hace falta.

En Alaska, el senador Dan Sullivan presume haber “votado para obligar al Departamento de Justicia de Trump” a publicar los archivos Epstein. El candidato no ofrece su lealtad al presidente: ofrece resistencia frente a él.

En Iowa, Ashley Hinson comenzó su campaña proclamándose la futura “principal aliada de Trump en el Senado”. Ahora su publicidad presenta a una legisladora capaz de trabajar con demócratas y republicanos, sin importar quién ocupe la Casa Blanca. No cambió de partido; se le movió la cancha.

Los demócratas hacen exactamente lo contrario. Veinte de cada 100 dólares de su publicidad mencionan a Trump. En Georgia, un anuncio contra el republicano Mike Collins muestra a una mujer frente a una gasolinera: “Collins se alinea con Trump y nosotros pagamos”.

En Maine, Michigan y New Hampshire repiten la fórmula: unir a cada candidato republicano con la guerra en Irán, los aranceles, los recortes en salud y el encubrimiento de los archivos Epstein.

No se trata solamente de una estrategia publicitaria. Es la confesión involuntaria de un partido contra la pared. Los candidatos republicanos saben que no pueden defender los resultados de Trump, pero tampoco se atreven a romper abiertamente con él.

Necesitan a sus votantes más fieles para movilizarse y, al mismo tiempo, requieren que los independientes olviden quién gobierna. Quieren el voto MAGA sin cargar con el gobierno MAGA.

Con todo, sigue flotando en el aire una incógnita importante. En las tres elecciones presidenciales en las que Trump apareció en la boleta, los promedios de las encuestas subestimaron el voto republicano.

Una explicación es que movilizó a ciudadanos poco interesados en la política que normalmente no votarían. Trump insiste en que imaginen su nombre en la boleta precisamente porque teme que, sin él, esos electores se queden en casa. Pero imaginarlo no equivale a encontrarlo impreso frente a la urna.

Para Trump, ser el centro de atención no es solo egolatría; es también estrategia esencial. Y como los republicanos han decidido no mencionarlo en su publicidad, Trump ordenó fabricar la suya.

Su gobierno destinó 20 millones de dólares de fondos del Departamento de Seguridad Nacional a transmitir anuncios que lo exaltaban a él y a su presidencia.

Uno de ellos, prácticamente idéntico a un comercial de su campaña de 2024, únicamente sustituyó la leyenda de financiamiento electoral por otra que decía: “Pagado por el gobierno de Estados Unidos”.

Una jueza federal ordenó suspenderla por el probable uso ilegal de recursos públicos. Trump prometió entonces que su super-PAC pagaría los anuncios, aunque no ofreció devolver los millones ya gastados.

La escena resume la elección: sus candidatos esconden su nombre porque les resta votos, mientras Trump utiliza ilegalmente dinero de los contribuyentes para colocarse nuevamente frente a las cámaras.

Trump les pide a los estadounidenses votar como si él estuviera en la boleta. Los republicanos esperan sobrevivir fingiendo que no lo está.


Contenido sindicado vía RSS de El Financiero. Nota original: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/guido-lara/2026/10/23/trump-toxico-para-candidatos-republicanos/

Publicidad
Nota sindicada de El Financiero · Leer la nota original ↗
Escrito por
El Financiero
Fuente externa · Sindicación RSS · Carta de México

Contenido sindicado vía RSS desde El Financiero. Los derechos pertenecen a su editor original.