Bruselas.— La última sesión que celebra la Asamblea General con el portugués António Guterres como secretario general de Naciones Unidas tiene lugar en un momento en el que la organización transita por una fase de constante debilitamiento diplomático, institucional y operativo.
El intento del presidente estadounidense Donald Trump de construir una institución global paralela, el retraso sistemático del pago de cuotas, la falta de voluntad por atender crisis como la de Gaza, Irán y Ucrania, y la comodidad con la que las grandes potencias hacen caso omiso de las reglas que la ONU se propuso proteger han contribuido a la erosión del instrumento planetario.
El desgaste de la institución ha llegado a tal nivel que pocos esperan que los Estados miembros aprovechen la sesión en Nueva York para reforzar los cimientos de la organización, los cuales se desmoronan al paso de los días.
Las expectativas de los expertos se han reducido para esta edición a que por lo menos se conserve el debido proceso para reemplazar a Guterres, cuyo segundo mandato expira a finales de diciembre. Para Comfort Ero, presidenta de International Crisis Group (ICG), organización con sede en Bruselas, el próximo secretario general revelará hasta qué punto los Estados miembros siguen tomándose en serio sus obligaciones en el único foro universal para la cooperación mundial en materia de guerra y paz.
“Hay mucho en juego. La ONU se está viendo mermada por los recortes presupuestarios justo cuando el orden mundial se está fragmentando y las guerras se multiplican. Para que la ONU siga siendo relevante, los líderes mundiales deben demostrar en la cumbre de este año que están dispuestos a reforzarla. En particular, deben aportar más peso político a sus esfuerzos por lograr y mantener la paz. La pregunta que surge de inmediato es quién dirigirá la ONU a partir de 2027”, dice el documento que lleva la firma de Comfort.
El texto hace referencia a ocho probables candidatos, entre ellos cinco mujeres, y muestra que hay espacio para que se sumen a la carrera uno o dos más.
El grupo de avanzada está compuesto por Rebeca Grynspan, economista costarricense y directora de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo; Carolyn Rodrigues Birkett, exministra de Exteriores de Guyana; Ivonne A-Baki, antigua embajadora de Ecuador en Francia y Estados Unidos, y María Fernanda Espinosa Garcés, quien fuera ministra de Asuntos Exteriores de Ecuador. Michelle Bachelet, expresidenta de Chile y directora de ONU Mujeres, anunció ayer en sus redes sociales que no continuará con su candidatura a presidir la ONU.
Bachelet, que aseguró no arrepentirse de haber postulado para liderar el organismo internacional, agradeció “muy especialmente” a los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de México, Claudia Sheinbaum Pardo, por haber respaldado su candidatura “desde el primer día con generosidad y convicción”.
“Algunos creerán que no eran los tiempos para una candidatura como la que quise representar. Cuando los vientos soplan fuertes contra principios como el multilateralismo, contra el derecho internacional (...), contra la existencia del cambio climático que algunos niegan pese a la evidencia científica”, señaló Bachelet. “Estoy convencida de que es el momento de levantar la voz por estos principios que han sido orgullosa bandera de mi postulación. No me arrepiento de haber emprendido este gran desafío. Contribuimos a instalar en el debate global que la próxima Secretaría General debe ser una mujer de América Latina”, dijo.
Otros candidatos son el argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica; Olara Otunnu, quien ocupara los cargos de ministro Exteriores de Uganda y representante de la ONU para los niños y los conflictos armados; y Macky Sall, expresidente de Senegal.
Los miembros del Consejo de Seguridad celebraron su primera votación indicativa en julio, la segunda el 21 de agosto y la tercera el 18 de septiembre. El proceso continuará hasta que un candidato obtenga al menos nueve votos de los 15 miembros del Consejo de Seguridad y sin que haya veto por parte de los miembros con asiento permanente, es decir, China, Francia, Rusia, el Reino Unido o Estados Unidos. Los resultados no oficiales de las votaciones indicativas del Consejo de Seguridad colocan a Rebeca, Carolyn, Rafael y Macky con el mayor apoyo.
Varios factores influirán en la elección del relevo de Guterres. Hay quienes demandan una mujer. También hay voces que piden que sea alguien de América Latina, a quien le toca según el sistema de rotación informal de la ONU.
Aunque Richard Gowan, quien fuera el director de ICG ante la ONU, considera que muy probablemente “Estados Unidos, China y Rusia van a elegir a un candidato e imponerlo al resto de la organización”. En otras palabras, la campaña es pública, pero es posible que la decisión no lo sea. “En cualquier caso, los líderes mundiales deberían insistir en que los candidatos demuestren una visión clara de cómo la ONU puede reforzar la cooperación multilateral en un momento en el que el ‘poder duro’ vuelve a estar de moda. Los aspirantes tendrán que convencer a los Estados miembros de que sus planes para reforzar la credibilidad de la organización son sólidos, sin ofender a ninguno de los miembros permanentes que puedan bloquear su candidatura”, indica el documento de ICG. “Quienquiera que resulte elegido como nuevo jefe de la diplomacia mundial debería estar dispuesto a defender el potencial de la ONU para prevenir y resolver conflictos”, puntualiza.
Retos inmediatos
La crisis del aparato creado en 1945 para abordar conjuntamente los retos globales se desarrolla en un momento en el que el Estado de derecho se deteriora a escala mundial. El 57% de las naciones registraron retrocesos en al menos uno de los principales indicadores de desempeño democrático entre 2020 y 2025, sostiene el Instituto para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), con sede en Estocolmo, Suecia. Las guerras van en escala ascendente. El planeta tiene en activo más de 60 conflictos armados, el número más elevado desde 1946. La organización ACLED contabilizó 204 mil 605 incidentes en contextos de conflicto entre el 1 de diciembre de 2024 y el 28 de noviembre de 2025, con estimación conservadora de más de 240 mil muertes. Ucrania, Siria, Palestina, Birmania y Nigeria fueron los más sanguinarios.
Los desastres climáticos están rebasando capacidades de respuesta de los países. En la primera mitad de 2026 se registraron olas de calor sin precedentes en Europa, Asia, África y América del Norte. Se prevé que siga creciendo la factura por los daños causados por fenómenos naturales. En un año en el que no hay eventos sin precedentes, las catástrofes naturales suponen un coste mundial de 450 mil millones de dólares anuales.
La organización especializada en solución de conflictos, ICG, dice que la ONU aún tiene mucho por hacer sobre la guerra y la paz. Afirma que sigue prestando ayuda humanitaria, liderando operaciones de paz y gestionando crisis prolongadas. Tiene en curso 11 operaciones de mantenimiento de la paz.
“(...) La ONU necesita tanto más capacidad como respaldo político. Casi todos los candidatos a secretario general están debatiendo la necesidad de recortar aún más el presupuesto y reducir una burocracia que, como admiten incluso los defensores más acérrimos de la ONU, se ha vuelto difícil de manejar. Pero deberían actuar con cautela. Una organización en ruinas, despojada de la capacidad de construir la paz, liderar la respuesta a las crisis o prestar ayuda humanitaria podría ahorrar dinero, pero le costaría mucho más al mundo”. ICG identifica 10 desafíos en los que la ONU puede involucrarse en su condición actual: en una misión multinacional de paz para Líbano, en la pacificación de Sudán, en fomentar el papel de la Asamblea General para un alto al fuego duradero en Gaza, en el reforzamiento de la seguridad en Haití y en darle continuidad a las operaciones de pacificación en la República de África Central.
También puede recabar apoyo para la Corte Penal Internacional; participar en la formulación de una nueva estrategia para Birmania, impulsar el debate sobre el rol de los cascos azules y en frenar intentos por debilitar el apoyo de la ONU a mujeres en situaciones de conflicto. “Cuando el próximo secretario general asuma el cargo, el 1 de enero de 2027, dispondrá de un breve margen de tiempo para reformar los mecanismos de elaboración de estrategias y de respuesta a las crisis. Los funcionarios de la ONU coinciden en que una de las principales prioridades (...) será poner orden en este caos a la hora de generar opciones y tomar decisiones”, indica ICG. “Pero el próximo secretario general no podrá arreglar todo lo que se está desmoronando en la ONU sin un apoyo renovado de sus miembros”.
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