En una pared rocosa del cerro Magoni Chico, conocido popularmente como el cerro La Malinche, dos figuras parecen contemplar desde hace siglos el valle de Tula de Allende, Hidalgo. Estas figuras son petrograbados con la representación de Chalchiuhtlicue, diosa del agua terrestre y otra de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, figura situada entre el gobernante, el sacerdote y la divinidad.
La ubicación de los relieves sobre el cerro pudo responder tanto a su visibilidad como a la importancia simbólica de las montañas. En el pensamiento mesoamericano, los cerros eran concebidos como depósitos de agua y semillas, espacios donde habitaban fuerzas relacionadas con la lluvia y la fertilidad.
Tula de Allende, HidalgoTula, una ciudad más grande que su recinto ceremonial
La historia de Tula abarca mucho más allá de sus famosos Atlantes. Fuera del conocido recinto monumental existen cerros, antiguos barrios, terrazas y espacios rituales que también formaron parte de la ciudad prehispánica durante la fase Tollan, aproximadamente entre el 900 y 1150 de nuestra Era, alcanzando una extensión cercana a los 18 kilómetros cuadrados. Su territorio comprendía el valle entre los ríos Tula y Rosas, así como distintas elevaciones de los alrededores, donde justamente se ubican los petrograbados.
Entre los investigadores que han abordado el conjunto se encuentran especialistas vinculados con el INAH, como Luis Manuel Gamboa Cabezas, Martha García Sánchez y Karina Díaz Cordero. Otros trabajos de arqueólogos como Leonardo López Luján, Alfredo López Austin, Robert H. Cobean y Alba Guadalupe Mastache han permitido comprender la relación de las imágenes con la presencia mexica en Tula.
Chalchiuhtlicue, diosa del agua y su representación en un biombo de piedra
Los relieves se localizan en el cerro Magoni Chico, llamado también cerro La Malinche por los habitantes de Tula al poniente de la antigua ciudad. Las figuras fueron talladas sobre una pared natural que parece formar un biombo de piedra y cuya ubicación no habría sido accidental. Desde el cerro se observa parte del territorio que ocupó Tollan, mientras que la propia montaña tenía un significado especial dentro del pensamiento mesoamericano, porque eran depósitos de agua y semillas, lugares de origen y moradas de fuerzas relacionadas con la lluvia y la fertilidad.
Un hallazgo que cambió la identidad de las figuras
Durante mucho tiempo, la tradición oral identificó a la figura femenina como Malintzin, la Malinche o la legendaria Reina Xóchitl. Esa interpretación popular terminó por dar nombre al cerro y a la colonia cercana. Sin embargo, los estudios iconográficos ofrecieron una lectura diferente. Los atributos de la figura, su asociación con el agua y el signo calendárico que la acompaña llevaron a especialistas a identificarla principalmente como Chalchiuhtlicue, diosa del agua.
La figura femenina recuerda que el agua no pertenecía exclusivamente a Tláloc. Tláloc estaba relacionado principalmente con la lluvia, las tormentas y el agua que descendía del cielo. Chalchiuhtlicue, en cambio, presidía las aguas que corrían o brotaban sobre la tierra: ríos, lagos, manantiales y fuentes. Ambas fuerzas eran distintas, pero complementarias dentro del ciclo agrícola.
El nombre Chalchiuhtlicue procede de chalchihuitl, piedra preciosa o jade, y cueitl, falda. Puede traducirse como ‘la de la falda de jade’ o ‘la que tiene una falda de piedras preciosas’. Algunos estudios también han reconocido en el relieve elementos relacionados con el maíz. Por ello se ha propuesto una posible asociación con Centéotl, deidad cuyo nombre puede traducirse como ‘dios del maíz’ o ‘dios de la mazorca’.
mc_el_ruineroQuetzalcóatl: más que un dios del viento
El segundo relieve muestra a un personaje masculino acompañado por el signo Ce Ácatl. En náhuatl, ce significa uno y ácatl, caña o carrizo; por ello, Ce Ácatl se traduce como ‘Uno Caña’. Este era el nombre calendárico asociado con Topiltzin Quetzalcóatl. La figura está de pie sobre una estera o petate, elemento relacionado con el gobierno y la autoridad. También parece realizar un acto de autosacrificio al perforarse la oreja, una práctica ritual propia de sacerdotes y gobernantes. Detrás de él se despliega la serpiente emplumada.
Estos elementos sustentan su identificación como Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, gobernante-sacerdote de la tradición tolteca. Sin embargo, no permiten afirmar que sea el retrato exacto de una persona histórica. Topiltzin Quetzalcóatl es una figura compleja en la que confluyen los recuerdos de un gobernante, la autoridad sacerdotal, el héroe cultural y los atributos de una divinidad. Incluso su existencia como un único individuo histórico continúa siendo materia de discusión entre los especialistas.
mc_el_ruineroTampoco parece tratarse principalmente de Ehécatl-Quetzalcóatl, advocación de Quetzalcóatl relacionada con el viento. Ehécatl significa precisamente ‘viento’. Sus representaciones suelen portar una máscara bucal semejante a un pico, un gorro cónico y un pectoral de caracol cortado, atributos que no dominan en el relieve del cerro.
La definición más cuidadosa es la de una imagen político-religiosa de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, situada entre el gobernante, el sacerdote, el antepasado y el ser sagrado.
Una mirada mexica hacia el pasado tolteca
Aunque los personajes están profundamente relacionados con Tollan, los relieves no necesariamente fueron realizados durante el apogeo tolteca. Diversos investigadores los atribuyen al estilo mexica y los sitúan hacia finales del siglo XV. De ser así, fueron tallados varios siglos después de la caída de la gran Tula. Para los mexicas, Tollan representaba un pasado ejemplar. Era la ciudad de los grandes artistas, gobernantes y sacerdotes, así como una fuente de legitimidad política y religiosa.
Los relieves pudieron funcionar como un homenaje a las fuerzas sagradas heredadas de la tradición tolteca. La figura de Topiltzin Quetzalcóatl también pudo ser una ‘imagen histórica retrospectiva’: una reconstrucción mexica del gobernante venerado, creada para establecer un vínculo con el prestigio de la antigua ciudad, según especialistas.
Así, el conjunto habla de dos épocas al mismo tiempo. Conserva la memoria tolteca, pero también muestra la forma en que los mexicas interpretaron y se apropiaron simbólicamente de esa memoria.
Tula de Allende, HidalgoCómo llegar al petrograbado de Chalchiuhtlicue, diosa del agua
Tula de Allende se localiza en el estado de Hidalgo, al norte de la Ciudad de México. Por carretera, el trayecto desde la capital del país suele realizarse por la autopista México-Querétaro y la conexión hacia Jorobas-Tula. La distancia ronda los 90 kilómetros, aunque el tiempo de recorrido depende del tránsito.
Te sugerimos para comprender el contexto, que tu visita coience en la Zona Arqueológica de Tula y en el Museo Arqueológico Jorge R. Acosta. Ahí es posible conocer la historia de Tollan, su desarrollo urbano y la importancia de Quetzalcóatl antes de acercarse al paisaje del cerro. Desde el centro de Tula, el cerro Magoni Chico se encuentra hacia la colonia La Malinche, cerca del río Rosas. No debe confundirse con el volcán La Malinche o Matlalcueye, ubicado entre Puebla y Tlaxcala.
Alejandro SotoEl conjunto de petrograbados no cuenta con la misma infraestructura turística, señalización ni servicios de la zona arqueológica principal. Tampoco aparece en la información institucional consultada como una zona de visita regular con horario propio. Por ello, antes de subir es recomendable confirmar las condiciones de acceso con el Centro INAH Hidalgo, la administración de la Zona Arqueológica de Tula o la oficina municipal de turismo. La opción más segura es realizar el recorrido con un guía local autorizado o con acompañamiento de personas que conozcan el terreno.
Una ruta para mirar Tula de otra manera
Visitar este paisaje permite descubrir una Tula distinta a la de las imágenes más conocidas. Los Atlantes representan solamente una parte de la antigua ciudad; los cerros, ríos y relieves muestran cómo el territorio entero podía transformarse en un espacio ritual. En la piedra de Magoni Chico quedaron reunidos el agua que alimenta la tierra y el personaje que concentra la memoria sagrada de Tollan. Chalchiuhtlicue recuerda que la lluvia no era solamente cosa de Tláloc: el agua también tenía rostro de mujer y habitaba en ríos, lagos y manantiales. El cerro La Malinche conserva, así, un códice sobre piedra y una invitación a recorrer Tula más allá de sus recintos monumentales.
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