El mundo se mueve al ritmo de las movilizaciones populares. En las últimas semanas, entre las humaredas y gritos estridentes que las derechas crean y lanzan contra los beneficios sociales, la educación, la vivienda, el trabajo, se han organizado en plazas y calles, millones de personas que se oponen a la lógica de un mundo univoco, desigual, desinformado, sin derechos.
En los días precedentes, de Francia a Serbia y de España a Brasil, vimos movilizaciones contra la austeridad, contra la corrupción, contra la crisis, contra el autoritarismo, contra la falta de libertades.
Serbia y Brasil atrajeron los reflectores porque se produjeron victorias electorales con un claro apoyo popular.
En el caso de Serbia, la Lista de Estudiantes logró una victoria legislativa después de 2 años de movilizaciones y protestas por todo el país. Con ello, ponen fin al gobierno de Aleksandar Vucic que ostentó el poder por 14 años.
La celebración de la victoria se plantea como la de un conglomerado multicolor que apeló a combatir la corrupción del gobierno con contratos discrecionales y a modo para amigos de los funcionarios. Los manifestantes pasaron de reclamar que “la corrupción mata” (por la caída de una marquesina en una recién renovada estación ferroviaria) a un movimiento que recorrió las regiones organizando una resistencia nacional que hoy gobernará Serbia.
La victoria en segunda vuelta de Luiz Inácio Lula Da Silva frente a Flavio Bolsonaro es otro ejemplo de movilización popular.
En la primera vuelta Bolsonaro quedó arriba y las tendencias parecían colocarlo con un pequeño margen arriba. Hubo sin embargo al menos cuatro elementos que cambiaron la situación en la segunda vuelta.
Uno fue que se desplegó una acción de uso de redes sociales, movilización en territorio y uso de medios para reposicionar a Lula, poniendo por encima de cualquier encuesta los añejos logros sociales que benefician a la población joven y adulta mayor o la novedosa reducción de la jornada laboral a 40 horas y dos días de descanso.
Otro elemento fue durante el debate, cuando Bolsonaro se mofó de Lula llamándole “nueve dedos”, el octogenario político convirtió el hecho en una declaración de principios de la clase trabajadora, recordando su participación laboral a corta edad y sin derechos, la jugada fue poner a Bolsonaro como opresor y a él y todos los trabajadores como quienes a pesar de perder un dedo se mantienen firmes.
Otro hecho es que el equipo de Lula logró impugnar y que la jornada se extendiera dos horas por el bloqueo para la movilización de personas que buscaban ir a los centros de votación. El tribunal supremo ordenó la extensión de la jornada y puso en evidencia artilugios contra votantes del PT por parte del partido de Bolsonaro en algunas regiones.
Un último elemento es que el PT logró movilizar a la gente. A sus votantes adeptos, el voto duro, pero también a un sector que se convirtió en el objetivo durante dos semanas, los que no votaron, los que votaron nulo o en blanco. La participación electoral subió alrededor de 10% y los votos en blanco y nulos bajaron alrededor de 1.5%.
Es decir, los votos que dan el triunfo a Lula -los 4.4 millones de diferencia que le dieron el triunfo- son una combinación de los votantes de otros partidos, en menor medida, y la gente que se convenció y convencieron con la estrategia de movilización del PT de salir a votar. Para cerrar, recordemos que los movimientos sociales suelen cuestionar el fondo de la relación entre sociedad y estado como una crítica al autoritarismo, la corrupción y la acumulación de poderes no estatales, se mueven entre una política contenciosa y una política cultural contra-hegemónica que establece su relación con el Estado y la democracia para demandar reformas y/o para modificar o transformar estructuras.
Los resultados en Serbia y Brasil combinan movilización social y electoral que confluyen, pero también son eco de un estado de ánimo que recorre el mundo. Un espíritu colectivo y rebelde que se opone a las políticas reaccionarias, al fascismo, al conservadurismo.
Las victorias en Serbia y en Brasil, por eso tienen un sabor de victoria colectiva, de una parte del mundo que le planta la cara a la derecha y al mundo univoco que pretende Donald Trump.
Contenido sindicado vía RSS de Conexión Migrante. Nota original: https://conexionmigrante.com/2026-/10-/27/mundo-errante-rebeldias/