La relación comercial entre México y Estados Unidos ha entrado en una fase de dinamismo sin precedentes, desafiando las tensiones geopolíticas globales y el proteccionismo del presidente Trump con los cambios en las políticas arancelarias de la región. De acuerdo con las cifras más recientes publicadas por la U.S. Census Bureau, el pasado mes de julio el comercio bilateral rompió todos los récords. Por primera vez desde que se llevan registros oficiales, las exportaciones mexicanas hacia la principal economía del mundo alcanzaron 60,550 millones de dólares en un solo mes, +33.6% anual. México está ampliando considerablemente la brecha frente a todos sus competidores internacionales, consolidando su liderazgo indiscutible. Durante julio, el país capturó una participación de mercado del 18.2% del total de las importaciones de bienes realizadas por Estados Unidos. Canadá se ubicó en un lejano segundo lugar con el 10.1% de las compras estadounidenses, mientras que China continuó bajando con el 8.1% del mercado, seguida de cerca por Vietnam, que alcanzó un 7.9%. La composición interna de los envíos mexicanos está cambiando profundamente. El sector automotriz y autopartes había fungido siempre como el motor indiscutible del comercio exterior de la nación; sin embargo, los datos de julio muestran un cambio estructural acelerado por el explosivo avance de los productos de tecnología avanzada. Las exportaciones mexicanas en este último segmento tecnológico alcanzaron la extraordinaria cifra de 27,061 millones de dólares en julio, creciendo +108.7% en comparación con los 12,965 millones de dólares registrados en julio del año anterior. En lo que va del año sumaron 163 mil millones y ya superan a las ventas automotrices, Este avance en alta tecnología, enfocado primordialmente en computadoras, componentes electrónicos de conectividad y semiconductores, compensó con creces la moderación observada en los envíos de vehículos ligeros, los cuales experimentaron presiones temporales debido a la aplicación de aranceles bajo la Sección 232 por parte de la administración estadounidense, facturando en el mes unos 13,164 millones de dólares. El auge de la relocalización de empresas especializadas en tecnología avanzada están transformando gradualmente el perfil exportador de México. ¿Qué tanto lo estamos aprovechando? El dinamismo comercial también se refleja en las importaciones desde la Unión Americana, las cuales sumaron 34,240 millones de dólares en julio (un alza anual del 18.3%), absorbiendo el 17.3% de las ventas globales de Estados Unidos. Como resultado, el superávit comercial mexicano escaló a un récord histórico de 26,310 millones de dólares en dicho mes, un incremento del 60.7% anual. De enero a julio, las exportaciones alcanzaron un récord de 358,700 millones de dólares frente a importaciones por 229,800 millones, dejando un superávit acumulado de 129,900 millones de dólares, lo que consolida a México como la piedra angular del suministro industrial norteamericano. En el acumulado del último año y medio —coincidiendo con el inicio del segundo mandato de Donald Trump y las revisiones anuales del T-MEC hasta 2036— el flujo de mercancías ha acumulado 851 mil millones de dólares, frente a 485 mil millones de dólares del primer año y medio del primer periodo de la Administración Trump; un crecimiento del 75.5%. Sin embargo, el aparente éxito de México al consolidarse como el principal socio comercial de Estados Unidos esconde una debilidad estructural profunda: El sector exportador genera un mínimo valor agregado, lo que debilita el impacto del comercio en el PIB; alrededor del 0.6% del PIB. Esta es una de las razones del bajo impacto del comercio en el crecimiento económico. Para explicar esta dicotomía podríamos enunciar las siguientes debilidades: 1. El modelo de “maquila” de ensamble. Una gran parte de las exportaciones mexicanas opera bajo el régimen de importación temporal para su posterior exportación (programas IMMEX). En sectores de alta tecnología, las plantas ubicadas en México importan microchips, pantallas y tarjetas madre de Asia o Estados Unidos, solo se realizamos el ensamble final, el empaque y la logística. La riqueza generada por la propiedad intelectual, el diseño industrial y la fabricación de componentes de alto valor se queda en el extranjero.2. Baja integración de proveeduría local: Las Pymes mexicanas están prácticamente desconectadas de las grandes cadenas globales de valor. De cada dólar que México exporta en manufacturas avanzadas, menos del 30% corresponde a valor agregado puramente mexicano (principalmente mano de obra, energía y servicios locales). El 70% son insumos importados. Las ganancias del comercio exterior no se esparcen hacia el resto de la economía local.3. El sesgo de la “Inversión Extranjera Directa Financiera”, el 88% de la IED corresponde a la reinversión de utilidades. Esto significa que las empresas extranjeras ya establecidas están automatizando procesos o ampliando líneas, pero no se está creando una masa crítica de nuevas empresas (greenfield) que construyan infraestructura desde cero, demanden nuevos proveedores locales o transfieran tecnología al ecosistema nacional.
Contenido sindicado vía RSS de El Financiero. Nota original: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/ernesto-o-farrill-santoscoy/2026/09/07/las-cifras-record-del-comercio-de-mexico-con-eu-esconden-un-bajo-valor-agregado/