A finales de julio el INEGI publicó los resultados de las Estadísticas de Salud en Establecimientos Particulares (ESEP). Hay una cifra en este reporte que debería tener más atención de la que recibió: en 2025 los hospitales privados registraron 2 millones 329 mil egresos, el máximo de la serie. Y lo lograron con menos hospitales. Los establecimientos pasaron de 2,747 a 2,689, mientras las camas subieron a 35,732. Menos unidades, más camas, más pacientes internados. El sanatorio de ocho camas está cerrando; el hospital de cuarenta está creciendo.
Esa es la noticia. Pero antes de sacar conclusiones, conviene poner una advertencia sobre la mesa, porque casi nadie la pone.
Lo que el INEGI no cuenta
Las estadísticas del INEGI no miden el “mercado de salud privada”, sino sólo una parte del servicio hospitalario: los establecimientos con camas censables. Si el establecimiento no interna pacientes, no existe para esta estadística. Quedan fuera los consultorios adyacentes a farmacias (CAF), los laboratorios, los gabinetes de imagen, las clínicas de corta estancia. Justo donde ocurre el primer contacto de la mayoría de los mexicanos con la medicina de paga.
No es un error del INEGI: su ficha metodológica lo dice con todas sus letras. El error es de quien lee “sector privado de salud” donde dice “hospitales privados con camas”. Y ese error produce paradojas falsas.
Un ejemplo. Entre 2018 y 2024 el gasto de bolsillo de los hogares en salud creció 41.4% en términos reales, según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH). Al mismo tiempo, la consulta externa en hospitales privados cayó 4.8% el año pasado y hoy está por debajo del nivel de 2019.
¿Los mexicanos gastan más y consultan menos? No. Gastan más en otra parte: seis de cada diez personas se atienden en consultorios privados o farmacias, y 38% del gasto familiar en salud se va en medicamentos. El consultorio de la esquina se llevó la consulta que antes daba el hospital. El hospital se quedó con lo que aquel no puede hacer: quirófano, tomógrafo, terapia intensiva.
¿Atiende el privado los huecos del público?
Aquí está la hipótesis que vale la pena discutir. La lectura cómoda dice que el privado crece porque el público falla. Es parcialmente cierta, y hay un dato que la respalda: los egresos por enfermedades oculares —léase cirugía de catarata— crecieron 26% en un solo año, y cuatro de cada diez ocurrieron en hospitales medianos, de 25 a 49 camas. Eso es un circuito de alto volumen y baja complejidad absorbiendo lista de espera pública. Quien no quiso esperar dos años, pagó.
Pero la lectura se cae en cuanto uno mira el mapa con detalle. Si el privado estuviera compensando al público, aparecería donde el público es más débil. Ocurre exactamente lo contrario. La brecha entre la entidad con más camas privadas y la que tiene menos por habitante es de 7.7 a 1: la Ciudad de México tiene 51.5 por cada cien mil habitantes; Nayarit, 6.7. En el sector público esa misma brecha en camas es de 4.2 a 1. La oferta privada es casi el doble de desigual que la pública y se concentra donde el sistema de salud público ya era más denso.
El privado no llena huecos: sigue mercados. Son cosas distintas, y confundirlas ha salido caro en el diseño de política pública.
Dos cosas incomodan en los datos de las ESEP
La capacidad instalada privada trabaja alrededor del 37%. Con 2.1 días de estancia promedio, 5,145 quirófanos y 1,915 camas de terapia intensiva, el país tiene infraestructura hospitalaria detenida mientras discute cómo construir más. La compra estratégica de servicios —con tarifas reguladas, acreditación y auditoría clínica, no contratación de emergencia— es una conversación pendiente.
En 2025 los hospitales privados practicaron 268,269 cesáreas y reportaron 315,066 nacidos vivos. Haga la división. El resultado es tan alto que lo primero que hay que sospechar es que ambas cifras no provienen del mismo universo de captación, y probablemente así sea.
Sin embargo, las estimaciones conservadoras colocan la cesárea privada mexicana por encima del 60% de los nacimientos, frente al 10 a 15% que recomienda la OMS. Ahí ya no hay ambigüedad estadística que valga.
Un dato ayuda a entender por qué: 84% de los médicos que trabajan en hospitales privados no está en la nómina. Opera bajo un “acuerdo especial”. El hospital renta infraestructura; el médico decide. Con esos incentivos, esperar el trabajo de parto compite en desventaja frente al procedimiento programado.
Lo que falta
Dos correcciones necesarias. Que el INEGI publique en el boletín las tasas de no respuesta que hoy quedan sepultadas en los metadatos, para saber si los 58 hospitales que desaparecieron del conteo cerraron o simplemente no contestaron. Y que se extienda la obligación de reportar a los CAF, laboratorios y unidades de corta estancia. Mientras ese universo siga fuera del radar, la autoridad sanitaria planea a ciegas sobre la mitad del sistema.
Lo demás es interpretación. Y la interpretación, sin el dato completo, casi siempre termina diciendo lo que uno quiere creer.
Contenido sindicado vía RSS de El Financiero. Nota original: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/colaborador-invitado/2026/08/11/el-hospital-privado-no-llena-huecos-sigue-mercados/