Es una pena que una editorial de esta envergadura se vea obligada a cerrar sus puertas; también es el reflejo de la inestabilidad a la que el escritor en México se enfrenta. ¿Qué pasará con aquellos manuscritos que han quedado pendientes, prometidos, y en algunos casos hasta a punto de imprimirse, tras el cierre de Ediciones ERA?
Por Évolet Aceves / X: @EvoletAceves
Ha cerrado las puertas una de las editoriales mexicanas más emblemáticas que desde la segunda mitad del siglo XX y hasta 2026 continuó operando.
Ediciones ERA fue fundado en el año 1960, y su nombre es un acrónimo compuesto por las iniciales de sus tres fundadores: Neus Espresate, Vicente Rojo y José Azorín. Rojo invitó a sus compañeros de trabajo —los arriba mencionados— de la Imprenta Madero, para emprender la entonces nueva editorial e imprimir los libros mientras las máquinas de la imprenta se encontraban desocupadas.
ERA no sólo fue la editorial que cobijó a un enorme y entrañable listado de escritores mexicanos y traducciones de autores extranjeros, fue también el emblema del exilio español enraizado en México a partir de las migraciones surgidas durante la Guerra Civil Española a finales de los años 30. Entre los hijos de algunos de aquellos emigrantes se encontraban quienes fungieron como fundadores, editores y empresarios de esta editorial.
Entre el catálogo de sus autores figuraron escritores emblemáticos, muchos de los cuales continúan escribiendo literatura de gran calidad: Ana García Bergua, Elena Poniatowska, Coral Bracho, Alberto Chimal, José Joaquín Blanco, Verónica Murguía, Hernán Bravo Varela, Bárbara Jacobs, Elsa Cross, por mencionar a algunos, y me parece relevante mencionarlos porque de más de uno fue la casa editorial a la que confiaron la mayor parte de su obra, y que en estos momentos pasa a ser obra descontinuada —e igualmente disponible para otras editoriales que aquí debieran prestar atención.
Si bien ya varios de ellos han optado por dirigir su obra hacia otras editoriales asiduamente, hay quienes aún no lo habían hecho.
Entre los ya fallecidos fueron publicados por ERA: José Emilio Pacheco, Inés Arredondo, Juan García Ponce, Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Sergio Pitol, Gabriel García Márquez, Rosario Castellanos, Augusto Monterroso, Fernando Benítez, y la lista continúa.
Hay que mencionar también la importancia y el espacio que ERA ofreció a varios artistas plásticos de gran peso histórico entre las páginas de su editorial: Leonora Carrington, Remedios Varo, José Luis Cuevas, Francisco Toledo y el mismo Vicente Rojo.
Su línea editorial en un inicio era muy marcada, publicaban libros y autores con un claro posicionamiento político de izquierda. Eventualmente, la editorial fue expandiendo su campo y brindándole mayor espacio a la literatura, a la multiplicidad de géneros literarios prosísticos y poéticos que a partir de hoy sólo se encontrarán en librerías de ocasión y en tianguis de libros curados. Cuento, novela, poesía, ensayo, crónica y libros híbridos —pienso en el título publicado entre Miguel León-Portilla con ilustraciones de Vicente Rojo, o aquel de Monsiváis con ilustraciones de Francisco Toledo —que ya de por sí era difícil de conseguir—, así como los libros con el catálogo de pinturas de Remedios Varo, y el de Octavio Paz sobre Marcel Duchamp.
Una buena parte de las portadas en los primeros años de la editorial estuvieron a cargo nada más y nada menos que de Vicente Rojo, tremendo artista plástico que le entró al quite y de lleno al diseño editorial, creando portadas de libros espectaculares, jugando con imágenes, colores y utilizando la tipografía Egipto para mostrar el título y el autor en la portada.
Ya desde hacía varios años —y no pocos— que la editorial no andaba bien, sus títulos eran cada vez más difíciles de encontrar en los estantes de las librerías, eran sumamente escasos y, si no vivías en la Ciudad de México, encontrar un título de ERA significaba encontrarte con un milagro.
En la carta publicada por la editorial anunciando su cierre definitivo, atribuían como principal motivo de la clausura el cambio que el mercado editorial ha sufrido en sus últimos años. Yo no creo que se deba precisamente a estos cambios, el mercado editorial mexicano continúa vigente, tan vigente como para dar a conocer y generar grandes ventas de títulos —muchos de los cuales tienen como autores a escritores extranjeros, eso encanta en México, pero esa ya es harina de otro costal.
El problema radicó en una gestión que no supo actualizarse, que no logró hacer frente a su administración ni a su distribución, que descuidó a sus autores a tal grado de que varios de ellos se les fueron de las manos como agua entre los dedos. Sin embargo quedaron los autores fieles, aquellos que confiaron en la editorial con la que comenzaron y continuaron su carrera literaria, o aquellos que continuamente publicaban o comenzaban a publicar con ERA porque estar respaldados por ese sello significaba no sólo prestigio, sino calidad editorial, cuidado e historia detrás, aunque esas cualidades fueron decreciendo con el paso de los años.
Es una pena que una editorial de esta envergadura se vea obligada a cerrar sus puertas; también es el reflejo de la inestabilidad a la que el autor en México se enfrenta, no está demás mencionar que el escritor en México no suele estar escribiendo obras literarias de lunes a viernes de 9 a 5 pm.
Al mismo tiempo, se abren otras posibilidades, acaso —y espero—, para aquellos manuscritos que han quedado pendientes, prometidos —y en algunos casos hasta a punto de imprimirse—, y que de todo corazón espero sean pronto publicados. Hay veces en las que se piensa que el año de publicación de una primera edición equivale al año en que el libro fue escrito, éste es un claro ejemplo de que no es así. Los libros están escritos, más veces de las que pensamos, con años de antelación a su fecha de publicación.
ERA fue y será.
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