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Esta es la cuarta y última edición de esta serie de columnas que he dedicado al Fed bajo el liderazgo de Kevin Warsh, así como sobre la forma en la que considero que el Banco de México podría actuar (“El Fed de Warsh y Banxico”, (I), (II) y (III) el 8, 15 y 22 de septiembre, respectivamente).

En este sentido, la semana pasada el Banco de México sostuvo su reunión de política monetaria y la Junta de Gobierno decidió por unanimidad dejar la tasa de referencia sin cambio en 6.50 por ciento, como era altamente previsto. Sin embargo, confieso que me sorprendió positivamente el cambio en el párrafo prospectivo. Mi expectativa y considero que la de la mayoría de los analistas y participantes de los mercados era que al igual que el nivel de la tasa de referencia, el párrafo prospectivo también se iba a dejar sin cambio con respecto al de la reunión anterior del 6 de agosto. Lo que más me sorprendió no fue la mención explícita al Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) en dicho párrafo, sino que en mi opinión, se hizo una descripción bastante explícita de la función de reacción actual del Banco de México, en torno a lo que pudiera llegar a hacer el Fed, así como a otras variables relevantes, lo cuál, en mi opinión, habla muy bien de la comunicación del banco central.

El párrafo prospectivo de la reunión de política monetaria anterior del 6 de agosto decía a la letra: “…hacia delante, la Junta de Gobierno considera que será apropiado mantener la tasa de referencia en su nivel actual. Juzga que la postura monetaria es adecuada para enfrentar los retos del entorno macroeconómico, incluidos aquellos derivados del contexto internacional…”, mientras que el de la semana pasada se modificó a “…hacia delante, la Junta de Gobierno tomará sus decisiones considerando la continuación del proceso desinflacionario y el comportamiento esperado de sus determinantes, incluyendo el traspaso del tipo de cambio a los precios del consumidor, las condiciones de holgura y las expectativas de inflación. Dado que las condiciones macroeconómicas en México son distintas a las de Estados Unidos, la política monetaria no tendría que reaccionar de manera mecánica ante los ajustes previstos a la tasa de fondos federales…”. Considero que existen aspectos muy distintos entre las economías de los EU y de México: (1) El dinamismo económico; y (2) el hecho de que el gobierno mexicano ha absorbido el incremento internacional en los precios de la gasolina regular y del diésel y el de EU no; y (3) el nivel de las tasas reales en ambos países. La de los Estados Unidos se encuentra en territorio ‘laxo’, mientras que la de México en territorio ‘neutral’.

México sigue siendo una economía pequeña y abierta, tomadora de precios, en donde uno de los precios más importantes es “el precio del dinero”, es decir, las tasas de interés. En este sentido, el Banco de México no decide sobre el nivel absoluto de la tasa de interés, sino solo sobre el nivel del diferencial de tasas de interés entre la de Banxico y la de fed funds. Esta descripción sobre lo que realmente puede decidir el Banco de México está fundamentado en el Modelo Mundell-Fleming de economía abierta (Fleming, 1962; Mundell, 1963). El diferencial de tasas de interés entre la tasa de referencia del Banco de México –actualmente en 6.50 por ciento–, y la tasa de fed funds –actualmente en un intevalo entre 3.75 y 4.00 por ciento)–, se encuentra en 250 puntos base (2.50 puntos porcentuales).

Dicho diferencial se encuentra en su nivel más bajo desde que el Banco de México introdujo la tasa de interbancaria a un día como instrumento de política monetaria en enero de 2008. Esto podría hacer pensar a algunos que el Banco debió de haber subido la tasa de referencia 25 puntos base (pb) en tandem con el Fed para haber dejado el diferencial en 275 pb como había estado por varios meses. Un menor diferencial disminuye el atractivo del peso mexicano frente al dólar de los Estados Unidos. En este sentido vimos como el dólar se ha fortalecido contra varias monedas -incluyendo el peso mexicano-, desde que el Fed elevó la tasa de fed funds. En el caso del tipo de cambio peso-dólar (fix), éste se elevó de 17.1527 el 15 de septiembre, a 17.7100 pesos por dólar el viernes pasado (3.25 por ciento).

Sin embargo, considero que dado que el dólar ha observado varios meses de debilidad, hay espacio para que se fortalezca ‘un poco’ sin que tenga efectos significativos en la inflación o en las expectativas de inflación en México.

Sin embargo, pareciera ser que el otro límite que puso Banxico para no reaccionar ‘mecánicamente’ con el Fed es al menos “ante los ajustes previstos a la tasa de fondos federales”, enfatizando en la palabra “previstos”. La pregunta es a qué se refiere la Junta de Gobierno con “previstos”: (a) ¿Por el propio Fed en sus proyecciones (‘dot plot’)? Si es así, solo sería un alza de 25pb; (b) ¿El consenso de analistas? Al igual que (a), la mediana de analistas en la encuesta más reciente de Bloomberg tiene 25pb para el tercer trimestre de 2027; y (c) ¿Cuántas alzas de tasas tiene el mercado de futuros de fed funds descontadas hacia delante? El pasado jueves tenía descontados alrededor de 90pb de alzas a un año.

En mi opinión, considero que el Fed sólo elevará la tasa de fed funds en 25bp en una sola ocasión más, por lo que Banxico podría dejar la tasa de referencia sin cambio en 6.50 por ciento durante este ‘mini-ciclo’ del Fed.

Referencias

Fleming, Marcus (1962). “Domestic Financial Policies under Fixed and under Floating Exchange Rates”, IMF Staff Papers, 9: 369–379.

Mundell, Robert (1963). “Capital Mobility and Stabilization Policy under Fixed and Flexible Exchange Rates”, Canadian Journal of Economics and Political Science, 29: 475-485.


Contenido sindicado vía RSS de El Financiero. Nota original: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/gabriel-casillas/2026/09/29/el-fed-de-warsh-y-banxico-iv/

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