“Ningún método científico avalaría un desempate por género. Es una ofensa tanto para el niño como para la niña. Son representantes de un conocimiento, de un esfuerzo y de un trabajo que dista mucho que se haya dado por ser niño o niña. No hay ningún método, ninguna escuela de pensamiento pedagógica que permita que se tomen ese tipo de decisiones”, afirma Paulina Amozurrutia, coordinadora y fundadora de la organización civil Educación con Rumbo, sobre la inclusión de apartados en la Convocatoria Nacional Olimpiada del Conocimiento Infantil 2026 donde, por ejemplo, en casos de “desempate se tomará como primer criterio la selección de una niña o adolescente mujer”, se lee en el documento (Base cuarta. De la emisión de convocatorias).
Amozurrutia, quien también es directora de Unión Mujer, fundación centrada en el empoderamiento femenino, está a favor de que exista un andamiaje que permita la representatividad de las niñas en la competencia, pero le resulta “burdo” especificar que un proceso de desempate sea por género. Piensa en estados como Oaxaca o Guerrero, y zonas rurales donde muchas veces a las niñas no se les permite participar en competencias así. Que las niñas se acerquen a las carreras de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas es prioritario, dice, pero “en un proceso de selección final no puede haber un método científico en donde se les esté enseñando a los niños del rigor de éste cuando se toman decisiones basadas en género”.
En la convocatoria emitida por la Secretaría de Educación Pública hay otro ajuste en los criterios de evaluación. Se establece que en la Primera Etapa, “de las y los participantes seleccionados para avanzar a la siguiente etapa, al menos la mitad deberán ser niñas y adolescentes mujeres”. Ese mismo criterio de selección se estipula en la Segunda Etapa.
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La pedagoga Laura Frade, quien ha sido observadora en anteriores concursos de la Olimpiada del Conocimiento Infantil, está a favor de la medida y explica que, generalmente, quedaban niños varones:
“Existe una razón de peso para hacerlo y es la baja participación de las mujeres mexicanas en las ramas relacionadas con la ciencia, la tecnología, las matemáticas y las ingenierías. De hecho, los datos estadísticos lo reflejan: la brecha de género en estos sectores en México es del 34.5 % de las egresadas para el 2021-2022 y del 37 % de las mujeres en el SNI 2025-2026. Dado que las Olimpiadas del Conocimiento son un proceso educativo, es indispensable fomentar que las niñas participen en algo que normalmente no se promueve para ellas”, dice Frade. Estas cifras representan que, a largo plazo, las diferencias salariales entre hombres y mujeres van a aumentar porque las carreras mejor pagadas tienen relación con la tecnología, la ciencia de datos y las matemáticas, añade la pedagoga.
Luz de Teresa, expresidenta de la Sociedad Matemática Mexicana, también ve con buenos ojos la convocatoria y da un ejemplo: en la Olimpiada de Matemáticas es moneda corriente ver que lleguen menos mujeres: “Me acuerdo perfectamente que en Nuevo León había un problema porque no llegaban niñas”, afirma y ofrece un dato relevante: cuando Isabel Hubard coordinó la Olimpiada de Matemáticas en la Ciudad de México se triplicó la participación femenina sólo por ver a mujeres con liderazgo: “Hizo que las niñas se sintieran identificadas y participaran muchísimo más”.
Frade y De Teresa aplauden la determinación de garantizar que, del total de becas que se darán a los ganadores, “cuando menos el 50 por ciento sea para niñas y adolescentes mujeres”.
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Amozurrutia insiste, sin embargo, en que “definitivamente, no creo que haya ninguna escuela pedagógica que respalde una decisión errática de género. Ellos se han acercado a ciertas escuelas pedagógicas en el tema de trabajar por proyectos, pero no lo han hecho de manera sólida, ¿por qué? Porque se han alejado del método científico y no han capacitado a los profesores. No hacen procesos integrales, toman decisiones erráticas que no tienen política pública, planeaciones curriculares, capacitación docente ni presupuesto. Entonces siguen jugando con la educación y tomando decisiones más mediáticas y políticas que pedagógicas y de estructura curricular. La 4T tiene una estrategia y un lineamiento continuo de debilitamiento de las evaluaciones. Lo hemos visto desde su negativa a pruebas como PISA, la reducción de las evaluaciones en media superior, la reducción de niños reprobados y las consecuencias para el cambio de grado. A la 4T no le gusta tener evaluaciones con rigor ligadas al método científico. Ligar el género a una decisión final es algo injusto y burdo”.
En cierta medida, para ella se trata de la punta del iceberg. “Desde las asociaciones civiles seguimos exigiendo a la Secretaría de Educación Pública que haga un proceso sólido en la planeación curricular, en la generación de los libros de texto y en procesos que tendrían que salir desde el Consejo Nacional de Participación Escolar. Es algo que hemos exigido desde Educación con Rumbo”, continúa.
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Frade, no obstante, ve también un problema fundamental: que en el aula y en la escuela no se garantice con estrategias específicas que las niñas participen en igualdad de condiciones que los hombres: “Aunque el plan y programa de estudios busca desarrollar el eje articulador de igualdad de género como capacidad para aprender a vivir armónicamente y en igualdad de derechos entre hombres y mujeres, lo que además se trabaja en varios proyectos en los libros de texto, no hay líneas específicas de cambio cultural en este sentido. De ahí que sea una política incompleta”.
Amozurrutia concluye: la medida es superficial porque el acercamiento de las niñas a las ciencias exactas y su repercusión en las carreras de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, deben estar ligados a la sensibilización, capacitación y conocimientos previos: “Este proceso de andamiaje tiene que ser integral. Cuando ya las acercas, entonces también aseguras que puedan tener un porcentaje representativo en este tipo de competencias. Porque es cierto que, regularmente, en las ciencias exactas uno piensa en hombres, pero estos procesos integrales no los hace la SEP”.
Más optimista, De Teresa menciona que la implementación de políticas de género ha reducido, por ejemplo, el índice de embarazos adolescentes en países como Bangladesh.
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