Sabemos muy poco de la poeta michoacana Concha Urquiza (1910-1945), y lo que sabemos ha pasado por el tamiz de la antología que Gabriel Méndez Plancarte, un poderoso cura católico y director de la revista Ábside. Revista de Humanidades, publicó un año después de la muerte de la poeta en 1946.¹ Más tarde, Roberto Bolaño también impactó la visión de Concha Urquiza, puesto que la transfiguró en el personaje de la legendaria poeta Cesárea Tinajero en la tercera parte de Los detectives salvajes: una leyenda viva, precursora del real visceralismo que optó por el silencio antes que caer en las garras de la literatura comercial y canónica.
Contenido sindicado vía RSS de La Jornada Opinión. Nota original: https://www.jornada.com.mx/2026/08/11/opinion/010o1pol?partner=rss