Bien hace la presidenta Sheinbaum en mantener en la marquesina político-económica el tema del denominado “robo del siglo” (en realidad ya involucra un par de ellos, el XX y el XXI), es decir, el ilegal “rescate” bancario ordenado por Zedillo en 1995, el cual, en diciembre de 1998, alegremente los prianistas convirtieron una voluminosa deuda privada –la de los barones del dinero– en deuda pública –pagada por el pueblo mexicano–, y para ello utilizó uno de los mecanismos más conocidos del régimen neoliberal: socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. Y qué bueno que lo hace, porque muchos de los secretos de este tenebroso asunto fueron guardados bajo mil candados, aunque a lo largo de los años poco a poco se ha documentado el atraco, si bien su plena transparencia se mantiene como asignatura pendiente de la democracia mexicana.
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