México es un mosaico amplio y diverso en todos los sentidos, producto de una mezcla rica entre las culturas prehispánicas y el viejo mundo.
La gastronomía es sin duda el más vivo reflejo de esta riqueza, de ahí que muchas bebidas tradicionales han sobrepasado el tiempo siendo hasta nuestros días orgullo y asombro de propios y extraños.
Maíz y cacao eran los principales ingredientes de las bebidas prehispánicas, en dosis y combinaciones variables y con el agregado de miel y aderezos diversos.
Los atoles se preparan, hoy como hace muchos siglos, con maíz cocido, molido y desleído en agua.
Hace más de 200 años Francisco Javier Clavijero en su historia antigua de México, escribió: "El atolli es insípido al paladar de los españoles, pero lo usan en sus enfermedades, endulzándolo con azúcar en lugar de la miel que los indios emplean.
Para éstos es manjar tan grato que no pueden vivir sin él. En todos tiempos les ha servido de almuerzo y les da bastante fuerza para sobrellevar los trabajos del campo y las demás fatigas en que se emplean".
Una bebida hecha con polvo de cacao era preferida del emperador Moctezuma, y la bebía a sorbos, endulzada con miel, en copas de oro.
Parece que tomar chocolate fue exclusivo la clase alta en el México prehispánico, sin embargo, gustó tanto a los europeos que revolucionó las costumbres de la sociedad de Europa.
Antes de convertirse en golosina internacional, el chocolate ya formaba parte de la alimentación diaria -especialmente a la hora de la cena- de la mayoría de los mexicanos. La democratización del cacao y del chocolate fue una de las benéficas consecuencias de la conquista española.
Las recetas de atoles y chocolates son innumerables y van desde lo más sencillo (los productos básicos, maíz y cacao, simplemente diluidos y hervidos en agua caliente) hasta otras combinaciones de fermentación o destilados, dónde la bebida adquiere cierto grado de alcohol y es utilizado en cierta celebraciones especiales.











