Uno de las expresiones culturales auténticas de México, El Tequila es cultivado y destilado en el estado de Jalisco, donde se encuentra Puerto Vallarta.
Hay muchas pequeñas destilerías alrededor de Puerto Vallarta, pero una visita a la auténtica ciudad Tequila, a sólo 35 minutos en avión desde Puerto Vallarta, bien vale la pena.
Toda la región es alfombrada con las plantas de agave azul verdoso que son visibles a millas alrededor.
Por razón de su añejamiento la clasificación da lugar a tres categorías:
El blanco también llamado “plata”: es el que se obtiene recién terminada la destilación. Pasa a las embotelladoras casi inmediatamente. Sólo está en barricas de encino unas horas o días, por lo cual su sabor no varía en razón del almacenamiento.
El reposado: es el que permanece por un lapso mínimo de dos meses hasta menos de un año en barricas de encino o roble blanco. Es más suave que el blanco, tiene un color natural dorado tenue hasta un ámbar claro, y su sabor tiene un dejo a madera. Su graduación al ser expedido al mercado también es de 35ºGL y hasta un máximo de 55ºGL.
El añejo: es el que se madura al menos durante un año en barricas de roble blanco, nuevas o de segundo uso de 600 L de capacidad.
Su color va de un dorado fuerte a un ámbar oscuro. Su sabor está fuertemente impregnado por la madera. Si ha sido objeto de añejamiento por lo menos tres años, se puede considerar “extra añejo”. Más allá de cuatro años no se debe añejar el tequila, porque se estropea, como sucede por lo demás con cualquier bebida alcohólica excesivamente añejada. Lo que entonces procede hacer es embotellarlo. A partir de entonces ya no se estropea.
Esta es la única región del mundo donde se destila la auténtica bebida digna de nombrarse Tequila.











