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Los Cabos


El irresistible encanto de Los Cabos, hace que cualquier visitante se sienta una celebridad. Por su oferta de atractivos conforma un destino idóneo para artistas de Hollywood; que encuentran, en un entorno desértico, un oasis de belleza, confort y, sobre todo, exclusividad. Es un destino turístico de película, con el agregado de que no requiere efectos especiales. La luz de las estrellas sustituye, en las noches de Los Cabos, los flashazos de los paparazzi; mientras que el brillo de la luna en el mar delinea una alfombra plateada sobre la que desfilan luminarias a bordo de sus yates.

La naturaleza, en un trabajo de milenios, se hizo cargo de la escenografía de Los Cabos. Su diseño merece un Óscar. Un lugar de abruptos contrastes. Conjuga zonas desérticas, plagadas de cactus con agudas espinas, serranías en las que se pueden encontrar pinos, con playas de arenas blancas y aguas azules para todo tipo de bañistas; desde los que prefieren la tranquilidad de olas mansas, hasta quienes se aventuran a practicar el surfing, pasando por los que se divierten con el esnórquel. La belleza del sitio es punzante y extraña. Los especialistas reportan en el sur de la península una variedad de microclimas, que permiten la existencia de especies endémicas. Fauna compuesta de reptiles, roedores, liebres, águilas, pumas, coyotes, y especies muy apreciadas como el borrego cimarrón y el berrendo.

En cuanto a la fauna marina, hay que usar palabras mayores, pues en ciertas épocas del año, de octubre a febrero, pueden verse ballenas y orcas. El conquistador. Hernán Cortés tuvo interés personal en la región, quería establecerse, pero los indios peninsulares le hicieron la vida imposible. Quienes se quedaron más tiempo fueron misioneros jesuitas, que dejaron como testimonio, esparcidas aquí y allá, una serie de misiones que hoy forman parte de la oferta turística. Entre Cortés y los jesuitas la zona sirvió como refugio de corsarios, lo que acentúa su leyenda de lugar misterioso y cinematográfico.

En Los Cabos hay tesoros marinos, con la buena noticia de que para disfrutarlos no se requiere de la aprobación de las fuerzas representadas en el Congreso de Unión, basta con trasladarse al destino. El Mar de Cortés ofrece tres mil especies de animales marinos, que conforman un acuario alucinante. Los aficionados a la pesca deportiva, conocen a Los Cabos como la “Capital Mundial del Marlín”, que junto con el pez vela y el pez espada, son los trofeos más codiciados por los pescadores, quienes en una jornada de buena suerte los puede atrapar en las inmediaciones. El destino abarca poco más de 33 kilómetros, que es la distancia que existe entre San José del Cabo y Cabo San Lucas. Además de la carretera que conecta a ambas comunidades. La carretera es por sí misma una atracción turística por la variedad de playas que se pueden encontrar al recorrerla, como El Chileno, ubicada a la mitad del camino, y que se considera la playa más limpia del país. Durante años fue un paraje casi clandestino para aficionados acaudalados a la pesca deportiva. Digo clandestino porque no había carretera, por lo que se tenía que llegar por aire o por mar.

En fechas tan recientes, como principios de la década de los años 90, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo puso manos a la obra, con el objetivo de crear en esa región el corredor náutico turístico más importante del país. Lo van a lograr. Las principales obras de infraestructura fueron el aeropuerto, la carretera y la marina, que sirvieron de ancla para la edificación de los primeros hoteles y campos de gol. Desde el principio, golf y pesca deportiva constituyeron el binomio toral de la oferta turística de Los Cabos, lo que determinó su perfil para visitantes de altos ingresos. Ahí se encuentran algunos de los campos más hermosos del continente, como Cabo Real, cuyo diseño constituye un verdadero desafío, incluso para los jugadores más diestros.

Para atender a otro segmento de visitantes la oferta de Los Cabos se ha ampliado al turismo de aventura. Comenzando, claro, con el buceo, el kayak, el veleo, y otras actividades marinas, pero la orografía de los alrededores sirve para practicar bicicleta de montaña, cabalgatas, tirolesas, y recorridos off road, de larga tradición en la zona. Finisterre. El arco de Los Cabos es icono ideal del finesterre. Señal de que la tierra se acaba. Piedras blancas desgastadas por el oleaje, pero también por las miles de fotografías que le toman todos los días, pues es gráfica obligada para los visitantes. Se trata de una rúbrica pétrea, un capricho de la naturaleza. Funciona como hotel de gran turismo para pelícanos.

Baja California Sur, su oferta  culinaria,  ha experimentado un rápido desarrollo, en particular la de Los Cabos, en donde operan restaurantes estupendos, con cartas diseñadas para satisfacer los paladares más exigentes como La Panga Antigua, Las Doce Tribus, French Riviera, Sunset Da Mona Lisa, entre otros. La vocación turística de Baja California Sur es incuestionable. En el altiplano se tienen pocas noticias de su patrimonio cultural, que incluye pinturas rupestres de casi ocho mil años de antigüedad y testimonios de grupos indígenas que ofrecieron gallarda resistencia a los conquistadores españoles, además de las austeras misiones construidas por misioneros jesuitas. La naturaleza fue pródiga con esta región del país, que es reserva para animales y plantas en peligro de extinción.

En las tres últimas décadas, los sudcalifornianos han construido en la punta de la península, con trabajo fecundo, un emporio turístico del más alto nivel mundial, con varios de los mejores hoteles de México. Un destino con un potencial desmesurado, como su belleza. Visitar Los Cabos es un pequeño lujo, pero lo vale.