En esto del turismo la conectividad es el nombre del juego. Es la diferencia entre un destino exitoso, con las cajas registradoras tintineando todo el día, y otro que recibe visitantes y recursos a cuentagotas. Es la diferencia entre un destino que se convierte en polo de desarrollo regional de otro que se contrae, que se apaga.
No es casual que el primer apartado del Acuerdo Nacional de Turismo, signado por los poderes de la República y que es la carta de navegación del sector, contemple incrementar la conectividad y facilitar el tránsito para generar un aumento de asientos por cielo, mar y tierra dentro país y hacia México, así como agilizar la llegada, el tránsito y salida de turistas. La conectividad no sólo es crucial para poder aprovechar la infraestructura turística de un destino, también hace posible el anhelo compartido de la diversificación de mercados; esto es, que lleguen visitantes de diferentes países y no solamente de los tradicionales.
Ahí está el caso de la Riviera Maya, en Quintana Roo, uno de los destinos emblemáticos del país, que va camino a tener un año espléndido, incluso superior al 2008 que concentra los récords positivos. Hay un dato que impacta: un año con más visitantes a pesar de que el número de turistas americanos se estancó. La falta de visitantes americanos fue compensada, en la Riviera Maya, por turistas de otros países, fundamentalmente de Europa quienes pueden llegar al Caribe mexicano gracias a que varias aerolíneas han abierto nuevas rutas. En este caso, British Airways comenzó a volar, lo que llamó la atención de sus competidoras. El resultado es que cada vez llegan al destino más turistas ingleses, franceses, españoles y hasta rusos con los nuevos vuelos de Aeroflot.











