La ciudad maya de Chichen Itza, otra gran muestra del desarrollo económico, social, religioso y arquitectónico en América, su nombre deriva de las palabras mayas: "Chi" (Boca), "Che'en" (Pozo), "Itz" (Mago, Brujo) y "a" (agua), al unir las palabras se obtiene la boca del pozo de los magos del agua. "En la orilla del Pozo de los brujos de agua, sin embargo, y sin ser experto, creo que una traducción más digna debería de ser “el pozo de los sacerdotes”.
Los Mayas eran la cultura más avanzada de su época. La Pirámide de Kukulcán tiene un total de 365 escalones, representando cada día del año, lo cual representa uno de los rasgos más claros del conocimiento arqueológico de esta civilización.
Los múltiples y monumentales edificios de la gran explanada de Chichén Itzá están presididos por la Pirámide de Kukulcán, llamado por muchos "el Castillo", uno de los edificios más notables de la arquitectura maya.
Es una pirámide de cuatro lados que culmina en un templo rectangular. Se asienta sobre una plataforma rectangular de 55.5 metros de ancho y tiene una altura de 24 metros.
Cada lado de la pirámide tiene una gran escalinata, 91 escalones por lado y 1 más que conduce al templo superior, dando 365 escalones, uno por día del año. Balaustradas de piedra flanquean cada escalera, y en la base de la escalinata norte se asientan dos colosales cabezas de serpientes emplumadas, efigies del dios Kukulcán.
Es en estas escalinatas y muy particularmente en sus pretiles o balaustradas, donde se proyectan durante el transcurso del día equinoccial, las sombras de las aristas de las plataformas o basamentos superpuestos, que integran el gran edificio, configurándose así la imagen del cuerpo de la serpiente-dios, que al paso de las horas parece moverse descendiendo y rematando en la mencionada cabeza pétrea situada en la base inferior de la escalinata.
Es en este juego admirable de luz y sombra, que representa la "bajada" de Kukulcán a la tierra, como quisieron los mayas simbolizar el mandato superior de acudir a la labor agrícola, ante la inminencia de la llegada de las lluvias, al concluir el mes de marzo en que se inicia la temporada de siembra.
Queda evidente la íntima relación que hicieron, los inventores de semejante montaje, de su conocimiento astronómico, aplicado a la arquitectura, en un entorno religioso y para un fin estrictamente político de liderazgo de masas, que debían concurrir puntualmente a la cita de una ardua tarea de supervivencia: la del pesado trabajo agrícola de su cultivo esencial, el maíz, base de su alimentación y origen de la creación del hombre, de acuerdo al libro sagrado del Popol Vuh.
El campo de juego de pelota, donde los ganadores solo podían tener una racha de una victoria, ya que en honor a sus dioses, eran decapitados al terminar su juego.
El primer calendario, aún más exacto que el actual al igual que el número cero, también del conocimiento de los mayas, el Gran Cenote, de aguas cristalinas y frías, dentro de una de las cavernas sagradas más bellas de toda la zona maya.











