México se caracteriza no sólo por la gran diversidad turística que posee, sino también por la variada y casi interminable pluralidad, sabores y olores que van desde lo amargo a lo dulce, de lo sutil a lo intenso, de lo tradicional a lo exótico.
Lo que dio paso a que la cocina mexicana fuera declarada oficialmente como “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad” por la UNESCO.
Tras seis largos años de ardua lucha y una búsqueda más que válida, este organismo internacional encargado de evaluar las manifestaciones artísticas y culturales que pueden ser consideradas como herencia global, decidió incorporar a la tradicional comida mexicana al Patrimonio Mundial
No es de extrañarse ya que la gastronomía mexicana cuenta con un sinnúmero de especias, vegetales, flora y fauna que enriquecen la cocina nacional, muestra de ello es la variedad de platillos que pueden saborear a todo lo largo y ancho de la República Mexicana y que son el reflejo de nuestra cultura cimentada en rituales, magia, arte y sabor.
Tradiciones heredadas desde nuestros ancestros son imposibles de olvidar: el maíz, elemento representativo por más de siete milenios y que según los mayas a partir de él se dio la creación de los dioses y posteriormente de la humanidad.
El cacao, la calabaza, el chile, el aguacate, el nopal, la tunas, el maguey, la papaya, el chicozapote (de cuyo árbol se extrae el chicle), la vainilla, la flor de nochebuena, en fin, inmensidad de frutos y flores que han significado invaluables aportaciones de México a la gastronomía internacional.
Platillos que son elaborados con destreza, con arte y con un inmenso amor a la identidad de un pueblo, alimentos creados especialmente en celebraciones tanto de índole religioso como civil y que no se consumen en ninguna otra ocasión.
Ocho milenios de cultura gastronómica dan origen a este reconocimiento, a esta compleja manifestación cultural y que hoy por hoy debemos cuidar, valorar, promover y preservar.











