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Medio siglo de Woodstock, el rey de los festivales


Este jueves se conmemoran 50 años del concierto que consagró el movimiento hippie de los años 60; se esperaban 50 mil personas y llegó medio millón a proclamar amor y paz, por la Guerra de Vietnam

"Woodstock fue como cumplir un sueño”, dijo Michael Lang, uno de los cuatro organizadores del festival musical más importante de todos los tiempos, que este 15 de agosto conmemora medio siglo de su realización. El encuentro musical es legendario por rebasar toda expectativa: reunió a medio millón de personas en un pequeño pueblo a las afueras de la ciudad de Nueva York, con el propósito de protestar por la guerra de Vietnam, proclamando ideales de paz y amor libre, lo que consagró el movimiento hippie.

Fue el último suspiro de la contracultura de los años 60 y estuvo rodeado de una serie de acontecimientos que aumentaron su legado: Cuando se hizo Woodstock había pasado un mes de haberse producido el alunizaje de la misión Apolo 11, ese logro en la Guerra Fría que sostenía EU con la Unión Soviética; también tenía un marco bélico transnacional: Corea, Cuba, Vietnam…, (esta última era una tragedia que mantenía una seria inestabilidad política y social en el país).

Un año atrás se dio el asesinato de Martin Luther King, en 1968, así como el de Robert Kennedy, los cuales habían ­desatado una ola de violencia y protesta inaudita en el país; los movimientos sociales se habían levantado contra el ­statu quo, en defensa por los derechos civiles, en contra de la guerra y el reclutamiento de más jóvenes destinados a ella. El 69 era el primer año de gobierno de Richard Nixon y el desastre social no podía ser peor, pues además el mundo estaba estupefacto por la matanza perpetrada por Charles Manson, “símbolo perfecto del hippie convertido en pesadilla”. Sin embargo, en la granja de Max Yasgur se hizo historia.

La ocurrente idea surgió de los veinteañeros Michael Lang, Artie Kornfeld, John Roberts y Joel Rosenman, entre otros, que querían recaudar dinero para financiar un estudio de grabación de discos en Woodstock, Nueva York. En él, pretendían producir a artistas como Bob Dylan, The Band y Van Morrison. Se habían conocido todos en febrero del 69 y para comenzar a poner orden crearon la compañía Woodstock Ventures, Inc., de la cual cada uno tenía el 25 por ciento de las acciones.

Se dice que en su momento sólo se había planeado una fiesta para críticos de rock y dueños de disqueras que les ayudarían a lanzar sus estudios, pero todo se volvió una bola de nieve. Lang había sido productor con éxito del Festival Pop de Miami que duró dos días, y se tenían antecedentes del Festival Internacional de Música Pop de Monterey, realizado dos años atrás en San Francisco, que consagró a Jimi Hendrix y Janis Joplin, entre otros. Al otro lado del Atlántico, en Londres, los Rolling Stones habían tocado en un multitudinario concierto en el ­Hyde Park, a poco de la muerte, en julio, de uno de sus miembros: Brian Jones.

Así, se pensó en hacer un festival para 50 mil personas, que le daría un sentido de independencia a los jóvenes. Lang quería llamar al festival Exposición Acuariana, pero no prosperó. Desde el comienzo se planteó como un evento simbólico y al momento de promocionarlo se le añadió la frase “Tres días de paz y música”. Todo iba bien, pero los músicos estaban escépticos sobre firmar con una compañía desconocida. Ventures resolvió el problema prometiendo cheques por montos nunca oídos en 1969. El gran rompimiento de la barrera se logró al firmar a la banda psicodélica del momento Jefferson Airplane.

Otro de los obstáculos fue encontrar el lugar, pues semanas antes del evento no se tenía definido, hasta que se acercaron a Max Yasgur, quien tenía una enorme granja en un pueblo de Bethel. “Era mágica” dijo Lang. “Era perfecta, los montículos, un campo elevado para el escenario. Un lago en el fondo. El trato fue cerrado allí mismo”.

Todo estaba listo. Llegó el 15 de agosto y la asistencia no fue de 50 mil personas sino de medio millón.

El festival se les fue a los organizadores de las manos y la afluencia imprevista de público fue tal que ni cobraron las entradas (cobrarían 18 dólares la entrada). El gobernador declaró el condado zona catastrófica, el Ejército acudió a su auxilio y se lanzaron medicinas y comida desde el aire. Fueron tres días intensos con muchas drogas y barro, pero también con una extraña sensación de liberación e idilio colectivo: música, paz y amor.

Se reportaron 5 mil 162 casos de atención médica, entre ellos 797 por abuso de drogas, dos muertes —un hombre por sobredosis de heroína y un adolescente que murió atropellado por un tractor mientras dormía—, al menos dos partos y ocho abortos involuntarios. No hubo policías ni seguridad oficial. Sin embargo, la revista Time lo definió como el “mayor acontecimiento pacífico de la historia”.

Janis Joplin, Jimi Hendrix, Joan Báez, Richie Havens, Joe Cocker y 26 grupos más, pusieron la banda sonora al que consideran el desastre más exitoso que se recuerda en la historia de los festivales musicales.

La apertura estaba programada para las 16:00 horas. Los artistas estaban dispersos en el Holiday Inns o en Howard Johnson Miles. Pero debido al tráfico, los promotores estaban ­desesperados alquilando helicópteros. Finalmente, para arrancar el concierto Lang tenía dos opciones: Tim Hardin, que estaba ebrio en los camerinos, o Richie Havens, que parecía listo: “Fui con Richie Havens”. Tres días de música comenzaron a las 17:07 horas el 15 de agosto de 1969.