Martes 26 de Marzo, 2019 - México / España
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Rivalidad entre River y Boca al extremo: la vuelta será en el Bernabéu


La Conmebol ha decidido que la final de vuelta de la Copa Libertadores se dispute en el estadio Santiago Bernabéu, de Madrid, España, el 9 de diciembre. Tras una semana de  disensos por parte de los altos mandos de River Plate y Boca Juniors, el conjunto xeneize cambió su postura y saldrá a jugar el partido en la cancha del Real Madrid.

 
 

Lo que pasó


La final de vuelta de la Copa Libertadores ha sido toda una travesía. Luego de que el bus en el que Boca Juniors arribaba a “El Monumental” sufriera agresiones por unos aficionados de River Plate, provocando lesiones oculares en dos jugadores xeneizes, el partido se encuentra suspendido hasta nuevo aviso.


Las largas por parte de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) para decidir qué hacer con este partido, han evidenciado su capacidad de reacción. En un evento tan importante como este, que reúne a Gianni Infantino, presidente de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y a otros mandos del balompié sudamericano, esto no puede pasar.


Regularmente esta clase de partidos se disputan entre semana. Pero como es un superclásico argentino, en un escenario tan grande como la Final de la Libertadores, la Conmebol decidió darle un toque europeo. No sólo querían emular la Final de la Champions League (que se juega en sábado) sino que querían que todo el mundo lo viera, por lo que el horario elegido se prestaba para su transmisión en el viejo continente.


Al bus de Boca no sólo le aventaron piedras, vasos o cualquier objeto, sino que también lograron meter gas pimienta. Cuando rompieron las ventanas, Pablo Pérez, capitán del conjunto bostero, resultó con una úlcera en la córnea de su ojo izquierdo a causa de una astilla de vidrio.


Sin embargo, el cuerpo médico de Boca no cuenta con un oftalmólogo. El problema no era ese, sino que ningún médico de Conmebol revisó el estado de salud de Pérez y el organismo aseguró que lo había hecho, y con esos fundamentos dijeron que el partido se jugaba horas más tarde de lo previsto ya que no había motivos para su suspensión.


Pasó el tiempo y Pérez se fue en ambulancia al centro médico Otamendi, donde un especialista lo revisó. Conmebol anunció nuevamente que el partido se pospondría para  horas más tarde. En tanto, Carlos Tévez y Fernando Gago, jugadores de Boca, salieron a hablar con los medios para decir que los estaban obligando a jugar, y que si no saltaban a la cancha la Copa se la darían a River.


Finalmente y tras distintas reuniones entre altos mandos del futbol sudamericano, se acordó pasar el juego al día siguiente. Era razonable, puesto que buscaban la igualdad para una competencia deportiva lo más pareja posible. Por la noche se manejó la información de que el estadio de River estaba suspendido por el gobierno de Buenos Aires, situación que más allá de significar un castigo ejemplar, olía a corrupción.


La gente comenzó a abandonar el estadio, pero el pánico se apoderó de las calles de “El Monumental” cuando cientos de aficionados corrieron buscando resguardarse, ya que se había anunciado que con la misma entrada ingresarían al estadio al día siguiente, lo que provocó asaltos.


Ya era el día previsto y los aficionados comenzaban a llegar con la ilusión de, ahora sí, disfrutar de un gran espectáculo. Pero la Conmebol lo volvió a hacer. Tras una nueva reunión por la mañana, Boca Juniors solicitó la postergación del partido.



La rivalidad de ambos


La rivalidad de estos equipos se remonta a más de un siglo en el barrio de La Boca. River se creó en 1901 y Boca Juniors cuatro años después. La cercanía de los dos clubes generaría una rivalidad natural. A la postre, ambos equipos crecerían tan rápidamente que la pasión llegaría a toda Argentina.


A los de Boca Juniors les apodan bosteros en referencia al excremento de caballo que se utilizaba como combustible en una fábrica de ladrillos al lado de su estadio, “La Bombonera”. Boca está en un barrio de trabajadores, ruidoso y lleno de parrillas improvisadas, eso hace que sea el equipo popular, de la gente.


En cambio, a River Plate se le asocia con la elite. Les dicen los millonarios ya que en la década de los 30 pagaron la cifra récord de 2,600 dólares (de aquellos tiempos) por Carlos 'Barullo' Peucelle; y al año siguiente implantaron nueva marca de mercado tras adquirir a Bernabé Ferreyra. El estadio de River, “El Monumental”, está en un barrio de clase media-alta, que también cuenta con muchas parrillas, pero dentro de restaurantes que ofrecen cortes de carne.


El Partido


Este encuentro será el más significativo para los aficionados de ambos equipos. Cualquier argumento se disolverá para el hincha del conjunto que resulte perdedor al momento de discutir por la grandeza de sus clubes. A parte, esta es una oportunidad inmejorable para el conjunto millonario de sanar las heridas tras su descenso a la Segunda División argentina años atrás.


El primer partido nos dejó un buen sabor de boca a pesar de que se aplazó un día por las lluvias en la capital argentina, y a pesar del fallecimiento de un grupo de aficionados que viajaban para ver el encuentro.


Todos los jugadores fueron a disputar cada pelota al máximo a lo largo de los 90 minutos. La intensidad se vivió también desde la tribuna, eso sí, sin aficiones rivales. Por lo que para la final de vuelta no estará la barra del conjunto Xeneize.


A diferencia de lo que ocurre en los demás encuentros de la fase eliminatoria, en la final los goles valen lo mismo, por lo que no existe el famoso gol de visitante. Si se mantiene el empate por 90 minutos hay tiempo complementario, y de no encontrar un ganador, llegarían a los penales.


Para este encuentro River Plate ya podrá contar con Leonardo Ponzio y Nacho Scocco, piezas que, en el papel, son fundamentales para conseguir la victoria ante su gente. Boca, por su parte, podrá echar mano del guardameta Andrada, aunque queda la incógnita sobre si Guillermo a Rossi saltará a la cancha desde el arranque luego de su gran actuación en “La Bombonera”.


El campeón se llevará 6 millones de dólares, que se suman a los 4 millones 850 mil que acumularon por las fases previas. El subcampeón se quedará con 3 millones de dólares.


Con información de: Goal, Diario Olé, El Universo, Mundo Deportivo, BBC, El Universal y Prensa Libre.