Una joven es llevada a un recorrido por el interior de un albergue, donde pudo observar por sí misma que la ayuda de todo tipo que se recibe en el lugar es entregada a quien lo necesita. “No le des la posibilidad a los apáticos de justificar su apatía con rumores”, le comentaron al término de la visita
Ayer por la tarde, cuando íbamos de salida del albergue en el que estamos colaborando nos tocó ver la siguiente escena: Un par de chicos, una chica tal vez de unos 22 años y un muchacho más o menos de la misma edad, discutían con los encargados de la seguridad de la entrada. El motivo de la discusión era que la pareja deseaba entrar para apoyar a los niños que ahí se encuentran, que ella era estudiante de psicología y quería brindar su apoyo a los chicos y además les querían entregar directamente unos juguetes que les llevaban. Su interés de entregarlos directamente a los chicos se desprendía de la desconfianza que una foto que vieron en face les produjo y en la foto se resaltaba una mochila abierta con víveres para damnificados en su interior. La foto a su entender sugería que los brigadistas se estaban embolsando esta ayuda para su beneficio particular. Como es natural, la pareja de muchachos se sentía indignada y deseaba constatar que la ayuda fuera entregada de forma real. Hasta aquí todo bien, es entendible la desconfianza. Lo lamentable es que estos chicos, como muchas otras personas, juzgaron y reclamaron sin tener verdaderamente la certeza de lo que reclamaban; cabe mencionar que los encargados de la seguridad de la puerta les habían explicado que ya no se podía entrar, por seguridad de los propios damnificados y que su ayuda psicológica la podía dar, pero había que agendarla, porque en ese momento ya se contaba con varios psicólogos.
Me acerqué para platicar con ellos, los dos estaban muy exaltados, se quejaban una y otra vez porque se les negaba el acceso y se rechazaba su ayuda; los chicos me explicaron que su enojo se debía a la fotografía, que ponía de manifiesto que ahí se estaban robando las donaciones que iban para los damnificados y me explicaron el contexto de la foto, una mochila debajo de una mesa que tenía en su interior víveres, eso era todo.
Le pedí al encargado de la puerta que le permitiera el acceso a la chica (que era además quien más exaltada estaba), para que me acompañara a hacer un recorrido por el lugar. Lo primero que le dije fue que, afortunadamente, aunque la desgracia que el sismo provocó fue mucha, aquí en la ciudad afortunadamente ya se ha venido generando una cultura de prevención, que con todo y sus fallas, permitió que las consecuencias no fueran tan devastadoras como en el 85, por lo tanto sí había muchos albergues, pero por fortuna éstos no estaban tan saturados como se preveía, lo que sí es destacable es que el interés y el apoyo de las personas fue muy notable. Que afortunadamente como ella había muchísimas personas con el deseo de ayudar, pero la ayuda no es para un par de días ni siquiera para un par de semanas o meses, que la ayuda debe de ser de largo aliento y por ello es importante planificar, llevar un orden y una logística que permita distribuir el apoyo por todo el tiempo que haga falta.
Nuestra primer parada fue en la bodega o almacen, ahí se clasifican las cosas; comida, vestido, juguetes, desechables, productos de limpieza etc. Ahí se acomodan en cajas etiquetadas y en estantes para su fácil localización.
Nuestra siguiente parada fue directamente en el área en la que se encuentran los damnificados, en el trayecto nos encontramos a una mamá con sus tres pequeñas que iban rumbo a las regaderas, nos detuvimos con ella y les presenté a la chica, le dije “hola madre, te presento a una chica que quiere venir a sumarse a las brigadas, dile cómo te has sentido aquí”. La señora le contó que ella llegó muy mal, no sólo por lo ocurrido, sino porque ella además tiene problemas de salud severos y que aquí ha tenido el apoyo de los doctores que están todo el día, que son varios durante toda la jornada y que además están las psicólogas con las que ha podido platicar cada vez que lo quiere hacer. Que sus niñas han recibido ropa y que los tratan con mucho cariño y que hay juguetes para todos los niños. La chica los miró y les preguntó a una de las niñas si realmente les daban todo y la niña respondió que a ella le hacían falta más pantalones, pero es porque no había de su talla, pero que sus hermanas si tuvieron más porque a ellas sí les quedó toda la ropa. Dejamos que la mamá y sus niñas se fueran a bañar y nosotros continuamos.
Llegamos al área de dormitorio y en la mesa de registro de actividades le mostré las listas: tenemos agendados payasitos, teatreros, cuentacuentos, juegos y canciones que se van programando para lo largo de la semana, porque si se saturaran las actividades en un solo día, el resto de la semana se iría en blanco y eso sí lo resentirían los chicos. También vio que hay psicólogos agendados y en ese momento se contaba para la tarde y noche con el apoyo de dos jóvenes psicólogas del Ejército.
Pudo ver también que existe un lugar en el que se tienen a disposición de todos los chicos, una cantidad grande y variada de juguetes a los cuales todos tienen acceso y todos los pueden compartir. Le pregunté entonces, ¿tú cuántos juguetes traes? ¿Te das cuenta de que si los hubieras entregado directamente a cada chico en su mano no te hubieran alcanzado para todos y eso hubiera generado en los que no alcanzaron una sensación tal vez amarga por no ser considerado?
Salimos de ahí y nos dirigimos a la cocina, ahí vio el esmero de las cocineras para brindar a los chicos comidas balanceadas y no sólo nutritivas sino sabrosas y lo más importante elaboradas con cariño.
Regresamos al punto de partida, ahí nos esperaba un excelente amigo que es pediatra y ha estado ahí todos los días después de su jornada laboral, su hijo y mi hija que junto con muchos otros muchachos les organizan juegos a los niños y también estaba su amigo. Mi hija tenía sosteniendo mi mochila, le dije a la chica yo vengo aquí a ofrecer mi apoyo en lo que haga falta, pero además doy clases de teatro, ¿qué crees que puedo llevar en mi mochila? ¿Títeres? me preguntó ella. Le pedí a mi hija que abriera mi mochila, efectivamente llevo mis títeres, ahora mi mochila está abierta y tú tienes la posibilidad de tomarle una foto y subirla a cualquiera de tus redes sociales y cualquiera puede decir que me estoy robando los títeres que se donaron en un albergue. Una foto manejada con dolo puede generar mucho resentimiento y desconfianza, pero también es el pretexto ideal del que jamás hace o da nada, “pa´que doy si se lo van a robar”. Muchas personas hicieron sus donaciones en cajas, en bolsas, en costales y en mochilas. Tú viniste porque una foto te hizo enojar, ahora que conoces otro ángulo de las cosas tu tarea es romper rumores, no le des la posibilidad a los apáticos de justificar su apatía en rumores.












