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Ángela Ruiz Robles: precursora del “ebook”


Hace 121 años nació la precursora de lo que hoy en día se considera el libro electrónico: Ángela Ruiz Robles. Se trata de una mujer que escribió 16 libros y que dedicó su vida a las innovaciones pedagógicas con la finalidad de hacer de la educación un proceso no sólo mucho más atractivo sino hacer de la enseñanza un método interactivo y estimulante.

Doña Angelita, como fue conocida, nació en Villamanín (León, 1895) donde cursó sus estudios superiores en la Escuela de  Magisterio para posteriormente mudarse al municipio español situado al norte de la provincia de La Coruña llamado Ferrol. Movida por su creatividad, el hecho de ser mujer, viuda, madre y trabajadora no fue limitante para convertirse en la autora de varias publicaciones didácticas e inventos tecnológicos destinados a mejorar el aprendizaje de sus alumnos.

Entre las aportaciones más importantes está la Enciclopedia Mecánica que se trata de "un procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para la lectura de libros”. Este dispositivo tenía la cualidad de incluir todas las asignaturas al abrirse como un libro tradicional pero en la “parte derecha se colocaban en bobinas unos carretes intercambiables, correspondientes a cada asignatura, con pulsadores para ir pasando el texto y a la izquierda se podrían poner abecedarios para crear palabras o frases”.

Pequeño y ligero, se incluía en un maletín que permitía al alumno transportarlo a la escuela con los carretes de las materias del día. Doña Angelita mantuvo rigurosamente el pago de la patente hasta 1961 cuando, incansable en su empeño innovador, solicitaba una nueva patente de un modelo más simplificado, esta vez para un "aparato para lecturas y ejercicios diversos". En esta ocasión se eliminaban los pulsadores y todos los elementos móviles para crear un sistema lo más sencillo posible.

A pesar de las distinciones y diplomas, Ángela Ruiz Robles no logró lo más importante que era el apoyo de alguna empresa para la fabricación de su enciclopedia. “Lo exhibió por las ferias de toda España, repitiendo sus bondades aquí y allá. Incluso convenció al Ministerio de Educación de que le diese su aprobación para el uso eventual en las aulas. Pero nunca consiguió financiación. 100.000 pesetas de la época fueron la barrera que impidió su fabricación”.