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Los misterios de Georges de La Tour


Su historia es una de las más misteriosas y fascinantes de la historia del arte. Pese a haber sido celebrado en su época y codiciado por los grandes coleccionistas parisinos, Georges de La Tour terminaría pasando dos siglos en el mayor de los olvidos. Como otros pintores de su tiempo, las guerras que arrasaron su Lorena natal, los cambios sucesivos en el canon artístico y los escasos escritos que lograron sobrevivir lo terminaron sumiendo en la más profunda oscuridad. Eso fue hasta hace un siglo, cuando La Tour fue rescatado de las sombras por varios investigadores, con el historiador del arte Hermann Voss al frente. En cuestión de semanas, La Tour se terminó convirtiendo en un astro de la pintura del siglo XVII, cuyos mendigos, campesinos y músicos callejeros fascinaron al público general por su tratamiento realista y la delicadeza de su luz.

Hasta el 12 de junio, una nueva exposición solemniza aún más el legado de La Tour en el Museo del Prado. Se tratará de la muestra más extensa que se haya dedicado al pintor francés en España, ya que reunirá una suma de lienzos con escasos precedentes conocidos. Llegarán a las salas del Prado un total de 31 originales –sobre la cuarentena de obras autógrafas identificadas a día de hoy–, procedentes de colecciones públicas y privadas, como las delLouvre parisino, el Metropolitan Museum de Nueva York, el Getty Museum de Los Ángeles o el Kimbell Art Museum de Fort Worth (Texas), que prestará una de las versiones del que tal vez sea su lienzo más célebre, El truco con el as de diamantes, poblado por esos jugadores de cartas que se reproducen en la pintura del siglo XVII.

Además, distintos museos provinciales franceses han accedido a ceder parte de sus fondos. Por ejemplo, el Museo de Bellas Artes de Rennes ha prestadoLa virgen y el niño, y el Palacio Ducal de Nancy ha enviado La mujer de la pulga, retrato femenino que sirve también de crónica de su época, marcada por la epidemia de peste que arrasó la Lorena y la hambruna que acompañó la Guerra de los Treinta Años. Dos obras pertenecientes a las colecciones del Prado también formarán parte del conjunto:San Jerónimo leyendo y Ciego tocando la zanfonía.
La muestra ha sido comisariada por Andrés Úbeda, jefe de conservación de pintura italiana y francesa en el Prado, y Dimitri Salmon, conservador del Louvre parisino y gran especialista en La Tour. “Reunir 31 obras ha sido una proeza. Los cuadros de La Tour no son numerosos y están repartidos por el mundo. Cuando iniciamos el proyecto hace tres años nos dijimos que, si lográbamos reunir la mitad, ya sería un gran éxito”, explica Salmon. La exposición supone una ocasión infrecuente para descubrir su obra. “En total, la muestra representa un 75% de los originales que han llegado hasta nuestros días. Queríamos reseguir su trayectoria de la manera más completa posible, pero tomamos la decisión de escoger solo lienzos originales, sobre los que no hubiera dudas respecto a su autoría”, añade el comisario. Los cuadros susceptibles de haber sido firmados por discípulos, epígonos y familiares (su hijo Étienne, nacido en 1621, fue uno de los aprendices de su atelier) fueron dejados al margen.