A pesar de que en 2010 las denominadas Antillas Holandesas se disolvieron este pequeño territorio aún mantiene su toque especial y exótico. Nos referimos a las islas de Bonaire, Saba y San Eustaquio que, sin lugar a duda, representan un pedazo de paraíso que muchos turistas desean conocer
Isla de Saba
Saba tiene una superficie de 13 km2 y se compone principalmente de terreno oscuro y pedregoso, puesto que está formado en su mayoría por el volcán Mount Scenery (inactivo en la actualidad). A pesar de su reducido tamaño, tiene un añadido en forma de porción rocosa que toma por nombre Isla Verde y que está deshabitada.
Ofrece un clima tropical que da pie a una vegetación frondosa y se posiciona como el sitio perfecto para los buceadores gracias a sus increíbles paisajes de coral. En cuanto a su fauna, podemos encontrarnos distintos tipos de murciélagos, serpientes venenosas y aves de pico rojo que anidan en el Parque Nacional.
Isla de San Eustaquio
La isla de San Eustaquio tiene en gran parte forma de montículo, puesto que aquí se ubica el turístico volcán Quill. De 21 km2, este lugar tiene también un clima estable durante todo el año con ambiente húmedo y altas temperaturas.
No es mucho más grande que la isla de Saba, pero el terreno, que llegó a tener 20.000 habitantes, ahora lo ocupa una pista de aterrizaje y diversos alojamientos de lujo para dar cobijo los visitantes de todas partes del mundo. Y es que el turismo de buceo y el ecoturismo se han hecho cada vez más populares.
Ambas islas tienen el turismo como principal y casi único motor de su economía, algo que no siempre ha sido así, puesto que en un principio la producción de ron y azúcar, así como la pesca fueron actividades bastante habituales. La artesanía también ha estado ligada a la isla de Saba. Los famosos encajes de Saba se plasman en blusas, pañuelos, faldas, manteles…..que hoy en día sirven como souvenir para las parejas que deciden pasar aquí unos días de ensueño.












