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Tlacotalpan y su fiesta de la Candelaria


El agua es el elemento esencial en esta localidad de la cuenca del río Papaloapan o de “Las Mariposas”, Patrimonio Cultural de la Humanidad, donde a partir de la madrugada del 2 de febrero, inician los festejos a la Virgen de la Candelaria que tienen lugar cada año para pedir abundante pesca.

En el primer minuto de este día, la Virgen de la Candelaria, con el Niño Jesús en brazos, sale de su santuario, mientras la concurrencia la observa maravillada con las imágenes proyectadas en la fachada del santuario, ambientada con música de Moncayo.

En lo alto, los fuegos artificiales que estallaban se fundían con las estrellas, como galaxias nacientes que festejaban a la Virgen. Al terminar el espectáculo pirotécnico, las puertas del santuario se abrieren para dar entrada a los feligreses que cantan “Las Mañanitas” a la virgen.

Del 30 de enero al 9 de febrero se lleva a cabo la Fiesta de la Candelaria, en la cual tienen lugar eventos religiosos, culturales y sociales, a donde acuden miles de visitantes nacionales y extranjeros, que llenan 800 habitaciones de hoteles, casas de huéspedes y hogares en Tlacotalpan, Lerdo de Tejada y Alvarado.

Por la tarde se realiza una procesión con la imagen de la Virgen, hasta llegar al río, donde se embarca para pasear por el Papaloapan, en espera de que el año sea abundante y próspero para los pescadores, esta tradición data del siglo XIX.

En el parque Hidalgo se realizan presentaciones de los voladores de Papantla, mientras que en el parque Jarochos distintos cantantes interpretan canciones de Agustín Lara, compositor emblemático y consentido de esta ciudad.

En tanto, en la Plaza Doña Martha se desarrolla el Encuentro de Jaraneros, con la presentación de grupos tradicionales y decimistas.

En la Casa de la Cultura hay talleres de papalotes y exposición de pintores de Tlacotalpan. También se desarrolla el programa “La Candelaria en tu Barrio”.

La Virgen de la Candelaria es venerada aquí cada 2 de febrero desde hace más de 200 años. La imagen fue traída a México por la orden de San Juan de Dios, de España, a principios del siglo XVII.

En un recorrido por las calles tlacotalpeñas, los sentidos se exacerban en una fiesta de colores, olores y sabores. En las improvisadas fondas, las especialidades son mariscos y pescado, como la mojarra, róbalo, la jaiba y los camarones, así como los toritos de cacahuate, guanábana y coco.

El color domina la escena en esta fiesta, donde conviven el fervor religioso, la música, las carreras de caballos, regatas y el embalse de toros.

En Tlacotalpan, las palabras de Octavio Paz cobran sentido, dan testimonio de que “para el mexicano, cualquier cosa es motivo de festejo. La fiesta se caracteriza por los colores, su gente, sus dulces y su vestuario”.

La alegría se desborda, pues según Paz “es el único lujo que tenemos, una de las formas más antiguas, donde todo parece como si fuera un sueño”.