Símbolo invaluable de la nación y un rasgo distintivo del rostro de la Ciudad de México, el Campus Central de Ciudad Universitaria de la UNAM es el ejemplo más grande de un movimiento artístico que se gestó en la década de los 50: el Muralismo.
Así lo aseguró Adriana González Durán, jefa de la Unidad de Promoción y Difusión del campus central de esa casa de estudios, durante una entrevista con Notimex, en la que aseguró que en la construcción de este espacio, edificado entre 1949 y 1952, las obras de arte no fueron ornamentales sino parte fundamental de las edificaciones.
A ocho años de que este sitio fuera declarado como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, en sus tres zonas: el Estadio Olímpico, la Zona Escolar y los Campos Deportivos, subrayó que se trata de un espacio rico en cultura e historia, y muestra de ello son sus 11 murales.
Es el caso, dijo, de la obra de Diego Rivera (1886-1957) que se exhibe en el Estado Olímpico, la cual fue hecha entre 1952 y 1954; la Torre de Rectoría alberga tres murales de David Alfaro Siqueiros realizados entre 1952 y 1956: “Las fechas en la historia de México”, “Nuevo símbolo universitario” y “El pueblo a la Universidad, la Universidad al pueblo por una cultura nacional, neohumanista de profundidad universal”.
La Biblioteca Central, edificada por los arquitectos Juan O' Gorman, Juan Martínez de Velasco y Gustavo Saavedra, acoge el mural más grande con la técnica de piedras naturales de colores, llamado “Representación Histórica de la Cultura”, en el que se plasma la historia de México.
Precisó que el terreno total de Ciudad Universitaria es de 333 hectáreas y de ellas, solo 176.5 está inscrita en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, que aglutina sitios de valor universal.
“El campus junto con otras cuatro universidades en el mundo son las únicas declaradas Patrimonio Mundial. En el 2007 fue inscrito en esta lista, luego de que dos años antes, en 2005, fuera declarado Monumento Artístico”, indicó.
Recordó que a principios del siglo pasado, la Universidad se encontraba en la zona centro y refirió que al final, “se decide que necesitamos un campus y en 1943 el rector Rodolfo Brito Foucher viene al Pedregal de San Ángel, observa este terreno le parece un lugar maravilloso y desea que se construye la Ciudad Universitaria.
De esta manera, el proyecto de su construcción fue ejecutado por más de 60 arquitectos, ingenieros y artistas y los edificios fueron decorados con murales; el resultado fue la creación de un conjunto monumental ejemplar del modernismo del siglo XX.
Una edificación que integró el urbanismo, la arquitectura, la ingeniería, el paisajismo y las bellas artes, asociando todos esos elementos con referencias a las tradiciones locales y, en particular, al pasado prehispánico de México.
“Al final inicia un proceso un poco lento, pero se decide que estos serán los terrenos que ocupará la universidad, por la zona de manto volcánico y la piedra volcánica que en lugar de ser un impedimento, resultó que se emplearía para toda la construcción y se buscaron materiales que fueran resistentes al paso del tiempo. Hoy la universidad tiene más de seis décadas y aquí sigue intacta”, indicó.
Por lo que hace a los trabajos de preservación y conservación de este sitio emblemático, González Durán refirió que la Universidad cuenta con un Subcomité de Preservación, Desarrollo y Mantenimiento y Patrimonio Inmobiliario del Campus Central de la universidad, que atiende cada una de las necesidades de este espacio en el que a diario circulan 130 mil personas.
“Es un sitio en el que ya no se puede construir nada, de los pocos sitios que existen y los que siguen cumpliendo con las funciones para las que fue construido.
“Se trata de un espacio en el circulan alrededor de 130 mil personas a diario en el Campus Central y esto causa varios problemas de conservación, pues por un lapso se tiene que preservar el sitio como fue originalmente y por el otro, se le tiene que dar respuesta a las necesidades de la gente que viene y hace uso del sitio”.
Para ello, destacó, se tienen varios programas, un plan de manejo que cada sitio que es patrimonio mundial debe seguir y no se puede hacer algún cambio que no pase por ese subcomité.
El primer criterio que se tomó en cuenta y que pedía UNESCO es que fuera una obra maestra del ingenio creativo del hombre y el lugar lo cumple al 100 por ciento, pues es un espacio pensado y construido por un grupo de expertos pensando que cada lugar tuviera ciertas funciones y uso”, detalló.
Cuenta también que la distribución de los edificios en el Campus Central responde a ciudades prehispánicas, a sitios donde existen grandes plazas y espacios abiertos porque, dijo, “ahí se realizaban los eventos importantes, por ejemplo Monte Albán que tiene tres grandes plazas y aquí en CU las tenemos también”.
Y es que para González Durán, la declaración de patrimonio se traduce en responsabilidades “y nuestra idea es que la gente que viene tiene conciencia del valor que el sitio tiene, es un privilegio al final”.
El conjunto de Campus Central de la UNAM, encarna valores sociales y culturales de trascendencia universal y se ha convertido en uno de los más importantes iconos de la arquitectura y el urbanismo modernos de América Latina, obteniendo un reconocimiento universal.
Asimismo, es uno de los pocos proyectos del mundo en el que los principios defendidos por los movimientos arquitectónicos y urbanísticos modernos se aplicaron perfectamente con el objetivo, en última instancia, de ofrecer al hombre una mejor calidad de vida.












