Con el fin del verano en Canadá y la caída de las hojas de otoño, el paisaje campestre se cubre de naranja con el cambio de color de los árboles y las gigantes calabazas que crecen en las granjas y que son motivo de competencia y de paseos familiares.
En las numerosas granjas, que ya han vendido todas sus flores durante el verano, la tierra se cubre de decenas de calabazas naranja, verdes y blanco que están, cual si fuera árbol de navidad, esperando la familia que la escoja, la corte y se la lleve para decorar la casa y cocinar pastel de calabaza o dulce de esta fruta.
El otoño canadiense se distingue por el cambio de color de las hojas antes de desprenderse del árbol. Cada año este fenómeno natural atrae a cientos de visitantes a los parques para admirar árboles rojos, cafés, verde limón, naranjas y amarillos.
Dixie Orchards, como muchas otras granjas de Ontario, la provincia más poblada de Canadá, recibe cientos de visitantes que acuden a seleccionar la calabaza más grande o la más pequeña o la más rara. Hay calabazas para todos los gustos.
Las calabazas no sólo decoran las casas durante octubre sino que se convertirán en divertidos fantasmas durante la noche de Halloween. Según la tradición, las casas que tienen calabazas perforadas y con una veladora dentro, ello simboliza que ahí pueden tocar los niños para pedir dulces con su “trick or treat”.
Además, las calabazas aportan a las mesas de otoño su rico relleno que se convierte en delicioso pastel o dulce que acompaña la cena de Acción de Gracias.
Entre los cultivadores de calabaza un gran estímulo son las competencias de la calabaza más grande. Este año, en la provincia de Manitoba el niño Milan Lukes, de 13 años, ganó el primer lugar con una calabaza de 612.7 kilogramos, por la que recibió mil 500 dólares.
También ganó el segundo lugar en la competencia Roland Pumpkin Fair con una calabaza de 583.2 kilogramos, por la que ganó mil dólares.
En la costa oeste del país, un granjero ganó el primer lugar con una calabaza de 281 kilogramos. El concurso, organizado por el Consejo de Composta de Canadá había otorgado el primer lugar el año pasado al productor de una calabaza de 181 kilogramos.
Para hacer equilibrada la competencia, los granjeros reciben dos semillas de una misma calabaza que deberán hacer crecer con el mayor cuidado, evitando fertilizantes artificiales y elementos inorgánicos.
Las granjas que venden calabazas ofrecen a los visitantes una serie de actividades para pasar el día con sus familias, como el “Laberinto de mazorcas”, alimentar a los animales de la granja y saborear pastel de calabaza o manzana con “Apple cider”, una especie de ponche.
Este fin de semana se realizó en Toronto el primer festival de la calabaza en el parque Downsview, uno de los más grandes de la ciudad, ubicado al noroeste. Hasta aquí se trajeron grandes calabazas que decoraron el pasto y fueron la parte central de este festival con comida, juegos y actividades recreativas.
El inevitable paisaje otoñal invita a los inmigrantes canadienses a adoptar y disfrutar de esta lúdica y colorida tradición, que es la principal característica del otoño en Canadá llamado en inglés “Autumn” o “Fall”.












